Pascua en el mundo: dos destinos donde la tradición se vuelve experiencia

Celebraciones que toman las calles, rituales con siglos de historia y ciudades que cambian su ritmo habitual marcan la Semana Santa en distintos puntos del planeta. Un recorrido por dos lugares donde la fe y la cultura local atraen a viajeros en busca de postales únicas.
domingo 05 de abril de 2026 | 6:00hs.

La Pascua, una de las celebraciones más significativas del calendario cristiano, trasciende lo religioso para convertirse en un fenómeno cultural y turístico que moviliza a millones de personas en todo el mundo. Cada año, durante la Semana Santa, ciudades y pueblos se transforman en escenarios vivos donde la fe, la historia y las tradiciones locales se expresan con una intensidad única. Procesiones multitudinarias, representaciones teatrales, rituales centenarios y celebraciones populares convierten estas fechas en una oportunidad ideal para descubrir destinos desde una perspectiva diferente.

Lejos de ser una conmemoración homogénea, la Pascua adopta múltiples formas según la región: desde ceremonias solemnes cargadas de recogimiento hasta festividades coloridas que combinan lo religioso con lo pagano. Este mosaico de expresiones no solo refleja la diversidad cultural del mundo, sino que también despierta el interés de viajeros que buscan experiencias auténticas, donde lo simbólico se entrelaza con lo pintoresco.

En este contexto, el turismo de Pascua ha ganado protagonismo, posicionando a ciertos destinos como verdaderos epicentros de celebración. Lugares donde la tradición no sólo se preserva, sino que se vive con intensidad, invitando a locales y visitantes a formar parte de una experiencia que va mucho más allá de lo espiritual: una inmersión en la identidad, la historia y el alma de cada comunidad.

Sevilla, España

En Sevilla, la Pascua se vive con una intensidad que transforma por completo el ritmo de la ciudad. Durante la Semana Santa, las calles dejan su dinámica habitual para dar lugar a una de las manifestaciones culturales y religiosas más convocantes de España, donde tradición, arte y participación popular construyen una escena difícil de replicar en otros destinos.

El eje de la celebración lo marcan las procesiones organizadas por las hermandades, asociaciones con siglos de historia que preparan durante todo el año su participación. Cada una recorre un itinerario específico llevando los “pasos”, estructuras de gran tamaño que representan escenas de la Pasión de Cristo y que destacan por su nivel de detalle y valor artístico. Estas imágenes avanzan lentamente, cargadas por los costaleros, mientras el público acompaña en silencio o con muestras de devoción.

El recorrido tiene puntos clave que concentran la atención de visitantes y locales. La Catedral de Sevilla se presenta como uno de los espacios centrales, ya que muchas procesiones pasan por allí en algún momento de su trayecto. También la Carrera Oficial de la Semana Santa de Sevilla, un circuito delimitado que atraviesa zonas emblemáticas del casco histórico, permite seguir de cerca el paso de las cofradías. Lugares como la Plaza de San Francisco o la Plaza del Triunfo se llenan de público que busca una ubicación estratégica para observar cada detalle.

Pascua en Sevilla, España
En Sevilla más de 60 cofradías recorren la ciudad.

Uno de los momentos más esperados ocurre durante la llamada “Madrugá”, en la noche del Jueves al Viernes Santo. En esas horas, algunas de las hermandades más tradicionales salen a la calle y generan una atmósfera particular, con miles de personas que permanecen despiertas para seguir los recorridos. El silencio, interrumpido apenas por saetas —cantos flamencos improvisados—, aporta una carga emocional que impacta incluso a quienes llegan sin motivación religiosa.

Para el turista, la experiencia implica integrarse a una ciudad que vive su tradición en cada rincón. No se trata solo de observar procesiones, sino de recorrer barrios como Triana o el centro histórico, donde balcones adornados, aromas de incienso y música procesional acompañan cada paso. La gastronomía también se suma, con platos típicos de la época que aparecen en bares y restaurantes.

Con una organización precisa y una participación masiva, Sevilla logra ofrecer una celebración donde cada elemento —el recorrido, las imágenes, la música y el público— construye un relato colectivo.

Corfú, Grecia

En Corfú, la Pascua adquiere un carácter particular dentro del calendario europeo. Lejos de una celebración silenciosa, la isla despliega una serie de rituales que mezclan tradición religiosa, herencia veneciana y participación colectiva, lo que la convierte en uno de los destinos más singulares para vivir estas fechas.

Durante la Semana Santa, el centro de la actividad se concentra en la ciudad antigua —declarada patrimonio por la Unesco—, donde calles, plazas y balcones se convierten en escenario de ceremonias abiertas al público. El recorrido comienza el Domingo de Ramos, con la procesión de San Espiridón, patrono de la isla, cuyos restos recorren la ciudad acompañados por bandas filarmónicas, un elemento distintivo de Corfú que aporta una identidad sonora propia a la celebración.

El Viernes Santo marca uno de los momentos más solemnes. A lo largo del día y la noche, distintas iglesias organizan procesiones del “Epitafio”, una representación del entierro de Cristo. Estas marchas atraviesan calles del casco histórico con fieles que avanzan con velas, mientras orquestas interpretan marchas fúnebres, generando una atmósfera cargada de recogimiento.

Pascua en Corfú, Grecia
En Corfú, las grandes vasijas con agua son arrojadas desde los balcones.

Sin embargo, lo que distingue a Corfú de otros destinos ocurre el Sábado Santo. A las 11 de la mañana, en la Plaza Spianada y en distintos puntos del centro, tiene lugar la tradición más conocida: el lanzamiento de “botides”. Se trata de grandes vasijas de cerámica llenas de agua que los habitantes arrojan desde balcones y ventanas. El impacto contra el suelo genera un estruendo que marca simbólicamente el inicio de la Resurrección. Esta costumbre, vinculada a antiguas prácticas venecianas, se interpreta como un gesto de renovación y buena fortuna.

Ese mismo día, otras escenas refuerzan el carácter festivo: bandas recorren las calles, los visitantes recogen fragmentos de cerámica como recuerdo y espacios tradicionales como el antiguo barrio comercial (Pinta) alojan rituales populares vinculados al agua y la suerte.

La celebración culmina durante la noche del sábado, cuando miles de personas se reúnen para la ceremonia de la Resurrección, también en la zona de Spianada. Las campanas anuncian el momento central y el cielo se ilumina con fuegos artificiales, mientras la música y los encuentros sociales se extienden hasta el domingo.

Para el turista, Corfú ofrece una experiencia inmersiva: no hay escenarios cerrados ni actividades aisladas, sino una ciudad que se transforma por completo. El visitante puede seguir las procesiones a pie, ubicarse en balcones o plazas estratégicas y participar de rituales que se desarrollan a cielo abierto. La cercanía entre tradición y espacio urbano permite recorrer cada instancia de la celebración en distancias cortas, con la posibilidad de integrarse a una dinámica que involucra tanto a residentes como a viajeros.

¿Que opinión tenés sobre esta nota?