El desempleo cayó 7,5 en el último trimestre del 2025
Trabajar para comer en el día, resultado de un ajuste que golpea a informales
El desempleo en la Argentina llegó al 7,5% en el último trimestre de 2025, según los últimos datos el Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (Indec). A partir de las cifras se proyecta que casi 1,7 millones de personas sufrieron la falta de trabajo durante ese período. En este marco, los números publicados revelan el mercado de trabajo en un grupo de 31 aglomerados urbanos. Para alcanzar ese cálculo, se tienen en cuenta la estimación de la población y el porcentaje de los desocupados dentro de la población económicamente activa.
En este sentido, cada vez son más familias que optan por el pluriempleo o que salen a vender como una alternativa para afrontar la crisis económica y la pérdida del poder adquisitivo. Por otra parte, una de las consecuencias de las políticas de ajuste, es el crecimiento del desempleo. La pérdida de un trabajo obliga a los trabajadores a vender ambulante, emprender o “buscar changas” para comer. Los casos se agravan cuando hay familias con niños por mantener y sostener.
Es así, que El Territorio salió a recorrer las calles de Posadas para dialogar con trabajadores informales. De este modo, se constató que el desempleo obliga a las familias a buscar diversas alternativas para tan solo “vivir el día a día”.
Trabajadores informales
Emilia Saida Apes, trabaja de manera informal, es cortadora de pasto desde hace tres años. En diálogo con este matutino, detalló que “un accidente la llevó a dejar de ser doméstica y las secuelas la obligaron a buscarse changas”. “Me dedico a cortar pasto, pinto y soy ayudante albañil. Limpiar no puedo, y estos trabajos son más prácticos”. Planteó que trabaja en la zona de las calles Ituzaingó, San Martín, Chacabuco y aledañas, “los vecinos me conocen y tengo mis clientes fijos”. “Me escriben al 3764825143”, sostuvo. Al ser consultada por la situación actual, mencionó que “está muy complicada, sobre todo sin un trabajo estable”. Añadió: “La calle está difícil”. “A veces tengo que recorrer para salir adelante. Llego a hacer como mucho cuatro o cinco cortes, saco por día. La realidad es que en un espacio promedio cobro entre $10.000 y $15.000, no es caro”. Por último, dijo que “la plata que hago es para comer en el día, si bien cobro un plan y un salario por mi nena, hay que salir a trabajar para poder comer porque eso ayuda, pero no es mucho”.
Por otro lado, Mabel Da Costa, vendedora de frutas y verduras, se encuentra en la esquina Las Heras e Ituzaingó, desde hace casi 7 años se dedica a la vender ambulante. “La venta bajó mucho a comparación del año pasado, un 40%. Tanto los cítricos como la sandía subieron un montón también”, indicó.
“Yo vendía anteriormente en mi casa, pero aproveché que con el asfalto hubo más movimiento y me moví a esta esquina. Siempre vendí, soy mamá soltera y tengo que mantener mi casa y mis hijos. Gano más vendiendo que trabajando de doméstica”, sostuvo Da Costa. Luego, contó que lo máximo que llega a vender en el día son 50.000 pesos, pero a veces hace menos. “No hay capacidad de ahorro, eso cambió en el último tiempo. Antes podía guardarme una platita por si acaso. Ahora no, lo que gano es para comprar devuelta la mercadería y para comer en el día”, planteó.
“Está crítica la situación que estamos atravesando. Es el día a día, bajó la venta y está más cara la mercadería. Entonces está difícil también sostenerse porque de la ganancia, se saca para el pasaje, para comprar devuelta la mercadería y para comer algo”, concluyó.
Jorge Silvero, vende calzados e indumentaria interior en la esquina de Aguado y Bustamante. Relató que ayuda a un familiar que actualmente tiene complicaciones de salud, y de paso hace algo de dinero ya que es pensionado. “Le estoy ayudando a un pariente, pero de paso hago algo de plata. Yo cobro una pensión, y además de ayudar a mi familiar contribuyo con mi bolsillo”, relató. El gazebo llama la atención en una esquina bastante concurrida por los vecinos. Silvero contó que llegan a hacer entre $50.000 y $60.000. Si bien están ubicados en el lugar recién hace dos semanas, sostuvo que el cliente pasa consulta y si tiene dinero compra. Entre las ofertas que atraen al consumidor, tiene tres boxer por $10.000, cinco vedetinas por $10.000, y zapatillas que rondan entre los $20.000 y $30.000.
Sobre la realidad actual del consumidor, indicó que “la mayoría compra porque son precios económicos los que tenemos, pero hay algunos que se nota que quieren comprar pero no tienen plata”.

Vivir el día a día
En un contexto donde los costos suben pese a que la inflación baja y donde los salarios están estancados, emprender es un acto de valentía. Lili Enríquez, jubilada, vende tortilla a lado del Hospital Ramón Madariaga en Posadas. Un lugar que está rodeado de vendedores ambulantes que ofrecen desde comidas, golosinas, regalería, artículos de limpieza, hasta ropa nueva y usada.
“Me llevó a vender la necesidad, pero también me gusta la cocina. En resumen, la necesidad de comer todos los días. Soy jubilada y cobro la mínima, son $350.000, y el alquiler sale más de $200.000, lo que sobra no alcanza para comer. Yo trabajé 35 años, me jubilé y tengo que seguir trabajando para vivir”.
En compañía con una colega -que prefirió no hablar- hacen juntas las tortillas -clásicas, con chicharrones y rellenas de jamón y queso- y se dividen las ganancias.
“Estamos desde las 4 de la mañana hasta que vendamos todo, porque no podemos llevar la masa. Cuando nos quedan algunas cocinas, las comemos nosotras y le acercamos a personas que están con mucha necesidad”.
La emprendedora reflexionó que el Hospital es un lugar “donde vienen personas con muchas necesidades, muchas veces con situaciones que no esperan y llegan sin nada. Llegan del interior con lo puesto, y no tienen para comer, entonces en estos caso, le damos nuestras tortillas o a las personas que están en situación de calle”. “Hoy la realidad es muy dura”, lamentó.
Las tortillas cuestan $2.000 y $3.000 las rellenas, “somos dos y nos dividimos, además hay que sacar para comprar la harina, la grase y otros insumos para poder venderla y hacerla correctamente”. “No es mucho, lo que hacemos es para la comida diaria. Entre emprendedores acá nos ayudamos, compartimos el almuerzo porque no podemos pagar un menú. Si nos unimos entre todas las vendedoras, los gastosos más amenos”.
Por su parte, Natalia Vaiver, también vende al costado del Hospital desde hace cinco años, tiene tres hijos y está a la espera del cuarto. Contó que su marido -albañil- está sin trabajo desde hace un año y actualmente entre los dos venden golosinas, ropa usada, y artículos para higiene personal. “Antes vendía ropa nueva y regalería, pero se dejó de vender. La gente no tiene dinero y a veces no se vende nada”.
Para vivir el día a día, Vaiver relató que piden préstamos. “Cuando tenemos ganancia, sacamos para comer sano y vamos reponiendo lo que vamos gastando y lo de las ventas. Muchas veces tengo que compartir mi comida con los chicos para que también coman sano”. “A veces compro tres bananas, huevos y verduras, para hacer una tarta saludable y compartimos”.
Por último, expresó: “Los días que no se venden son díficiles porque de las ventas sacamos para comer”.

