Virginia Urquizu: “hay más de 600 restos que aún no fueron identificados, que necesitan ser identificados”

La Coordinadora del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), explicó que siguen trabajando en la búsqueda de desaparecidos en la última dictadura y que aún hay alrededor de 600 cuerpos sin identificar.
martes 24 de marzo de 2026 | 10:57hs.

En el marco de un nuevo aniversario del golpe de Estado de 1976, el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) sigue siendo un puente entre la memoria, la verdad y la justicia para miles de familias que perdieron a sus seres queridos.

“A 50 años del golpe, seguimos comprometidos con cada uno de los familiares que se acercan al equipo a querer buscar respuestas y obviamente a partir de la posibilidad de poner en práctica la ciencia al servicio de la verdad y de la justicia”, manifestó Virginia Urquizu, coordinadora de la Unidad de Casos del Equipo Argentino de Antropología Forense.

En diálogo con Acá te lo Contamos por Radioactiva 100.7, Virginia indicó “nuestro trabajo, compromiso, faro en relación a lo que es el trabajo, creo que lo más importante, lo que nos mueve y nos convoca cada día a seguir trabajando es la posibilidad de poder aportar pruebas a la justicia y también poder dar respuesta, poder dar algún marco de verdad y, de a poco, permitir que esa historia que fue totalmente arrebatada, negada y ocultada en cada una de esas familias pueda comenzar a escribirse”.

El equipo de antropología se conformó en 1984, consolidándose poco después con la incorporación de un referente internacional en identificación de personas desaparecidas. La llegada de un antropólogo forense estadounidense marcó un antes y un después, no solo en Argentina, sino también en múltiples países donde la violencia y la desaparición forzada dejaron cicatrices profundas. A partir de técnicas pioneras, el equipo fue convocado en conflictos en Centroamérica, matanzas étnicas y otros contextos de violencia, proyectando la experiencia argentina en el plano global.

“El primer hito fue la conformación del equipo como equipo científico en 1984, cuando la sociedad empezó a reclamar saber qué había pasado con las personas desaparecidas. Eso fue el comienzo de un camino enorme que el equipo ha recorrido”, explicó la coordinadora.

Entre los trabajos más importantes, el EAAF fue parte de la búsqueda y la identificación de los restos de Ernesto Che Guevara en el Valle Grande de Bolivia, en 1997, un trabajo que no solo resolvió un caso emblemático, sino que también visibilizó al equipo en espacios donde antes era poco conocido. En el plano local, otro hito significativo fue, a partir de 2012, la identificación de la mayoría de los combatientes caídos en la guerra de Malvinas que yacían sin nombre en el cementerio argentino de Darwin. De 122 sepulturas marcadas como “Soldado argentino solo conocido por Dios”, solo cinco continúan sin identificación.

En Argentina, el trabajo del EAAF se ha desarrollado durante décadas en contextos complejos: cementerios municipales, fosas comunes y enterramientos clandestinos. Entre 1973 y 1983, el equipo recuperó alrededor de 1600 restos de personas desaparecidas por el accionar del Estado. Entre esos casos, el EAAF logró identificar aproximadamente 800 personas, mientras que el resto sigue pendiente.

“Estamos hablando de casos de desapariciones forzadas entre el 73 y el 83. Dos años antes del golpe también hubo desapariciones forzadas. Tenemos el caso concreto del Pozo de Vargas en Tucumán, el cementerio de Avellaneda con más de 230 personas inhumadas en una sola fosa común, y el caso de La Perla, en Córdoba”, señaló Urquizu.

En La Perla, centro clandestino de detención donde pasaron entre 2.000 y 3.000 personas, la deuda con las familias cordobesas fue larga: el EAAF buscó restos durante 20 años hasta que, el año pasado, lograron hallazgos clave. El equipo insiste en que muchas identificaciones están pendientes, no solo por la complejidad técnica, sino porque “nos está faltando el material genético de la familia. La identificación, en este campo, es un acto de comparación entre un resto desconocido y un pariente buscando, y sin la colaboración de las familias, el proceso se detiene”, explicó.

La identificación como acto de cierre y de duelo

Para quienes viven desde hace décadas con la ausencia de un ser querido, la comunicación de una identificación es un momento profundamente humano. Urquizu describió ese instante como algo “único”, porque cada familia procesa la noticia de una manera distinta.

“La desaparición es un eufemismo tremendo, porque la gente no desaparea sola: la hacen desaparecer, la ocultan. Tenemos que romper con esa idea de que la persona ‘desapareció’, porque en realidad se la ocultó”, sostuvo.

En el caso de Malvinas, el cambio fue evidente: familias que durante años viajaban a las islas y elegían una tumba al azar para decir “mi hijo está aquí”, hoy pueden honrar un nombre concreto y un lugar determinado. Ese gesto transforma la dinámica familiar y permite transitar un duelo que durante décadas estuvo interrumpido.

“Entendemos estas identificaciones como procesos que permiten que la familia pueda comenzar a transitar el duelo. Es el cierre del momento de incertidumbre, pero el inicio de un proceso nuevo, vital: la posibilidad de despedirse de un ser querido”, aseguró.

“Sabemos que hay muchos familiares a lo largo y a lo ancho del país que todavía no han comenzado con esta búsqueda, que no se han acercado al equipo. Decirles que hay más de 600 restos que todavía no fueron identificados, que necesitan ser identificados, y en ese sentido necesitamos también del acompañamiento de las familias. Cualquier comunicación por parte de ellos es muy valiosa”, concluyó.

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