Ciudad SECRETA
El camposanto olvidado
En el corazón de Posadas, donde la ciudad parece no dejar espacios sin nombrar, sobrevive un rincón que muchos desconocen. Un cementerio perdido, u olvidado, en medio del crecimiento urbano, oculto detrás de un barrio común, como si hubiera quedado fuera del mapa. Se trata del cementerio ucraniano de San Isidro, un sitio que guarda historias silenciosas y profundas.
El lugar nació con los inmigrantes que llegaron a Misiones hace casi un siglo, buscando empezar de nuevo. Incluso después de la muerte. Durante años, este espacio no figuró en registros oficiales. Quedó rodeado por casas, por calles nuevas, y lentamente se volvió invisible. Pero aquí hay historia. Mucha historia.
Una paz particular invade el ambiente. El trinar de las aves rompe, de a momentos, el silencio espeso de la zona. Allá, donde la ex ruta 213 casi se apaga antes de la curva que conduce al by pass, emerge la capilla ucraniana de la Inmaculada Concepción. Detrás, casi escondido, aparece el cementerio. Antiguo, discreto, conocido sobre todo por los vecinos.
Las viejas tumbas dan cuenta del paso del tiempo. Son más de ochenta, muchas de ellas fechadas en las décadas del 50 y 60. Allí descansan miembros de la colectividad ucraniana y también familias cercanas, pioneros que trabajaron la tierra y forjaron comunidad en la zona. Es un espacio íntimo, de recogimiento, última morada de sueños y expectativas, pero también testimonio del arraigo y del amor familiar.
No siempre fue así de inaccesible. Hubo épocas en que el ingreso era más directo y, entre las tumbas, podían verse rastros de rituales ajenos. Hoy, portones y candados resguardan el lugar, en un intento por preservar el descanso de quienes yacen allí y evitar profanaciones.
En el centro, un Cristo de brazos abiertos parece custodiar el silencio. A su alrededor se erige la cruz mayor y la tumba principal: la del sacerdote Emilio Ryndycz, figura clave de la comunidad. Las demás sepulturas, se distribuyen a su alrededor, algunas cuidadas con esmero, otras vencidas por el tiempo, la vegetación o incluso por un tronco caído tras alguna tormenta.
Entre quienes descansan allí también se encuentra el piloto Jorge Antonio Pirovani, fallecido en 1973 en un confuso episodio aéreo en el que murieron gobernadores de la provincia y sus acompañantes. Su historia, como tantas otras, forma parte del entramado silencioso de este lugar.
Hoy, lo que alguna vez fue un paraje es un barrio densamente poblado. Sin embargo, la capilla sigue siendo punto de encuentro para la fe de los vecinos. Y detrás, casi sin anunciarse, el cementerio continúa guardando la memoria de los antiguos moradores.
No es un sitio turístico. No aparece en guías. Pero en su sencillez, conserva una identidad profunda. Porque no es sólo un camposanto: es memoria viva de una colectividad. Y, quizás, uno de los secretos mejor guardados de Posadas.



