Actualmente tienen a su cuidado 18 animales judicializados

“El caballo no es inagotable, no es invencible; se cansa y sufre”

Con recursos limitados, la Fundación Libre Relincho rescata, rehabilita y busca nuevos hogares para los equinos víctimas de maltrato en Posadas y alrededores
sábado 07 de marzo de 2026 | 6:08hs.

En Posadas, un grupo de voluntarios sostiene desde hace seis años un espacio dedicado a rescatar y rehabilitar caballos que fueron víctimas de abandono, explotación o violencia. Se trata de la Fundación Libre Relincho, una organización que nació a partir de la preocupación al advertir que en la ciudad no existía un lugar destinado a asistir a estos animales.

María Marta Cáceres, secretaria de la fundación, que atendió El Territorio en su predio, junto al presidente Roberto Michel recordó el caso que marcó el inicio de todo:  una yegua rescatada de una olería, que llegó con graves secuelas de violencia. A partir de ese rescate, el grupo decidió formalizar su trabajo y constituirse como fundación para poder actuar de manera más organizada.

Roberto y María junto a Cielo, que actualmente necesita de mayores cuidados y atenciones.  Fotos: julián grondona

El funcionamiento de Libre Relincho se sostiene gracias al trabajo voluntario y a la ayuda de la comunidad. “Todo lo que tenemos acá es a pulmón, reciclado”, explicó Cáceres. Muchas personas colaboran con materiales de construcción y hay ciertos negocios que les extienden los plazos de pago de alimento y medicación. Aun así, las necesidades son constantes, incluso tareas pueden resultar difíciles por falta de herramientas. “Hay árboles que se pueden utilizar y no tenemos cómo cortar”, contó Michel.

El trabajo cotidiano lo sostienen cinco personas que se turnan de lunes a viernes. La llegada de más voluntarios suele ser esporádica, ya que el cuidado de caballos implica riesgos y un fuerte compromiso físico, así como conocimiento de cómo manejar a un animal de estas características.

“Nosotros pasamos todos los días de 40º acá y hay quien no quiere estar acá transpirando y comiendo tierra. Siempre decimos: trabajamos como si estuviéramos en la guerra. Estamos en la guerra, pero no es la de ahora, es la del 1800”, describió Cáceres sobre su trabajo diario y lo que significa intentar restaurar la calidad de vida de los caballos y cambiar la mentalidad para que ya no haya maltrato.

Ver al caballo de otra manera

Más allá del rescate, uno de los objetivos centrales de la fundación es promover un cambio cultural en la forma en que la sociedad percibe a estos animales. “Tratamos de contagiar a la gente el hecho de ver al caballo no como una herramienta de trabajo, sino más bien como un compañero”, señaló.

En ese sentido, remarcó que los caballos también sienten y sufren. “El caballo no es inagotable, no es invencible, se cansa, sufre, incluso hasta se deprime, tienen muchos sentimientos”, remarcó.

Tanto Michel como Cáceres coinciden en que la naturalización del maltrato está vinculada a la idea de que el caballo es un recurso descartable. “Cuando el animal se ve como algo descartable, creo que perdemos un poquito de humanidad”, reflexionaron.

Historias de rescate

Desde la creación de Libre Relincho, unos 30 caballos pasaron por el predio. Muchos lograron recuperarse y algunos encontraron nuevos hogares, aunque otros llegaron en condiciones tan críticas que no pudieron sobrevivir.

Algunos de los casos más frecuentes son animales con fracturas o heridas graves, muchas veces producto de accidentes o atropellamientos en rutas. Uno de los pocos caballos que logró recuperarse de una fractura fue Antara, que logró salir adelante pese a la gravedad de su lesión y hoy pasta en libertad por el lugar.

Antara es un macho que llegó desde Puerto Iguazú con una pata fracturada.

En otras ocasiones, el desenlace fue más doloroso. Recordaron el caso de un caballo que no pudo volver a levantarse luego de una grave lesión en la cadera. “Un caballo que no se para, no tiene vida. Tuvimos que tomar la triste decisión de ponerlo a dormir”, contaron.

Actualmente, el espacio alberga 18 caballos rescatados, cada uno con una historia distinta y con secuelas físicas que requieren cuidados permanentes. Algunos, como Miel, están casi ciegos; otros, como Salvador, tienen problemas en la cadera. Cielo, en tanto, la última incorporación requiere de cuidados constantes por la gran herida que tiene en un lado de su cara; como se arranca los vendajes, son al menos tres veces al día que hay que volver a curarla y vendarla.

“Con el caso de Cielo fueron muchos los veterinarios que ofrecieron su conocimiento, su ayuda para tratar de ayudarnos con respecto a cómo curar su herida. Hubo muchos veterinarios súper solidarios y estamos muy agradecidos por eso”, reconoció la secretaria. No obstante, la fundación tiene un veterinario de cabecera.

El rescate es apenas el primer paso de un proceso que suele ser largo y demandante, porque el rescate no termina cuando llega a Libre Relincho, ese día empieza lo más arduo que es la recuperación. Una vez en el predio, los animales deben atravesar tratamientos veterinarios, vacunación, desparasitación y un proceso de recuperación física y emocional.

Denuncias y causas judiciales

Todos los caballos que llegan a Libre Relincho lo hacen tras intervenciones judiciales. Los casos se originan en denuncias de vecinos, presentaciones realizadas por la propia fundación o actuaciones de oficio de la Policía. Sin embargo, el miedo a represalias muchas veces dificulta que los vecinos denuncien por lo que insisten en que las personas pierdan ese temor.

“Una vez terminamos con una de las chicas en el hospital porque le habían pegado con una piedra en la cabeza”, recordó. Por esa razón, siempre interviene primero la Policía. Una vez que el animal es secuestrado, el juez determina su traslado al predio de la fundación. En ese proceso también participa la Policía Montada, encargada del traslado de los caballos.

El desafío de cambiar la cultura

Para Roberto y María, el problema del maltrato animal está profundamente ligado a una cuestión cultural que requiere tiempo y educación.

“Estos últimos tiempos desbarrancamos como sociedad. Nos fuimos, hablando mal y pronto, al carajo. En los casos de crueldad, en las cosas que estamos presenciando. Ya se perdieron todos los respetos y valores con respecto al trato de un animal o a vengarse con un animal porque hay un problema entre vecinos”, expresó.

Al mismo tiempo remarcó que es necesario que las ordenanzas vigentes en la ciudad se cumplan.

“El proteccionismo no busca ser perpetuo, no queremos estar acá siempre, no queremos estar siempre pensando en que hay alguien que está maltratando y alguien que no hace nada siendo testigo. Lo ideal, el mundo ideal sería que los proteccionistas no existan”, cerró Cáceres.

Para ayudar

Lo que se necesita. Con más urgencia lo que necesita la fundación es un medicamento llamado Gentapen 50 de uso veterinario para tratar a Cielo, la yegua que tiene una gran herida en parte de su cara. Además gasas, cintas, apósitos y demás elementos de curación. Comunicarse al Instagram de Libre Relincho.

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