Algunos UPD se extienden hasta antes del ingreso al aula
Festejos juveniles, excesos y exhortación al cuidado en el último primer día
El inicio del ciclo lectivo vuelve a poner en agenda una escena que se repite cada año: el llamado Último Primer Día (UPD), el ritual con el que estudiantes de quinto año del secundario —y sexto en las escuelas técnicas— celebran el comienzo de su último tramo escolar. Si bien se trata de una instancia cargada de significado para los adolescentes, la preocupación por el consumo excesivo de alcohol y otras conductas de riesgo instala el debate sobre el rol de las familias, las instituciones educativas y el Estado en la construcción de celebraciones responsables. En distintos puntos de la provincia, la organización de estos encuentros comienza días antes, principalmente a través de redes sociales y grupos de mensajería, donde se coordinan horarios, lugares y modalidades del festejo.
Para la psicóloga y especialista en acompañamiento familiar Noelia Verdún, el UPD “es un evento donde los adolescentes se reúnen para festejar ese último inicio de clases”. Lejos de demonizar la práctica, la profesional remarcó que la idea en sí misma no es negativa, ya que representa un momento significativo dentro de la construcción de identidad y el cierre de una etapa escolar. También señaló que estos rituales cumplen una función simbólica dentro del grupo de pares, al reforzar el sentido de pertenencia y la vivencia compartida de un año considerado especial.
“El problema es cuando se pierde el foco y aparecen los excesos”, advirtió. En ese sentido, señaló como principales factores de preocupación el consumo de alcohol, las burlas hacia compañeros y situaciones de vandalismo que pueden afectar a terceros y generar conflictos con las escuelas y las familias. Además, indicó que muchas veces las consecuencias no se limitan a la noche del festejo, sino que pueden extenderse al ingreso a clases, afectando la jornada escolar.
Reglas claras y presencia real
Verdún fue enfática respecto a la responsabilidad de los mayores. “El responsable es el adulto: mamá, papá. Se puede festejar, sí, pero con reglas claras”, afirmó. Entre las pautas que propone se encuentran definir horarios de inicio y finalización, conocer el lugar del encuentro, saber quiénes estarán a cargo y establecer previamente que no haya alcohol ni conductas que afecten a otros. También sugirió acordar medios de traslado y supervisar los regresos a los hogares.
Para la especialista, acompañar no implica delegar la organización en los adolescentes. “Involucrarnos es intervenir. No es dejar que tomen ‘un poco’. Si la regla es sin alcohol, esa regla se cumple”, sostuvo, y subrayó que es posible celebrar sin consumo de bebidas alcohólicas. En esa línea, planteó que los adultos pueden colaborar en la planificación de alternativas recreativas que no impliquen riesgos y que permitan sostener el carácter festivo del encuentro.
En cuanto al rol de las escuelas, aclaró que el UPD es un evento extracurricular, por lo que las instituciones no son organizadoras. Sin embargo, pueden acompañar desde su lugar. “La institución puede supervisar que un alumno no ingrese en estado de ebriedad. Las normas son claras y deben respetarse”, explicó. Algunas comunidades educativas, agregó, incorporan la temática dentro de los acuerdos institucionales de convivencia y la trabajan previamente en espacios de tutoría o reuniones con familias.
Como propuesta, planteó fortalecer el diálogo previo entre familias, estudiantes y escuelas, incluso a través de charlas informativas y acuerdos de convivencia que permitan anticipar situaciones de riesgo.
Prevención y marco legal
Desde la Secretaría de Estado de Prevención de Adicciones y Control de Drogas convocaron a la comunidad a reforzar el compromiso para que las actividades de los jóvenes “se desarrollen en un marco de cuidado”. El organismo advirtió que este ritual “representa una preocupación para los adultos ya que se encuentra atravesado centralmente por un consumo excesivo de alcohol”.
En el comunicado oficial se recordó que todo consumo de alcohol en menores de 18 años está prohibido por ley y se considera un consumo de riesgo, ya que “el cuerpo está en crecimiento y es más vulnerable a los efectos: perturba la atención y concentración, baja la capacidad física y aumenta el riesgo de lesiones”. Asimismo, se indicó que la circulación de distintos tipos de consumos amplía la complejidad de la situación y requiere abordajes preventivos sostenidos.
La Secretaría señaló que la prevención se trabaja durante todo el año en escuelas y ámbitos comunitarios, a través de la Subsecretaría de Prevención de Adicciones y Monitoreo Territorial. Según datos de la Dirección General del Observatorio Provincial de Drogas, en 2023 se visitaron 110 establecimientos educativos; en 2024 fueron 145; y en 2025 los talleres preventivos se concretaron en 202 escuelas, en el marco de acciones articuladas con instituciones públicas y privadas.
Además, se presentó un informe específico del Observatorio Provincial de Drogas que analiza el fenómeno del UPD con base en evidencia, aportando información para la toma de decisiones y el diseño de estrategias preventivas junto al sistema educativo, sanitario y comunitario. El documento incorpora relevamientos territoriales y recomendaciones orientadas a la planificación anticipada de este tipo de eventos.