Guaraní y un momento para replantear el rumbo
El pitazo final en Barranqueras marcó el final de la ilusión de Guaraní Antonio Franco. Volver al torneo Federal A parece, año a año, solamente eso, un ilusión, un sueño, algo lejano.
La Franja intentó, desde que descendió en 2018, volver y nunca pudo. Intentó de muchas maneras, con diferentes actores, con mejor o peor suerte. Intentó y se quedó en eso.
Pero qué quedó de todas esas incursiones en el siempre complejo y excesivamente complicado torneo Regional.
El fútbol argentino planea una nueva reestructuración, pero será para más adelante. Cuando en octubre o noviembre la Franja empiece a recorrer una vez más el sinuoso camino del Regional, serán ya 8 los años en el escalafón más bajo del fútbol argentino. Mucho tiempo para un equipo de los más importantes de Misiones.
Y ahí está la incógnita, si realmente el presente está a la altura de la historia. No se vive de la historia, de la escribe año a año, mes a mes, día a día. Las hazañas son parte del pasado. Sirven para recordar esos tiempos, pero no para vivir en el presente.
Hace muchos años que Guaraní vive de las hazañas de los 70 y de los 80. De algunas más cercanas en el tiempo con los ascensos del 2012 y 2014. Pero, en general, vive más del antes que del ahora.
Si todo salía bien en Chaco, si la Franja ganaba por dos goles y se metía en la finalisima por el ascenso. Si derrotaba a un rival más y volvía con el ascenso bajo el brazo ¿todo cambiaba?
¿De repente, todo lo que no se había podido lograr se borraba y empezaba una etapa de puras glorias?
La idea aquí no es apuntar contra alguien, contra quienes han tomado decisiones durante los últimos años. No es el objetivo encontrar culpables e inocentes, sino tratar de pensar que para escalar a cierto nivel también hace falta una estructura que acompañe un ascenso de categoría.
Si Guaraní volvía al Federal A iba a tener poco más de un mes para armar un nuevo plantel. Digo armar porque para quién escribe aquí reside el mayor problema. Las inferiores necesitan años de inversión para dar sus frutos, son procesos largos y hay que bancarlos.
Cada vez que arranque un certamen hay una gran cantidad de caras nuevas, cuando en realidad debería ser al revés. Una base de la casa, sólida, con mucho rodaje y 6 ó 7 refuerzos de jerarquía.
La base de la casa no solamente permite abaratar costos si se lo mira desde lo económico. También es la chance de vender algún jugador, de mostrarlo para un futuro pase. En un futbol argentino con tantos equipos en la Primera Nacional y el Federal A, hacer un buen Regional te abre muchas puertas.
Si Guaraní ascendía iba a desnudar otra falencia que lo aqueja hace años. No tiene un predio para darle rienda suelta a invertir en inferiores y en el equipo de Primera División. Se corre con desventaja ante otras instituciones que hace muchos años decidieron reforzar la base de la pirámide. Más chicos, más competencia, mejores jugadores que llegan a la cima de la pirámide.
Quizás sea un gran momento para ser sinceros. Para armar un plan quinquenal (no es solamente patrimonio del peronismo la idea y si no hay que ver cómo China está donde está).
Las cuentas hay que sanearlas y el socio que aporta mes a mes también debe tener a cambio un club que le brinde más que solamente ir a la cancha los domingos.
Quizás sea el momento perfecto para enfocar esos grandes esfuerzos, porque jugar un torneo Regional requiere de inmensos esfuerzos, en otros puntos. Aguantar un poco y tener esa base sólida, ese equipo que represente al hincha. Con jugadores salidos de las inferiores, que tengan un sentido de pertenencia enorme por el club. Que tengan identidad.
Quizás sea un momento para comprender que, a veces, no todo es solamente volver. Está claro que se buscó de muchas maneras todavía no se dio en la tecla. Hay que armar un proyecto a largo plazo, si no todo podría ser efímero como la vuelta a la B Nacional en 2014, que duró un año y medio nada más.
Guaraní sufre hace años porque está, según las palabras de muchos de sus hinchas, en un lugar que no merece. Entonces, vale replantearse, qué se debe hacer más allá de lo deportivo para no estar en ese lugar.
También hay que pensar qué rol debe ocupar el Estado en el apoyo de los
Clubes, qué autocrítica le cabe a los hinchas, porque Guaraní tiene muchos hinchas, pero no muchos socios. Es fácil enojarse con las decisiones de una dirigencia los domingos por la tarde, pero no apoyar al club con un ingreso mensual.
Le cabe también al fútbol misionero y al posadeño en su conjunto un análisis de por qué solamente hay un representante en el Federal A. Mitre ascendió, pero Crucero descendió y más allá de las chicanas de los hinchas, Misiones tendrá solamente un equipo en la tercera categoría. Todo cuesta arriba.
Quizás sea un momento bisagra. Un momento de dolor para algunos, pero con la posibilidad de permitirse mirar más allá y pensar en algo que tenga continuidad en el tiempo y no que dure lo que dura un Regional.
De ilusiones también viven las personas, si. Pero para que no solamente sean ilusiones hay que transformar esos sueños en objetivos y en metas a cumplir, para que en algunos años Guaraní y el fútbol misionero vuelvan al lugar que se merecen.