Cambios en el trabajo rural, clima y el cuidado de plantas

sábado 07 de febrero de 2026 | 6:04hs.

La vendimia es un motor económico fundamental, especialmente en Mendoza, donde no solo genera miles de puestos de trabajo sino que forma parte de la identidad cultural de la provincia. Sin embargo, el sector atraviesa un momento complejo. “Hoy nos preocupa mucho la caída del consumo interno y la baja de las exportaciones”, advierte Daniel Romero, secretario de prensa de la Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines (Foeva). “Son dos factores que impactan directamente en la rentabilidad de toda la cadena”.

El secretario de Foeva resaltó, además, tres principales puntos de impacto económico en relación a la vendimia:

Empleo, tecnificación y el desafío del trabajo rural: La cosecha moviliza miles de puestos de trabajo en fincas y bodegas y representa, para muchas familias rurales, un ingreso estacional que permite equilibrar la economía del año. Pero ese rol histórico está cambiando. “La actividad se está tecnificando cada vez más y eso reduce la demanda de mano de obra”, explica el referente de Foeva. “A eso se suman los altos costos impositivos, que llevan a que algunas empresas incorporen tecnología importada o soluciones de países vecinos, como Chile”. Para 2026, no se prevé un aumento en la demanda laboral, sino un escenario de continuidad en este proceso de transformación productiva.

Negociación salarial y condiciones laborales: Para los trabajadores vitivinícolas, la vendimia es la etapa más intensa del año y también un momento clave de negociación. “El salario se define en paritarias a nivel nacional, pero la diferencia muchas veces se negocia directamente al pie del viñedo”, explica Romero. En ese contexto, los sindicatos de base cumplen un rol activo en el control de las condiciones laborales durante toda la campaña.

Cambio climático y una planta cada vez más vulnerable: Aunque la vid es una planta históricamente resistente, el cambio climático está alterando su ciclo natural. “Es una planta noble, que se adapta, pero hoy está en una situación de vulnerabilidad permanente frente a plagas y enfermedades”, sostiene Romero. Esta realidad obliga a repensar tanto las prácticas productivas como las condiciones de trabajo en el campo. 

Menos de 16 litros por persona por año

De acuerdo al informe mensual del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), los litros consumidos por cápita en Argentina alcanzaron un total de 15,77, con un promedio mensual de 1,31.  Así, pese al crecimiento interanual que registró diciembre de 9,6%, el repunte final no fue suficiente para revertir la tendencia del año y el que pasó se transformó el peor del que se tiene registro, con una baja de 3,2% respecto a los 16,3 litros de 2024. Vale decir además que la cifra per cápita estuvo en línea con el consumo en general en el país, no solo para el segmento de los vinos. La vitivinicultura cerró -2,7% respecto a 2024. En el acumulado enero-diciembre de 2025, el mercado interno totalizó 7.459.900 hectolitros, lo que implicó una caída del 2,7% respecto al año anterior.

En ese período, los vinos sin mención varietal retrocedieron 5,2%, los espumosos cayeron 5,1%, mientras que los vinos varietales fueron la excepción, con un crecimiento del 3,4%.lor, los vinos blancos bajaron 8,8% y los vinos color apenas descendieron 0,4% en el año. Desde la industria del vino se recordó en tanto que el consumo interno representa cerca del 75% del destino para las bodegas en el país.  

 

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