Defendió las importaciones para ahorrar
“Nunca compré ropa en la Argentina porque es un robo”
La industria textil atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente. Con niveles récord de capacidad ociosa, fuerte caída del empleo formal y un avance sostenido de las importaciones que reemplazan producción local, el sector se consolida como un caso emblemático de deterioro estructural, según datos de la Fundación Pro Tejer. En ese contexto, los reclamos empresariales por una baja de impuestos para mejorar la competitividad chocaron esta semana con una respuesta directa del ministro de Economía, Luis Caputo, que reavivó el debate.
En diálogo con Radio Mitre, Caputo fue tajante al referirse al esquema de protección histórica del sector y reconoció que nunca compró ropa en la Argentina por sus elevados precios.
“El sector textil es un caso emblemático de una actividad que fue protegida durante muchísimos años. Siempre se argumenta que hay 50.000 familias que viven de esto, pero al mismo tiempo hay 47 millones de argentinos que terminaron pagando la ropa y el calzado hasta diez veces más caros que en el resto del mundo para sostener ese esquema. Eso perjudica especialmente a los que menos tienen”, sostuvo.
El ministro fue más allá y apuntó a la distribución de los beneficios del modelo: “Las 50.000 personas que trabajan en el sector no son millonarias. Quienes realmente se beneficiaron fueron los dueños, a quienes conozco desde hace muchos años, y a los que les fue muy bien gracias a que los argentinos subsidiamos ropa hasta diez veces más cara. Lo que no se paga de más en indumentaria queda disponible para gastar en otras cosas, y esos recursos se terminan destinando a otras industrias. No todos van a reaccionar igual: habrá que competir por diseño”, afirmó.
Muchos costos productivos
Por su lado las empresas textiles reportan que lejos de poder competir, están atadas de pies y manos por los costos productivos y laborales argentinos (impuestos de todo tipo), En las últimas semanas la tradicional empresa Emilio Alal anunció el cierre de sus plantas en Corrientes y Chaco, afectando a 260 trabajadores. La firma, con más de un siglo de trayectoria en la industria textil argentina, atribuyó la medida a la caída del consumo y al aumento de importaciones que presionan al sector local.
Según explicaron desde la compañía, “los costos operativos, laborales y fiscales hacen inviable mantener la producción”, mientras que la apertura de importaciones y la baja demanda local contribuyen a la difícil situación. Emilio Alal destacó que la decisión se tomó luego de analizar todas las alternativas posibles, pero no quedó otra opción que cesar las operaciones.
El caso de Emilio Alal se enmarca en un panorama más amplio para la industria textil. Además, la utilización de la capacidad instalada se redujo a apenas 32,5%, reflejando la falta de competitividad de muchas empresas locales.
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