Experiencia de una joven adicta al casino virtual

“El año pasado me di cuenta de que no podía parar de jugar”

Tiene 30 años y es estudiante universitaria. De la apuesta ocasional a perder dinero, tiempo y estabilidad emocional.
domingo 25 de enero de 2026 | 7:00hs.

Después de la publicación de El Territorio titulada En primera persona... adicción a las drogas, una joven de 30 años decidió contar su historia y poner en palabras una problemática que, muchas veces, permanece oculta. Para resguardar su identidad, su nombre no será revelado. Es adicta al casino online y convive desde hace dos años con una conducta que la fue atrapando de manera progresiva.

Todo comenzó de forma casi casual, cuando escuchó a un amigo de su padre hablar sobre el casino virtual. Movida por curiosidad, se contactó a través de Facebook con los llamados “cajeros”, intermediarios a quienes se les entrega dinero y, a cambio, facilitan un usuario y una contraseña para ingresar a las plataformas de juego.

Al principio, las apuestas eran mínimas. “Arranqué jugando 1.000 pesos”, recordó. Sin embargo, con la carrera del tiempo, las cifras aumentaron y el juego dejó de ser esporádico. Llegó a gastar más de 100 mil pesos, casi la mitad de una pensión mínima que percibe, en apuestas que rara vez le devolvían lo perdido.

“El año pasado me di cuenta de que no podía parar de jugar, me robaba mucho tiempo de mi vida”, relató. En su testimonio, explicó que el casino online se convirtió en una vía de escape frente a situaciones emocionales complejas. "Jugaba cuando tenía crisis, cuando estaba triste. Empecé a jugar y ya no pude parar", confesó. La joven atravesó experiencias traumáticas que aún hoy dejan secuelas, y el juego apareció como una respuesta inmediata al dolor.

Buscó ayuda profesional y formó a distintos psicólogos, pero por diversos motivos no logró sostener los tratamientos. Actualmente vive con su padre y sus dos hermanas menores, y cursa la carrera de Ingeniería en Alimentos. La adicción impactó de lleno en su vida cotidiana. “Todo esto me hace sentir muy triste, no me puedo enfocar en la facultad, me descuidé a mí misma”, expresó.

En algunas oportunidades ganaron pequeñas sumas de dinero, lo que reforzó la conducta y la impulsó a seguir apostando. Sin embargo, uno de los momentos más críticos llegó cuando comenzó a pedir dinero en redes sociales, argumentando que lo necesitaba para pagar pasajes de colectivo. “En realidad era para seguir jugando”, admitió.

Su historia refleja una realidad que se repite con creciente frecuencia y que atrapa a chicos a edades cada vez más tempranas. Es que la facilidad de acceso al juego online, la falta de controles efectivos y el impacto silencioso que generan estas plataformas, es un problema que avanza en la virtualidad, pero deja profundas marcas en la vida real.

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