“Cada uno tiene su don y lo estoy aprovechando”, afirmó

Atilano Ledesma: “Tengo mucho más para dar en el atletismo”

El velocista radicado en Posadas tiene 72 años y suma dos récords sudamericanos en la categoría Máster. Lejos de conformarse, Ati utiliza los logros como combustible
miércoles 31 de diciembre de 2025 | 5:30hs.

Atilano Ledesma (72) puede dejar por sentado que la vida le dio grandes revanchas. Dueño de dos récords sudamericanos en el mundo del atletismo máster, este posadeño por adopción definitivamente encontró premio a la constancia, a la esencia de no perder la memoria corporal de lo aprendido, y sobre todo a animarse a los nuevos desafíos.

Ati nació en Paso de los Libres, pero se radicó en Posadas desde temprana edad. Siendo alumno del colegio Nacional conoció el atletismo en la laguna San José, gracias al profe Julio Foley y al carismático José Sorsana. Sus marcas oficiales no tardaron en aparecer rompiendo registros en la prueba de los 100 metros durante tres años, pero el Servicio Militar obligatorio y el estancamiento de la disciplina lo obligó a girar el rumbo.

Su vida transcurrió como la de cualquier mortal hasta que un acontecimiento lo marcó a fuego: jugando al fútbol en la cancha del viejo aeropuerto fue testigo directo de un entrenamiento de personas adultas en la vieja pista de atletismo. No dudó en preguntar e ir a recorrer aquella obra a pulmón. Volvieron los recuerdos, volvió la esencia.

Ati exhibe sus medallas en el living de su casa con mucho orgullo. 
Foto: Marcelo Rodríguez

 

Tenía 69 años cuando Atilano decidió competir como en los viejos tiempos, esta vez junto al grupo Maratonistas Incansables. Todo dentro de la categoría Máster, avalado por la Confederación Argentina (Cada). Era hora de desempolvar los conocimientos.  

Tiene la palabra una persona con don especial, como le gusta decir. Tiene la palabra el velocista del barrio Palomar.

¿Cómo llegaste a Posadas?

Mi padre -Juan José- jugaba al fútbol, de arquero, hasta que un dirigente de Jorge Gibson Brown lo invitó a formar parte del equipo de primera, además había una vacante laboral en el Instituto Provincial del Seguro y casi que no se dudó. Es así que nos trasladamos a Posadas en 1959.

Tenía 6 años e inicié mis estudios a los 7. La secundaria, en tanto, fue en el colegio Nacional y es allí donde conocí al atletismo.

¿Qué me podés decir de ese primer contacto con este particular deporte?

Fue una temporada muy especial y linda porque aparecieron los intercolegiales en el país. Empiezo a hacer atletismo con el profesor de educación física Foley que nos tomó una prueba de 100 metros en una pista muy bien cuidada, de césped, en la laguna San José.

Esa mañana fui el más rápido de todo el curso. Fue que a partir de ahí el profe intensificó los trabajos conmigo para prepararme físicamente. Es acá donde aparece otro personaje clave como José Sorsana (NdeR: reconocido exatleta y formador de deportistas), un atleta que vivía en la laguna y atendía a los chicos. Él fue el motor, tenía vocación. Arrastraba porque sabía de todo y estaba ahí controlando que hagas la tarea del día.

A los cuatro meses empezamos con el torneo local selectivo, pero los intercolegiales resultaron muy importantes por tratarse de competencias locales, provinciales, regionales y nacionales.

El primer año fui seleccionado para integrar el equipo de posta provincial 4x100 en el Regional de Villa Ángela, Chaco. Fue mi primer año de experiencia competitiva y hasta recuerdo que ganamos.

Ya los tres años posteriores mejoré mis tiempos locales hasta quedar seleccionado para el Nacional de Viedma. Ahí se notó la falta de entrenamiento respecto a otros grandes centros como Santa Fe y Córdoba.

¿Se puede decir que se llegó a un punto donde la preparación en Posadas quedaba corta?

Aprendí a entrenar con las indicaciones de los profes y con eso me manejé prácticamente esos cuatro años. Técnicamente no avanzamos mucho, pero el sacrificio no se negociaba y daba frutos.

En contrapartida, eran tan variados los conocimientos locales que nos brindaban en la laguna, que también pude incorporar el salto en largo. Fue con un poco de técnica aprendida, buen paso y velocidad.

¿Tuviste la oportunidad de ir a otro centro de entrenamiento más preparado para pefeccionar tu técnica y empezar una carrera?

La técnica empleada era muy limitada, por lo que no podíamos crecer en ese aspecto. Como arranqué tarde la escuela, la terminé a los 19 años y en los meses siguientes hice el servicio militar obligatorio.

Me tocó justo el conflicto geopolítico del canal de Beagle entre Argentina y Chile, por lo que tuve que quedarme dos años en el servicio. Eso me cortó todo, era una edad clave, porque si estudiaba una carrera en otro lado seguramente podía seguir compitiendo.

En el servicio pedía permiso para seguir entrenando, no quería perder el estado físico. Tenía un espacio verde en el distrito Posadas y ahí aproveché para no quedarme quieto. Lastimosamente se cortó toda conexión con mis profes de atletismo y también con la disciplina.

Por suerte apareció el fútbol para salvarme físicamente en esos años y los posteriores.

¿Cómo volviste al atletismo?

A los 40 años empecé con el torneo de veteranos de fútbol jugando de defensor central en el equipo Once Unidos, aprovechando la velocidad y el buen salto. Me mantuve así muchos años, hasta antes de la pandemia.

A mediados de 2021 fuimos a jugar un partido en una cancha frente al aeropuerto viejo y al lado había una pista vieja de atletismo de pasto y empedrado fino, la que se levantó después de que desapareciera la de la laguna San José. Tenía 400 metros y seis andariveles.

Para mi sorpresa había gente grande entrenando y eso captó mi atención. Fui a hablar con ellos. Ese fue el momento exacto en el que decidí volver, recuerdo que era un día de junio.

El grupo Maratonistas Incansables me recibió con los brazos abiertos. Entrené tres veces por semana durante varios meses hasta acondicionar nuevamente mi cuerpo.

¿Y la competencia?

Ya en febrero de 2022 iniciamos los entrenamientos nocturnos de dos horas en la pista sintética del Cepard. Por suerte nunca me lesioné fácilmente y en seis meses viajamos al primer Nacional en San Luis, en septiembre. Salí segundo en 100 metros y segundo en 200. Algo increíble.

Ya en el 2023 tuvimos la primera experiencia internacional en el Campeonato Mercosur de Concepción del Uruguay. Tuve la suerte de ganar los 100 llanos con un buen tiempo y en 200 fui segundo por algunos problemas de adaptación.

Ese mismo año sale el Nacional en Posadas y después de sentirme seguro y más fuerte pude incorporar el salto en largo en la categoría 70-74. Me impuse en las tres categorías con buenas marcas, en salto en largo con 4,47 metros que no era común.

Ya en noviembre llegó el Sudamericano de Lima, Perú. Nos entusiasmamos con mis compañeros Fabián Lovera y Ana Rocabert. Salió todo bien porque pude sacar oro en las tres presentaciones, con el agregado que en los 100 hice mi mejor marca: 13.52 segundos, primer récord argentino y sudamericano. Además, en los 200 hice récord argentino con 28,89 segundos.

Es tan fuerte lo que se vive en esta competencia que es indescriptible.

En este 2025, del 24 al 30 de noviembre, se hizo el Sudamericano Máster de Santiago de Chile. Saqué plata en 100 metros llanos, fui tercero en los 200, pero lo máximo llegó en salto largo.

Algo iluminó el salto, hice 4,61 metros y cuando escucho la marca salté más alto de la alegría. Fue récord nacional y sudamericano. Tarea cumplida.

¿Qué sigue para Ati?

Hay varias expectativas para el año que viene. Algunas salidas internacionales en carpeta, pero no están definidas las fechas.

Igualmente el objetivo está trazado. Con ese salto en Santiago voy a terminar este año en el quinto puesto del ranking mundial en Máster 70-74. Me cambió el rumbo, ahora quiero entrenar fuerte para las carreras, pero sin descuidar el salto… tengo velocidad y altura, pero me falta la técnica.

Tengo mucho más para dar en esta categoría y si lo logro, seguramente aparecerán oportunidades más grandes en Europa o Estados Unidos. Además de los sponsors que hoy no tengo.

¿Te esperabas todo lo que te pasó en tan poco tiempo?

Sé que soy rápido y mantuve mi estado físico. Cuesta ir a entrenarse, pero lo hice, sabía que podía lograr algo, pero no todo lo que se dio.

¿Cuál es el secreto?

Cada uno tiene su don, ya traemos algo genéticamente que nos dieron en esta vida. Así lo entendí y hoy estoy tratando de aprovecharlo. Me siento bien, enterito, nunca me lastimé.

La alimentación es normal. Se come sano y le agrego vitaminas y minerales a mi dieta diaria.

¿Te considerás un ejemplo para las personas de tu edad?

Estamos dando el ejemplo de que se puede. Siempre transmito lo mismo, que si te sentís bien, con confianza, se tiene que ir a pista y probarse.

El atletismo tiene variantes como saltos, carreras y lanzamientos. Hay para todo porque es un abanico de posibilidades.

A una persona que es sedentaria y quiere entrenar, ¿qué le dirías?

Veo tanta gente corriendo en la Costanera, haciendo trails, pero no tengo oportunidad de ver a gente que vaya a la hermosa pista que tenemos en el Cepard.

Esperé 49 años y la gente no aprovecha. El que se siente bien puede ir a saltar, probar lanzamiento de bala, correr 100 metros. Está al alcance de todos.

Atilano comparte el grupo de Maratonistas Incansables junto a Rocabert, Lovera, Carlos Mielniczuk, Carlos Castro, Liliana Dos Santos, Jéssica Ortiz, José Merenda y Analía Ifrán.

Perfil

Atilano Ledesma
Atleta
Nació el 28 de mayo de 1953 en Paso de los Libres (Corrientes), mide 1,71 metros y está casado con Lali Rocabert, compañera de cada aventura; tiene tres hijos varones.

Su apodo es Ati y mantiene dos récords sudamericanos en la categoría Máster: 100 metros llanos (13,52 segundos) y salto en largo (4,61 metros). Además posee tres récords argentinos, con el agregado de los 200 metros (28,89 segundos).

Cierra el 2025 en el quinto puesto del ranking mundial de salto en su categoría.

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