De la tercera estrella a la ilusión que propone la Scaloneta
Gonzalo Montiel camina ante la mirada de todos en el estadio Lusail. Mete su penal y desata la locura en Doha. En Qatar, en Argentina, en el mundo. En cada argentino, en cada hincha del fútbol que esa tarde, noche o mañana dependiendo de dónde estuviese, quería que Lionel Messi ganara lo que le faltaba: la Copa del Mundo.
Argentina festejó como nunca se había visto en el mundo. Pasaron tres años de aquél 18 de diciembre en la que la Scaloneta escribió su página más gloriosa, pero no fue la última.
El ciclo de Lionel Scaloni arrancó en 2018. El DT fue encontrando el equipo, cambiando piezas y siempre con la premisa de que el único que tiene asegurado su lugar es Messi. El resto fue, vino, cambió, pasó, tuvo chances, nuevas chances o no tantas chances. Entran aquí las subjetividades, los gustos y opiniones de cada uno alrededor de quién debe o no debe estar en la Selección.
Lo cierto es que desde esa noche mágica de Lusail, la Scaloneta jamás dejó de ser competitiva. Tuvo su merecido festejo con rivales de menor fuste, pero a la hora de dar la cara comenzó a desandar sin problemas su camino rumbo a la Copa del Mundo 2026. Ganó en Brasil, goleó cuando pudo y también, como todo equipo y todo ciclo, tuvo reveses. Cayó en Colombia y Paraguay y sufrió en la Bombonera ante Uruguay, pero en medio de la Eliminatoria ganó otro título: la Copa América 2024.
Quizás sin el funcionamiento de Qatar 2022, Argentina otra vez festejó. Estuvo lejos de ese pico del Mundial, pero la final ante Colombia, además de otra coronación, marcó un antes y un después.
Messi, que arrastró durante todo el torneo molestias físicas, tuvo que ser reemplazado. El capitán, el emblema, tuvo que mirar la última parte del partido en el banco de suplentes. Todos vimos esas imágenes del 10 llorando desconsoladamente. Apareció el equipo, como en muchas otras ocasiones.
Lionel Messi es el jugador distinto. El que cambia la ecuación en un segundo. El que genera tranquilidad en los propios y un problema para los extraños. Pero el fútbol seguirá siendo un deporte de equipo y ahí está el gran valor del ciclo Scaloni.
En la génesis, en esos partidos que serían solamente un interinato, Scaloni no contó con Messi. Era momento de descomprimir luego de un pésimo Rusia 2018. Nadie todavía, o quizás el entrenador sí, pero esas decisiones marcarían el resto de sus años al frente de la selección argentina.
El cuerpo técnico formó un equipo, un gran equipo, que cuando tiene a Messi se potencia, pero cuando falta el 10 no sufre. Sigue siendo un equipo temible y de hecho lo fue en las Eliminatorias. Hay que recordar el 4-1 en el Monumental ante Brasil, una de las mejores demostraciones de juego y en la que no estuvo el capitán.
Después de la conquista en Qatar, Argentina no se bajó del podio que rankea la Fifa. Ganó la Copa América y, de punta a punta, las Eliminatorias. Scaloni se animó, entonces, a darle a lugar a los que son más chicos. Tuvieron sus chances Nico Paz, Giuliano Simeone, Franco Mastantuono, Valentín Barco, Valentín Carboni y Alejandro Garnacho, entre otros. Algunos tuvieron más posibilidades que otros, pero el recambio comenzó.
En medio del ciclo mundialista, Ángel Di María dejó la Selección. Hubo campeones del mundo que perdieron terreno y otros que lo ganaron, como Thiago Almada que pasó de tener pocos minutos en Qatar 2022 a ser una pieza clave en las últimas fechas de Eliminatorias.
El que entra rinde y hace que el equipo sea competitivo. A menos de seis meses para el inicio de la defensa de la corona, Argentina tiene con qué. No quiere decir que vaya a ser campeona nuevamente, pero sí que puede ilusionarse y que, a diferencia de otros mundiales, esa ilusión es más fuerte. Se basa en un equipo, en un estilo, en una combinación entre los campeones y los que quieren serlo.
La Scaloneta puso la vara alta y desde ese lugar es exigida. Está bien que así sea, porque el ADN del fútbol argentino marca que hay que ir por más. Se agradece la tercera, pero queremos la cuarta. Soñamos con ver otra vez a Messi levantando el trofeo más lindo del mundo.
La ilusión se sustenta en lo hecho, pero también en el presente. En la cantidad y la calidad de jugadores que tiene Argentina. En la gestión del cuerpo técnico, en la confianza que Scaloni le da a sus jugadores y en que ahora los Cuti Romero, los De Paul, los Paredes, los Dibu Martínez, los Alexis Mac Allister ya tienen la chapa de campeones del mundo y que le quitarán la presión a los más jóvenes.
“Muchaaaachos, ahora nos volvimos a ilusionar”, fue la canción de Qatar 2022. Nunca nos dejamos de ilusionar. Siempre que llega un Mundial ahí estamos, con más o menos razones, pero siempre elegimos creer. En Estados Unidos, México y Canadá vamos a volver a sentir que se puede, porque la Scaloneta dejó en claro que tiene con qué alimentar esa ilusión y que seremos parte de las últimas funciones de Lionel Messi en las copas del mundo.
Quizás el destino le guiñe un ojo a Argentina y en la tierra en la que a Diego Maradona le cortaron las piernas, la Scaloneta se tome la mejor revancha.