La psicóloga Constanza Logegaray y la kinesióloga Patricia Gergoff hablan al respecto
Cuerpos bajo presión: el estrés y la mala postura, dos bombas de tiempo
El cuerpo guarda mucho más de lo evidente. En el cuello y la espalda suelen acumularse el peso de las cargas emocionales, preocupaciones, responsabilidades y cuestiones no dichas. La cintura o zona lumbar muchas veces refleja inseguridad, miedos, sobre todo cuando se siente soledad. El cuerpo habla, incluso cuando no encuentra las palabras.
Es por ello que desde la pandemia a esta parte los profesionales de la salud, salud mental y corporal vieron un notable incremento en sus consultas. Todo parece indicar que hay una tendencia a acostumbrarse al dolor provocado por estrés, ansiedad, tristeza y sobrecarga mental que se manifiestan en el cuerpo, especialmente en la columna vertebral, y cómo los hábitos posturales modernos agravan este cuadro.
Ante este panorama El Territorio dialogó con dos especialistas que desde sus áreas buscan llevar conciencia y entender al cuerpo no sólo como estructura física, sino como espejo emocional: la psicóloga y jefa de salud mental del IPS, Constanza Logegaray, y la kinesióloga y quiropráctica, Patricia Gergoff.

Ambas coinciden en que normalmente se reconoce al dolor como un enemigo y no como lo que es, un sistema de alarma que intenta decir algo y hasta proteger de un mal mayor. “Desde mi lugar diríamos que el cuerpo habla lo que la boca calla, si bien no es matemático, todo lo que no decimos de alguna forma se manifiesta, ya sea por algún dolor o síntoma”, comenzó explicando Logegaray.
A lo que Gergoff agregó: “Cuando aparece tenemos dos opciones: ignorarlo o atenderlo (entenderlo). Reconocer que nos quiere decir algo juega un papel importante en el proceso de sanar y si optamos por ignorarlo, el sistema nervioso se encargará de activar la respuesta fisiológica que necesite para atenderlo. Pero si nuestro nivel de estrés es elevado, y a esto le sumamos que no logramos descansar las horas necesarias, también se verán afectados los procesos de curación. Es allí donde el sistema autónomo (el encargado de responder de forma automática) nos mantendrá en alerta de manera sostenida pudiendo provocar problemas de salud importantes”.
Columna: reflejo del estilo de vida
Mantener la misma postura sostenida por largo tiempo, ya sea sentado o parado, y realizar un mal manejo de cargas excesivas (o no) son los errores que con mayor frecuencia se repiten en el ámbito laboral. Pero también sucede al pasar muchas horas frente al televisor o a un celular, “Al permanecer demasiado tiempo quietos, aceleran los procesos de desgaste de las articulaciones (artrosis), disminución de la flexibilidad y con esto, los dolores articulares podrían aumentar”, describió la quiropráctica.
“Al inclinar la cabeza hacia delante, adaptar nuestro cuerpo al aparato y no al revés, podría ocasionar desde cambios en las curvaturas de la columna vertebral, que pueden ocasionar no sólo dolores de cuello sino de cabeza y hasta mareos”, agregó.
¿Tiene un componente emocional?
Tanto en el consultorio psicológico como en el quiropráctico, las profesionales ven llegar pacientes con cuerpos cerrados, hombros encogidos, respiraciones cortas, mandíbulas apretadas. Cuerpos en modo “defensa”, como si estuvieran resistiendo algo constantemente y en ese estado es muy difícil habitarse con tranquilidad. Ante esta situación de estrés los pacientes pierden el registro del cuerpo. Ambas insisten en la importancia de volver a él, con amabilidad y entenderlo de manera bio, psico, social y que su cuidado es la garantía de una mejor calidad de vida.
Desde una mirada psicológica, lo emocional aparece cuando el dolor persiste sin una causa médica clara o cuando se intensifica en momentos de estrés o angustia.
“Lo emocional deja marcas en el cuerpo y cuando eso se detecta, lo ideal es que podamos abordarlo de forma integral”, indicó Logegaray. Y específicamente al referirse a la columna, agregó: “Es como nuestro eje interno y muchas veces refleja cómo nos estamos parando en la vida. Si vivimos muy exigidos, con poco descanso o sosteniendo cosas que no nos corresponden, la columna lo siente. Una postura rígida puede hablar de mandatos o estructuras que nos cuesta flexibilizar. Y una columna tensionada muchas veces dice: ‘estás haciendo demasiado, estás olvidándote de vos’”.
Señales de alerta
Antes de la llegada del dolor se hacen presentes: la falta de concentración y la alteración del sueño, que juegan un papel importante tanto en la vida cotidiana como en la función del sistema nervioso. Si esta función no puede completarse la regeneración y la reparación celular quedan incompletas, generando una especie de círculo vicioso.
En estas situaciones, el objetivo del cuidado quiropráctico es liberar la tensión muscular y mejorar así la postura mediante ajustes vertebrales para ayudar al sistema nervioso a activar las funciones que necesite para poder funcionar mejor.
“Las subluxaciones que generan irritación, dolor y hasta lesiones a largo plazo, afectan la correcta comunicación entre el cerebro y el cuerpo, mantener esas situaciones incómodas, nuevamente conllevan a tensión muscular y un incremento al estrés más pronunciado. Otra vez, estamos dentro de un círculo vicioso de nunca acabar”, señaló Gergoff.
Cuando la columna vertebral se encuentra alineada y libre de interferencias se optimiza el funcionamiento del sistema nervioso autónomo y también sus funciones que se ven alteradas por el exceso de estrés sostenido en el tiempo.
“Acostumbrarse al dolor no es sinónimo de fortaleza, sino muchas veces de desconexión. Siempre se puede volver a habitar el cuerpo con ternura, pedir ayuda es el primer paso para dejar de sobrevivir y empezar a vivir más plenamente”, finalizó Logegaray.
Así, ambas profesionales de la salud instan a habitar el propio cuerpo de una manera consciente, prestarle atención a las señales que emite y en base a recomendaciones simples (ver “Tips clave”) revertir esas dolencias.
Tips clave
- espirar con conciencia.
- Estirarnos al comenzar el día.
- Caminar más lento, pero hacerlo diariamente.
- Sentir los pies en el suelo.
- Darnos pausas para volver al cuerpo.
- Mantener la vista paralela al piso, rodillas y codos a 90°.
- Realizar pausas activas.
- Levantarse cada vez que puedan hacerlo.
- Realizar un correcto manejo de cargas en relación con la postura y movimientos a realizar.
- En los niños que usan mochilas el peso no debería superar el 15% del peso corporal del niño y el ancho de la mochila no sobrepasar su espalda. Además, debería estar ajustada a la espalda evitando que cuelgue demasiado.