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El delito fue el 14 de diciembre de 2016 en Posadas

A prisión 18 años por intento de femicidio “premeditado”

El correntino Manuel Rivero (59) fue condenado a 18 años de prisión por ser culpable de intento de homicidio calificado por el vínculo en perjuicio de su expareja
domingo 19 de mayo de 2024 | 6:05hs.
Manuel Rivero (59) lleva cumplidos 7 de los 18 años a los que fue condenado por el TP1. Foto: MATíAS PERALTA
Manuel Rivero (59) lleva cumplidos 7 de los 18 años a los que fue condenado por el TP1. Foto: MATíAS PERALTA

El último lunes, el correntino Manuel Rivero (59) fue condenado por el Tribunal Penal Uno de Posadas a 18 años de prisión por los delitos de homicidio calificado por el vínculo, en grado de tentativa (un hecho) y dos hechos de homicidio simple, en grado de tentativa.

En tanto, el tribunal compuesto por los jueces Viviana Cukla, Gustavo Bernie y Fernando Verón (subrogante) contemplaron por unanimidad que Rivero es autor penalmente responsable de haber intentado matar con un arma de fuego a su expareja Elisa De Souza.

A su vez, tuvieron la misma consideración al ser hallado culpable de intentar matar a un joven que quiso proteger a la mujer en la parada de colectivos y a una vecina que vio toda la secuencia, en la mañana del 14 de diciembre de 2016 sobre la avenida Avellaneda del barrio San Marcos de Posadas.

Si bien, en la lectura del veredicto se comunicó que los fundamentos serán expuestos el próximo 28 de octubre en la sala de debate, las partes acusatorias -el fiscal Martin Rau y el querellante Ariel Pianesi- plantearon durante sus alegatos que los magistrados a cargo de la sentencia contemplen la figura de perspectiva de género a la hora de decidir la condena.

Esto último se cree que pudo haber sido considerado, tomando en cuenta que la pena se direccionó más al pedido de Rau y Pianesi que en la solicitud de la defensa, a cargo de Mario Ramírez que pidió 10 años de prisión.

En tanto, el tribunal además de condenar a Rivero por mayoría a 18 años de prisión, con disidencia de Bernie que votó por 20 años -el fiscal pidió 25-, también enumeró una serie de requisitos que el correntino, hallado culpable de tres intentos de homicidio, debe cumplir mientras se encuentre purgando su condena.

En primer lugar, los jueces decidieron imponer a Manuel Rivero a la realización de un nuevo programa de capacitación y sensibilización sobre violencia de género, el cual deberá ser incluido como parte del tratamiento individual diseñado por el Servicio Penitenciario provincial.

A su vez, cuando esté firme la sentencia, dispusieron que el Servicio Penitenciario provincial arbitre los medios necesarios a su alcance, recurriendo incluso a otros organismos del Estado para la incorporación del curso de capacitación antes mencionado, cuyos avances deberá ser informado al tribunal de manera trimestral.

Por otro lado, respecto del delito de portación ilegal de arma de fuego los jueces por unanimidad sobreseyeron a Rivero, por suspensión de la acción.

Perspectiva de género

En tanto, al conocer la pena sentenciada por el Tribunal Penal Uno de Posadas, Rivero deberá cumplir 11 años de cárcel, ya que lleva detenido hace más de 7 años, luego de ser recapturado en enero de 2017, tras haberse fugado de la cárcel en la que estuvo aprehendido desde el día del hecho.

El veredicto fue de público conocimiento posterior a los alegatos de la parte acusatoria, que remarcó la importancia de una condena justa y que se considere la perspectiva de género.

Pianesi -el abogado de la querella- fue el primero en presentar su alegato, manifestando que a la hora de dar una sentencia había que tomar en cuenta dos aristas que son importantes para entender los hechos por los cuales era acusado.

En primer lugar, la premeditación. “Siempre el plan de él era matarla. Él lo anticipó en reiteradas oportunidades con amenazas y creemos que eso está probado en el expediente”, explicó el abogado.

Sin embargo, lo que para la querella fue una de las cuestiones centrales del hecho tiene que ver con una constante violencia de género. “Creemos que Elisa fue sometida a 20 años de violencia de género y violencia en el ámbito familiar”, indicó, agregando que “el Estado no pudo protegerla, a pesar de los expedientes, del botón de pánico, las prohibiciones de acercamiento, y creemos que esta es una oportunidad de protegerla”.

A su vez, expresó que De Souza esté viva no fue por la voluntad del ahora condenado, ya que él se fue del lugar pensando que la había matado. “Ese día buscó terminar con un plan que había hecho días antes”, apuntó, haciendo referencia a que el hombre de 59 años en ese momento invitó a sus hijos a viajar a Ituzaingó presuntamente para arreglar las cosas, pero que todas las pruebas indican que fue para que la víctima se encontrara sola.

Por último, el querellante manifestó que “es una oportunidad para que el tribunal juzgue y aplique la perspectiva de género, porque acá hay mucha pruebas que él quiso matarla por su condición de mujer”. En  esa línea, planteó que Rivero es una persona machista, puesto a que hasta su última abogada defensora denunció, “porque él le preguntaba por qué ella lo defendía si era mujer y él hombre”.

Por su parte, el fiscal Martín Rau comenzó sus alegatos desglosando cada frase que dijo Rivero tanto en declaración con el juzgado de instrucción como en el debate oral.

En ese contexto, el representante del Ministerio Público explicó las contradicciones de Rivero. Mencionó que ante el juzgado de instrucción el condenado  dijo que esa mañana sí iban a ir a Ituzaingó, pero él no estaba en la terminal; que Elisa lo vio en el salón pero que no tenía ningún arma, sino que era ella la que lo tenía; además de expresar que él le quitó la pistola a la mujer y que en el momento de la discusión en la calle el arma se disparó sin que él hubiera tenido intenciones de hacerlo.

Sin embargo, ninguna de estas cuestiones mencionó en el debate oral en el momento de declarar ante el tribunal,  ya que “en debate dijo que se equivocó como cualquier persona, que fue un error y que necesitaba una oportunidad”, señaló el abogado.

No fue un error

En tanto, Rau reveló que para él no fue un error aislado, ya que a lo largo de los años que estuvo de pareja con la víctima, Rivero tuvo varios antecedentes.

En esa línea, remarcó que en agosto de 2007 fue la primera denuncia de violencia de género que recibió el imputado, mientras que meses después -en enero de 2008- Rivero golpeó a su hijo y después a Elisa en Ituzaingó, y que incluso en esa oportunidad él la amenazó de muerte si ella le intentaba denunciar. En ese episodio, la mujer terminó con hematomas en los brazos, mientras que el hijo que fue golpeado quedó con una herida en la oreja.

Por último, el abogado mencionó que “su tercera oportunidad” la tuvo el 31 de octubre de 2016 -menos de dos meses antes del ataque- cuando el hombre apareció en la casa de su expareja y la amenazó de que se iba a quitar la vida si ella no dejaba que vuelva al domicilio, diciéndole que se iba a colgar en el interior de la propiedad.

Por otro lado, el fiscal también apuntó que en el intento de matar a su expareja en esa mañana fue una continuidad de distintas acciones que cometió en el pasado: “Él cometía las violencias cuando los hijos no estaban y le dijo al sobrino que la iba a matar”.

A su vez, mencionó que en el lugar había una mochila con cosas para disfrazarse -peluca, pantalón, gafas-, lo cual indica que “el tipo estaba decidido a todo” y que Rivero “no utilizó lo que tenía en una mochila, porque el plan se le salió de control. Su idea era matarla en la casa y no que la mujer pudiera escapar”.

Además, el abogado expresó que en todo el accionar del hombre, hubo un desprecio de la vida, considerando que no le importó disparar y matar a Álvez Dos Santos, para matar a De Souza, y tampoco le importó matar a Ramírez al huir del lugar.

Por ello, el fiscal finalizó su alegato expresando que no fue simplemente un error y que no cualquiera sale a disparar a su expareja y otras dos personas como un pistolero, por lo que está correcta la imputación por homicidio en grado de tentativa agravado por el vínculo y dos homicidios simples en grado de tentativa. 

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