Soñaba con ser mamá, superó obstáculos y nunca perdió la fe
Clarita Nélida Klimczuk (61) es una madre agradecida y feliz por sus hijos. El camino para cumplir el anhelo mayor que tenía de ser mamá no fue todo color de rosas y, en diálogo con El Territorio, en el marco del Día de la Madre, que se celebra hoy en la Argentina, relató cómo fue ese proceso.
“Yo me casé grande y mi ilusión era tener un bebé. No quedaba embarazada, así que fue todo un trauma realizar muchos tratamientos hasta que me embaracé de mi primer bebé . Yo siempre digo que tengo experiencias que me marcaron en la vida. Mi bebé no sobrevivió y al cuarto día de vida falleció”, expresó.
Luego de ese triste y duro momento siguió haciendo tratamientos por un lapso, hasta que surgió la opción de adoptar. El primer bebe nació en 1995 y el bebé del corazón -Juan Ignacio- llegó cuatro años después, en 1999. Tras la lucha y la desazón, Juan Ignacio trajo alegría y esperanzas al hogar y dos años más, en 1999, llegó el menor de los tres, que se llama Matías.
“Fue un embarazo de riesgo y tuve que hacer mucho reposo. Fue muy complicado porque tenía al otro bebé para cuidar y no podía ni siquiera levantarlo. Pasé los días acostada y eventualmente sentada. Entonces en el 2001 nació Matías, que es la tercera etapa de mi vida. Lo más lindo que me pudo pasar son las tres maternidades mías”, contó Clarita.
A los siete días de haber nacido Matías, le detectaron un nódulo detrás de la oreja, meses después el diagnóstico era el más temido, sobre todo por lo extraño de la patología: tumor neuroectodérmico primitivo en la glándula parótida del oído medio. Cuando ya no había nada por hacer en Posadas, Clarita y Matías se trasladaron a Buenos Aires, mientras Carlos Melnik se quedó en Posadas trabajando para financiar la odisea.
Un diagnóstico inesperado
“Comenzó chiquitito, como un ganglio. Después fue creciendo rapidísimo. Cuando lo llevamos a los tres meses a Buenos Aires, por recomendación de la pediatra, le hicieron unos estudios y la primera impresión era que era un tumor benigno, que se llamaba hemangioma de parótida. Nos explicaron que era un tumor que al año empezaba a involucionar y que tuvieron otros casos de hemangioma. Le dieron corticoides y todo para desinflamar eso y no hubo caso. Al contrario, cuando Mati cumplió 1 año hizo una parálisis facial. Ahí urgente fue a Buenos Aires otra vez y cuando le hicieron una punción y otros estudios, los médicos no podían creer que se había malignizado. Ahí comenzó nuestro peregrinar”, describe Clarita.
Fueron días muy duros para la madre que permanecía lejos de su esposo y su otro hijo. Su madre, familiares y amigos ayudaron y acompañaron todo el proceso, por lo que la situación se tornó un poco menos abrumadora. Allá en otra provincia, hospedada en la Casa de Ronald McDonald, cerca al Hospital Italiano, transcurrieron los días entre tratamientos, quimios y otros procedimientos médicos.
“Cuando nos llamaron, nos tuvieron 40 días esperando porque no sabían qué hacer con él. Matías tenía 14 meses cuando comenzó la quimio, en julio del 2003 le operaron, la cirugía duró quince horas. Los médicos nos dijeron que únicamente se podía esperar un milagro por la zona en la que estaba el tumor”, recuerda cada palabra y hasta la mirada de los médicos.
“Nos pusimos a las manos de Dios y la ciencia y Matías nos sorprendió a todos. Decían los médicos que era un marciano porque era el único que comía y jugaba haciendo quimio. No entró nunca a terapia intensiva. Estuvo dos días en terapia intermedia después de la cirugía de quince horas, que también nos decían que no se iba a poder sentar, que no iba a poder caminar. A los dos días estaba caminando de la mano del papá y los médicos venían a ver porque no podían creer”, agregó la mujer.
Según mencionó Clarita, nadie esperaba ese diagnóstico pero la fe en Dios y las ganas de que su hijo se recupere la mantuvieron con fuerzas. Cuando estuvo en Buenos Aires, nunca faltó el abrazo contenedor de otras madres que estaban en una situación similar o peor.
“A veces no hace falta decir nada, solamente escuchar y dar un abrazo puede aliviar la tormenta que alguien está pasando. Yo siempre ejemplifico el recibir un diagnóstico como el de mi hijo de la siguiente manera: es como que vos venís con un auto a alta velocidad a 200 kilómetros por hora y te chocas una pared”.
Asimismo sostuvo que hay que volver a reconstruir todo. “Es como que se derrumba todo, porque nadie espera un diagnóstico como el que te digan que tu hijo tiene cáncer. Es una palabra que asusta, pero yo siempre hablo con las mamás y digo que si tienen el diagnóstico, lo que les queda es llorar y lamentarse o ponerse las pilas, buscar especialistas y salir adelante a pelearla”.
Tras concluir el tratamiento, madre e hijo volvieron a la tierra colorada para el Día de la Madre en octubre del 2003. Fue un hermoso momento de encuentro con su hijo de 3 años y los demás familiares. Si bien siempre estuvo cuidado por los parientes y amigos cercanos, la madre admitió que no es fácil permanecer lejos de un hijo.
Hubo otros viajes a Buenos Aires para realizar controles que aún estaban llenos de incertidumbre, hasta que llegó el día que Matías fue dado de alta completamente.
El cuerpo pasa factura
Un año después de haber regresado a Posadas, Clarita fue diagnosticada con cáncer de mama. “Me estaba bañando y sentí un nódulo y enseguida me hicieron un estudio. El doctor (Carlos) Arce -que es el vicegobernador ahora- fue capo en su momento, me detectó al toque y ahí me operaron. Tuve que hacer quimio, rayos y también fue duro porque mis hijos eran chiquitos”, dijo la mujer haciendo referencia a que el cuerpo pasa factura a los momentos de sufrimiento y dolor.
Todo el proceso de tratamientos, cirugía y quimioterapia, lo pasó en Misiones. En total fueron unos nueves meses que duró el trajín entre médicos y enfrentado al diagnóstico en el propio cuerpo.
Tras sobrevivir a la enfermedad, Clarita dijo que hoy se siente feliz y realizada. “Me siento satisfecha, agradecida a Dios, agradecida a mi familia, a mi esposo, porque estamos los que pasamos la enfermedad, pero del otro lado está la persona que te acompaña y hay hogares que se destruyen cuando hay un proceso. Con nosotros fue lo contrario, nos unió más y bueno hoy podemos disfrutar de nuestros hijos”
De la misma forma, resaltó que no todo es color de rosas, pero que después de todo lo sufrido, están disfrutando en familia de los logros de sus hijos. Juan Ignacio se recibió de licenciado en Marketing recientemente y Matías está cursando la carrera de Medicina.
“Hoy mi reflexión para quienes están sufriendo es que no bajen los brazos, que tengan fe, que cuando uno está en el medio de la tormenta cuesta visualizar las cosas. Siempre es mejor subir y mirar la situación desde arriba. Entonces podés ver la tormenta y tomar decisiones más tranquila. Si bien cada proceso es único y especial, lo primero que tenemos que hacer es pedirle a Dios misericordia, a nosotros nos ayudó muchísimo la parte espiritual y nos sigue ayudando”, aconsejó la madre luchadora.
Y cerró: “A pesar de todo lo que pasé, no reniego de nada, disfruto cada día, porque de cada cosa que me pasó tuve una lección y tuve que aprender una elección. Hoy estoy acá disfrutando de mi familia, de mi salud y la de Matías. Aprendí a disfrutar de las cosas simples que no se compran con plata. Estoy agradecida a Dios por haber vivido esas experiencias”, concluyó.
El Día de la Madre en la Argentina es el tercer domingo de octubre. Se trata de una celebración de origen religioso pero extendido a toda la sociedad. Familias aprovechan para congregarse y festejar con sus madres, recordarlas o simplemente disfrutar de la jornada.