Me lo contó un policía (Basado en hechos reales)

Sexto sentido

sábado 01 de abril de 2023 | 6:00hs.

Por Luis Eduardo Benítez Comisario general (RE), Abogado

Una madrugada de invierno de 1981, quizá el día más frío del año, con una cerrada neblina que sólo permitía ver a escasos metros, llegó a la Comisaría Segunda de Eldorado, una anciana de 90 años; caminaba encorvada ayudada por un bastón y muy lentamente; con sólo verla despertaba ternura, pero su rostro denotaba tristeza y preocupación, dijo que tenía un secreto para contar y un mal presentimiento; relató que vivía en el kilómetro 6 de la ciudad, sola, cerca de una antena repetidora de TV, en un “conventillo” abandonado, había caminado varios kilómetros hasta llegar a la comisaría pues no tenía dinero para taxi o colectivo, y salió de madrugada para que nadie la viera; la señora relató que tenía como vecinos a una pareja joven cuyo esposo se comportaba casi siempre con violencia física o verbal hacia su compañera; que hacía dos meses que la mujer había dado a luz a dos hermosos mellizos varones; que siempre escuchaba desde su pieza el llanto de éstos y los gritos del marido quejándose de que no lo dejaban descansar; dijo que en ausencia del hombre, se acercó a la puerta de su vecina y ésta le mostró a las dos criaturas, ¡eran hermosos!, exclamó la anciana y secó sus lágrimas con su arrugado pañuelo; “hace dos días que escucho llorar sólo a un bebé y no escucho al otro, traté de hablar con la mamá, pero se mantiene en silencio, quizá por temor a su marido, yo creo que algo malo le pasó, por favor investiguen, pero no cuenten que yo denuncié, porque también tengo miedo”.

Hacia allá nos dirigimos y al llegar, el marido estaba ausente, quizá se escondió al escuchar al móvil policial, la pobre esposa, apenas nos vio, rompió en llanto y contó que hacía dos noches su marido había golpeado con una trompada a unos de los mellizos porque éste lloraba, que luego en horas de la madrugada, como el niño quedó en silencio, lo tomó, salió al patio y regresó a la hora sin el bebé; “vos no viste nada, si abrís la boca, te mato”, le dijo. Comenzamos a buscar y a 50 metros de la casa encontramos tierra removida, allí estaba enterrado el niño, aún sin descomposición, quizá por el frío reinante en esos días. Nos llevó un mes atrapar al desalmado padre, pero al final lo logramos; la cárcel fue su destino por muchos años; por mi parte, nunca olvidaré el “sexto sentido” que, dicen, tienen las mujeres, y esta encantadora y corajuda abuela no fue la excepción.

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