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Ñande Reko Rapyta (Nuestras raíces)

A veces, no quedan los artistas

viernes 23 de septiembre de 2022 | 6:00hs.
A veces, no quedan los artistas

Desde los primeros tiempos de la conformación de estas tierras que reconocemos como misioneras, el arte estuvo presente con sus variadas manifestaciones, siempre en la convicción que desconocemos la historia anterior a la formación de los pueblos de indios en el siglo XVII.

Si nos detenemos en la pintura y el grabado, específicamente, a partir de ese siglo, las fuentes dan cuenta de la afirmación anterior. A modo de ejemplo menciono a Juan Yaparí, un guaraní reducido, que en 1705 firmó dos grabados en cobre; y más reciente, el descubrimiento de una pintura de la Mater Dolorosa, realizada, en el año 1618 en la reducción de Nuestra Señora de la Anunciación de Itapúa por el guaraní Habiyú o Kabiyú, a partir de la inspiración de un cuadro de El Greco -la obra se encuentra en el museo Udaondo de Luján y se la conoce como ‘La Verónica’ -de acuerdo con los datos consignados en la tela-.

La lista de nombres de artistas plásticos masculinos -en esta ocasión- es interminable; tomo tres de ellos, del siglo XX, para traerlos desde el olvido. El primero es Víctor Marchese, nacido en Buenos Aires el 2 de septiembre de 1910. Allí realizó la primera etapa de su formación, luego viajó a Europa y se convirtió en discípulo de Ángel Ferrant -por entonces, uno de los top de la pintura española-.

De regreso al país, se abocó completamente a la escultura, realizó unas treinta exposiciones nacionales e internacionales y fue reconocido y premiado en numerosas oportunidades. En otras tantas fue requerido como jurado en concursos de gran prestigio y supo ilustrar libros de cuentos

Lo que pocos saben es que Víctor vivió varios años en Posadas, a partir de la segunda mitad de la década de 1940. Tanto fue su “aquerenciamiento” que los medios gráficos de entonces difundían sus participaciones en diferentes galerías de arte del país y del extranjero, por ser “uno de los nuestros” decían. Supo ser miembro de la Comisión Municipal de Cultura y Bellas Artes local -origen de la institucionalización de estas áreas más adelante-, fue “el referente” de la época y uno de los artistas que decoraron el Palacio del Mate en el lapso de su construcción entre 1951 y 1952.

Marchese cursaba su etapa de terracotas -pequeñas esculturas realizadas en tierra horneada, sin esmaltar; es una arcilla gruesa y porosa, muy versátil, de bajo costo y gran durabilidad-, se sabe que realizó varias estatuillas para la ornamentación de esa casa de la cultura. En los años 90 sólo se conservaba ‘El Payaso’, y por seguridad se la resguardó en la pinacoteca del museo Areco, donde espera tiempos mejores.

Víctor fue del grupo fundador del Fogón de los Arrieros, en Resistencia, y es el autor de una de las tres esculturas que inmortalizaron el perro Fernando en esa ciudad, emplazada en la vereda de la Casa de Gobierno chaqueña.

Un día, no hay certeza cuando, Víctor Marchese se fue de Misiones, y falleció en Buenos Aires en 1972.

Otro exponente de la plástica regional fue Wilfrido Tántera, un santafesino originario de Gessler que llegó a Misiones casi por casualidad. Siendo adolescente había viajado a Buenos Aires para asistir como oyente a la academia Prilidiano Pueyrredón, en simultáneo terminó el secundario y trabajó en un banco porteño hasta graduarse en 1974.

Libre y aventurero, con un amigo se subió a un tren, atraído por el viento norte. Dicen que su objetivo era San Javier, pero durante el trayecto se enteró que el ferrocarril llegaba hasta Apóstoles nomás y se bajó en esa estación. Estrella Casares lo recibió y la amistad duró hasta que la muerte los separó. Poco a poco se instaló y construyó el Solar de Tántera, su casa y atelier, al que supo bautizar como Ytesanaco, vocablo surgido del reordenamiento de San Cayetano.

Willy fue muy espiritual, apasionado por las plantas e incondicional con los perros. Su mejor compañera fue una bicicleta roja con la que supo provocar más de un dolor de cabeza. Amiguero, muy buen cocinero, dueño de un humor muy particular, convencido que el semillero de la vida estaba en las escuelas -personalmente- convocaba a la gurisadita a asistir a sus muestras y exposiciones. Fue uno de los pocos que vendía en cuotas sus obras y enfrentó a la “careteada elitista y culturosa” con vino en damajuana en los vernissage post inauguración.

Tenía muy en claro la función social del arte y del artista, supo compartir sus obras a través de varias muestras que realizara en la provincia. El Museo de Bellas Artes Lucas Braulio Areco de Posadas lo albergó en varias ocasiones -allí lo conocí, atesoro en mi casa cuatro plantas de ligustro que supo traer desde Apóstoles-, era un estallido de color cada vez. Cuando su salud lo dejó en banda, volvió a su casa natal; allí murió el 25 de julio de 2001. Regresó a Misiones para el último descanso, está sepultado en Apóstoles, con la autoestatua de San Expedito en su tumba. En 2006 se inauguró un busto y plazoleta en su honor en esa ciudad.

El tercero es Raúl Delpino. Nacido en 1948 en Buenos Aires, llegó en algún momento de la década de 1990 a Misiones. Traía una larga experiencia como dibujante de Hanna&Barbera, Los Pitufos, Scooby Doo, García Ferré, Humor, La Galera, Fierro y algunos más. Fue profesor particular de dibujo artístico e historietas, creó varios personajes institucionales para campañas de difusión municipal desde 2003 a 2007 y para una conocida cadena de supermercados posadeños. Solía hablar poco, contar menos y observar todo; era complicado descifrarlo, pero de trato afable y trazo fácil, en sus días difíciles era infranqueable.

Trabajó para empresas paraguayas e ilustró material educativo para niños en ese país. La última etapa artística estuvo caracterizada por las tintas y su incansable curiosidad ante nuevas técnicas y elementos para su creatividad sin límites.

Su última guarida fue el museo Areco, que alternaba con una casa prestada en Candelaria. Los cuidados y cariño de Coty Seró y Rosana Candia, sumados a las atenciones de las trabajadoras del lugar, hicieron menos ríspido el trance. Falleció en febrero de 2008; fue esa institución la que lo homenajeó con una muestra en noviembre de 2009, veintidós láminas legadas que costó compartir.

Considérense estas líneas como simple réquiem literario para tres personas que hicieron de este mundo un lugar mejor…un poquito.

¡Hasta el próximo viernes!

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