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“Querida Misiones, hermosa”

viernes 12 de agosto de 2022 | 6:00hs.
“Querida Misiones, hermosa”

"Querida Misiones, hermosa" se titulaba la columna que semanalmente Alberto Roth escribió en este diario entre 1978 y 1984, poco antes había comenzado su camino hacia la ceguera; tenía 76 años. Nacido en Basilea, Suiza, fue el benjamín de la familia.

Era un niño cuando su padre Heinrich murió y pocos años después también su madre María Amelia Wartner; la orfandad marcó su personalidad y las consecuencias económicas y políticas de la Primera Guerra Mundial en su país natal lo afectaron profundamente; encontró cobijo con la familia Würgler.

Se dedicó a trabajar y a estudiar administración, en tanto matizaba sus días participando de las caminatas alpinas organizadas por la Wandervogel, una organización juvenil que proponía una forma de vida pacifista, naturalista e internacionalista como contrapartida a la feroz industrialización europea de entonces.

Alberto afirmó en esos recorridos su espíritu, definió su vocación de agricultor y jardinero, renunció a su trabajo y se empleó en la granja de Jakob Sulzer en Riehen. Poco a poco pudo superar prejuicios, tomó cursos en el Instituto de Enseñanza para Horticultura y Fruticultura. Por esos días, una reconocida institución de jardinería de la ciudad de Straelen -Renania del Norte, Westfalia, Alemania-; hacia 1923 se perfeccionó en el Instituto de Enseñanza y Experimentación de Cultivos con Fresadora, en una finca de un emprendimiento educativo de la empresa Siemens.

En esta etapa la amistad con Max Tepp, Heinrich Vogeler y el germano-argentino Silvio Gesell, literalmente, “le abrió la cabeza” y fue en las teorías de este último donde forjó el sueño de una pequeña propiedad sustentable. Con alforjas flacas, emprendió el viaje a Argentina, en pos de su quimera, acompañado por Margaretha Gritli Würgler. Fueron veintiocho días en barco, suficientes para aprender los rudimentos del idioma castellano; desembarcó enfermo y le recomendaron regresar a Suiza pero sus firmes convicciones fueron más fuertes, consiguió un empleo en Córdoba al principio, luego se  casó con Gritli, compraron un lote en Santo Pipó y se instalaron en Misiones en 1925.

La tierra colorada lo deslumbró y desafió, se inició en la producción de yerba mate y al poner en práctica sus conocimientos académicos, tomó conciencia de la problemática de los suelos misioneros y las consecuencias de la erosión sobre ellos. Si bien se conocía el concepto de ecología entonces, estaba muy lejos de ser popular o aplicable a nivel nacional. Sin embargo, Alberto Roth lo puso en marcha en su chacra.

Allí, en Roapipó, la tierra se movía lo menos posible, no se practicaba el rozado, se rotaban los cultivos, se cuidaban los yuyos -especialmente en invierno-, cultivaba porotos y citrus en los yerbales, criaba ganado para aprovechar el estiércol, plantaba arboles nativos, “cultivaba” miñocas, y estuvo muy dedicado a la protección de las especies arbóreas que crecían en las riberas de los arroyos y humedales; los que lo conocieron contaron que tenía una frase nativa, siempre presente: “Recuerda que la tierra no heredaste de tus padres, la recibes prestada de tus nietos”

Fue padre de Felicitas y Annelies, construyó su primer barbacuá en el año 1931 y junto con su cuñado Paul Würgler dieron vida a Roth y Würgler S.R.L., una empresa modelo con molino de yerba propio y la marca comercial orgánica Roapipó, que salió a la venta en 1938. Simultáneamente, perfeccionó el método para la conservación del suelo y la lombricultura. Tiempo después incursionó en la producción de tung y creció en su imaginación el proyecto de un instituto escolar agrotécnico en la zona.

El 11 de junio de 1951 falleció Gritli, la chacra pareció más grande y los días interminables; volvió a Basilea, a sus raíces, y el tiempo hizo su trabajo, la pena se diluyó con la compañía de Clemi –Clémence, hermana de la difunta–, se casaron poco después.

A fines de la década de 1950, Roth recibió en su casa al “padre de la conservación del suelo”, el norteamericano Hugh Bennett. De sus manos recibió un primer reconocimiento a un cuarto de siglo de trabajo duro pero fecundo, una medalla de oro; al año siguiente llegó otro, de parte de la Universidad del Noreste, un galardón “al mérito agrícola”.

Fue cofundador y docente en los primeros años del Instituto Línea Cuchilla -que tanto había soñado- y puso especial énfasis en la producción de material didáctico para los alumnos.

Hay mucho más para contar sobre Alberto Roth, multipremiado y reconocido a nivel regional, nacional e internacional, escritor, investigador, ensayista; el 8 de octubre de 1985 falleció en Santo Pipó; tenía 84 años, dos antes había muerto Clemi.

En el año 1988, el Concejo Deliberante de Posadas nombró “Alberto Roth” al Jardín Botánico; en Garupá, una avenida lleva su nombre, al igual que la biblioteca de la Escuela N° 140.

Cuando el concepto ecología era teoría pura, cuando la producción se basaba más en la depredación que en la preservación, casi a contrapelo de su tiempo, Alberto Roth vivió, trabajó y legó de acuerdo con sus convicciones y principios; una fundación perpetúa su nombre y legado; en la fecha de su partida, la Cámara de Representantes instituyó el Día Provincial de la Conservación del Suelo Misionero.

No permitamos que se lleve el viento tanta experiencia, tanto trabajo; busquemos a estos adelantados en la memoria de las picadas desdibujadas y en el monte devastado.

En sus palabras: “A partir de enero de 1978 publico quincenalmente mis cartas misioneras, las cuales luego se recopilaron en dos libros; el gobierno me apoya, me reconoce, pero al mismo tiempo permite y hasta promueve el sacrificio de las últimas áreas boscosas y los últimos ejemplares de especies arbóreas que corren el peligro de ser exterminados. El sistema de obraje, que permite la explotación de árboles en terrenos arrendados, hace que desde lejos parezcan bosque, pero en realidad ya no lo son, porque carecen de los árboles”.

¡Hasta el próximo viernes!

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