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La llegada a Posadas de Esteban Semilla y su familia

Enamorados de una ciudad pequeña pero pujante, llena de cultura y naturaleza

Elvies Semilla se instaló definitivamente en 1941, cuando a su padre lo designan gobernador. El recuerdo de una mente progresista y la elección de vivir para siempre en este suelo

domingo 13 de junio de 2021 | 6:05hs.
Enamorados de una ciudad pequeña pero pujante, llena de cultura y naturaleza
Elvies recuerda la Posadas de antes, vibrante de naturaleza. Foto: Nicolás Olyinek
Elvies recuerda la Posadas de antes, vibrante de naturaleza. Foto: Nicolás Olyinek

Siestas de carnaval, paseos por la Laguna San José, bailes en el Parque Japonés, cabalgatas en pleno centro de Posadas, son algunas de las joyas que atesora Elvies Mercedes Semilla de Sesmero (94) sobre su feliz niñez y juventud en la Posadas de los años 40.

Hasta los 14 años vivió en Buenos Aires, su mamá Elvira ejercía la docencia y su papá era empleado del Ministerio del Interior por lo que viajaba por todo el país, especialmente recorriendo los territorios nacionales. Cada vuelta a casa era un raconto de aventuras para Elvies y su hermana mayor María Natalia, pero el verdadero cambio de rumbo se dio cuando don Esteban Semilla llegó a Misiones en el 38. Designado como interventor y habiendo conocido todo el país, se enamoró por completo del clima local, su gente, su selva, sus ríos...

‘‘Tenía un ímpetu bárbaro, un tesón...’’, recordó Elvies sobre la figura de su padre, que con una visión de vanguardia proyectó en ese momento la moderna ciudad con vista al río que hoy es Posadas.

Con ideas de afuera, asesoramiento de especialistas como Carlos Thays y en especial mucho empuje, Semilla puso el foco en el arbolado y el agua como dos factores clave de una región en la que el calor puede ser agobiante. Jardines, asfaltado,esculturas, fueron algunos de los hitos que trajo a estos pagos. Además de los cambios que generó en poco tiempo y que le valieron el acuerdo del Senado para convertirse en gobernador del Territorio, tenía la idea de que Posadas debía ser un balcón al río y por eso proyectó el origen la Costanera.

En 1941, lo designaron gobernador y entonces la familia decidió instalarse definitivamente en la ciudad. En total eran seis porque dos primas de Elvies habían quedado huérfanas desde pequeñas y se habían constituido como dos hermanas más. ‘‘Vinimos en barco...era una preciosura’’, explicó Elvies que con gran emoción recuerda los detalles de esos mágicos viajes también dentro de la provincia. ‘‘Nunca me voy a olvidar el viaje a las Cataratas. No he visto belleza más grande que esa, ese viaje de Posadas a Iguazú en barco, no sé cómo todavía no explotamos eso’’, remarcó la ya misionera.

Con cuatro niñas, preadolescentes, Semilla si bien tenía un carácter amoroso, bregaba por el orden. ‘‘Nos tenía derechitas’’, alegó Elvies al tiempo que detalló las ‘instrucciones’, ‘‘ni bien llegamos de Buenos Aires mi papá nos decía: ‘saluden a todos porque acá se conocen todos’’’. Asimismo, cuidaba el decoro, teniendo en cuenta que tenía un puesto público.

‘‘Él siempre remarcó que era un empleado. Se levantaba a las cinco a trabajar y nos levantaba a todas. Me acuerdo que cuando jugaba al carnaval no quería que mi papá se enterara. Nosotros eramos cuatro, multitud. Ellos dormían la siesta y nosotras salíamos por la calle San Martín (vivían en el domicilio anexado a lo que hoy es la Casa de Gobierno). Sacábamos la manguera y jugábamos al carnaval, mojábamos a todo el que pasaba… si mi papá se enteraba, nos mataba porque él cuidaba todos esos detalles’’, aseguró Elvies al tiempo que volvió a llenarse de nostalgia respecto de la tranquila vida que llevaban.

Cazar mariposas era otra de los pasatiempos de las niñas en la laguna, e incluso había clases de natación en la pileta olímpica que habia entonces. A medida que fueron creciendo, la ‘vuelta al perro’ en la plaza era una de las citas que más esperaban así como llegar a la tercera pista del Parque Japonés, donde había unos árboles blancos hermosos...

La Escuela Normal, según planteó la mujer, fue su vida, trabajó, conoció a su marido y se jubiló ahí.

Cuando llegaron de visita en el 38, el patio de la futura escuela era un potrero, donde iban a cabalgar durante el verano. Luego, ya instaladas en Posadas, a pesar de que al principio extrañaban a sus amistades, rápidamente abrazaron los hábitos misioneros. ‘‘Era una linda vida, mucho de autóctono’’, definió la menor de las Semilla y puntualizó que al principio les parecía raro que las clases fueran mixtas. Junto a la Escuela Normal, funcionaban el colegio Nacional y el Santa María como únicos espacios educativos.

Semilla debía jubilarse como gobernador pero el golpe de 1943 lo obligó a renunciar. Lo trasladaron a Santiago del Estero para seguir como interventor pero nuevamente eligió quedarse en Misiones.Nacido en San Pedro, provincia de Buenos Aires y mudado a la Capital, estiman que siempre añoró el campo y la naturaleza. Además ‘‘el que vive junto al río no nos queremos ir nunca de al lado del río’’, alertó su hija.

‘‘Era muy simpático, pero era muy recto también. Hizo de la función pública un culto’’, enunciaron sus herederos. Tal como supo graficar la historiadora Alba Celina Etorena de Freaza, le gustaba la gestión, pero no lo político, nunca tuvo ambiciones políticas, aunque sí siempre estuvo vinculado a la Municipalidad como referente e incluso en algunas funciones públicas después de haber ejercido como gobernador.

En una época en la que esta tierra estaba totalmente desconectada, aislada, de las grandes urbes, sin caminos directos, puentes o trenes. Semilla supo ver el potencial que tenía como parte de Argentina y en un lugar fronterizo clave. Fue testigo y ejecutor del crecimiento de esta región y de la provincialización.

En esa línea, Elvies manifestó que a pesar de haber sido testigo de las obras de su padre, el ‘metejón’ que tenía con crear una costanera, el ímpetu de impulsar grandes cambios, en ese momento no lo dimensionaban y nunca imaginó que la ciudad crecería tanto al punto de que hoy no la reconoce.

Pionera y testigo, heredera de una actitud decisiva, progresista, Elvies desarrolló toda su vida en Posadas. Se casó con Carlos Sesmero y tuvo dos hijos que le dieron otros tantos nietos. Sus hermanas también continuaron haciendo base en la Tierra Colorada y así muchas de esas pujantes familias a las que reconocía en la calle de pequeña o que cruzaba en algún cine o evento cultural, se convirtieron en parientes. Si del 38 al 41 o en los últimos 30, 10 años parece que Posadas cambió rotundamente, en los 80 que vivió Elvies aquí, se desglosa toda una poderosa y real historia.Así, honró la energía de su padre y entendiendo que la longevidad trae nacimientos y duelos, añoró sabiamiente: ‘‘El que vivió mucho, vio mucho, lo alegre pero también lo triste’’.

 

Esteban Semilla, un visionario que transformó Posadas

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