jueves 22 de febrero de 2024
Cielo claro 22.7ºc | Posadas

Los estudios de ADN y la autopsia, puntos clave del día 2 del juicio a Leal

jueves 01 de octubre de 2020 | 7:00hs.
Los estudios de ADN y la autopsia, puntos clave del día 2 del juicio a Leal
Gabriel Cristóbal Leal (43) afronta una imputación bajo la que puede ser condenado a perpetua.
Gabriel Cristóbal Leal (43) afronta una imputación bajo la que puede ser condenado a perpetua.

Con la declaración de otros tres peritos se desarrolló ayer a la mañana la segunda audiencia del debate oral contra Gabriel Cristóbal “Gaby” Leal (43), último acusado en ser juzgado por el crimen de Pablo Fraire (28), cometido en noviembre de 2002.

La audiencia comenzó minutos después de las 9 y declararon tres de los cuatro testigos que estaban citados inicialmente, ya que de común acuerdo las partes decidieron prescindir del testimonio de una bioquímica.

En este contexto, la discusión más importante de la jornada se focalizó sobre el aporte del último testigo: Roger D’errico, un licenciado en Genética que tras la llegada de Leal al país intervino como perito de parte. En su testimonio, el profesional cuestionó los resultados obtenidos en el cotejo genético realizado a partir de un pelo del imputado hallado años después del crimen en la remera de la víctima.

Para comprender este punto es necesario mencionar que a lo largo de la investigación se efectuaron varios estudios científicos, pero los últimos fueron realizados una vez que Leal volvió al país tras ser detenido en España en 2013.

Todos esos análisis fueron realizados en el laboratorio del genetista Gustavo Penacino en Buenos Aires, que también está incluido en la lista de testigo y en las proximas audiencias declararía de forma remota.

D’errico fue convocado por la defensa cuando Leal fue sometido a un hisopado bucal mediante el cual se pretendía volver a comparar su ADN con las muestras de sangre halladas en la remera de la víctima.

“Se iba a analizar el perfil genético del imputado, que se iba a contrastar con los perfiles que se habían obtenido anteriormente en las pruebas de la investigación. En ese momento intervengo yo y voy al laboratorio de Penacino, a donde se habían remitido las muestras del hisopado bucal”, contó al comienzo.

Y continuó: “Ese primer estudio no dio compatibilidad con los perfiles que se habían obtenido previamente, entonces se ordena que se remitan nuevamente los objetos, las pruebas, una camiseta, unos zunchos, al estudio de Penacino para obtener nuevas pruebas e intentar obtener perfiles genéticos. Nuevamente voy a Buenos Aires y allí simplemente asistí al momento de la apertura del sobre que contenían las pruebas. Se hicieron recortes de las prendas y se revisa las prendas. Después yo no asisto al procesamiento de las muestras”.

En ese punto, además dio detalles sobre el hallazgo del pelo. “Había dos muestras. Una remera manga larga y unos zunchos que tenían manchas de sangre. Vinieron en sobres cerrados, nuevos, de papel madera. Cuando se los abre, Penacino revisa las prendas, primero los zunchos (...) Después revisó la remera y también en los lugares que había sangre hacía recortes. Después, Penacino dice que ‘nosotros de rutina siempre revisamos los dobladillos de la prenda porque suelen tener pelos’. Entonces, al revisar la remera y los dobladillos encuentra pelos”.

Esos pelos hallados en total eran tres y, según los resultados obtenidos, dos eran se correspondían a la víctima y el restante a Leal. Pero aquí se abre otra importante discusión: si esas muestras capilares, después de tanto tiempo, aún eran capaces de contener material genético.

Bajo este panorama, D’errico fue directo: “Para mí era improbable, casi imposible, obtener un perfil genético casi completo como el que se obtuvo en una muestra de ese tiempo y degradada. De cuando se cayó hasta el momento que se procesó pasaron más de diez años. No sólo eso, sino que me parece ya muy raro que se obtuvo un perfil genético muy bueno de los tres pelos que se encontraron. Realmente me llama mucho la atención y hay algo que no me cierra”.

Por último, calificó como “casi un milagro poder tener esos perfiles que se obtuvieron de un pelo de esa antigüedad”.

De igual forma, tras las intervenciones del fiscal Martín Rau  y del letrado Martín Ayala, que encabeza la acción civil en representación de la familia de la víctima, el perito reconoció que su labor fue evaluar los informes realizados por el laboratorio bonaerense y en base a eso dar su opinión.

Previo a D’errico declararon otras dos profesionales de la medicina y de la ciencia que también habían aportado su testimonio en el primer juicio desarrollado en 2009 en contra de los otros dos acusados, Oscar “Poli” Castel y Gustavo Aranda Alvarenga (condenados a prisión perpetua). Las dos volvieron a ratificar lo volcado en sus informes confeccionados en aquel entonces.

Una de estas testigos fue la licenciada en Genética Carina Argüelles. La mujer narró que su trabajo consistió en analizar un trozo de remera en la cual se había detectado sangre de un grupo sanguíneo diferente al de la víctima y el objetivo era extraer el ADN de allí para poder identificar a quién pertenecía, pero la mala preservación de la prueba lo impidió.

“No encontramos ADN posible de ser analizado. Recibimos una prenda en una bolsa de polietileno humedecida. Cuando analizamos se observa la presencia de hongos en la prenda y el hongo degrada las células”, detalló. 

Luego declaró la médica Mónica Palacios, quien al momento del hecho era subjefa del Cuerpo Médico Forense del Poder Judicial y tuvo intervención en el examen de autopsia practicado al cuerpo de la víctima.

Ante las partes, la profesional admitió que el paso del tiempo podía interferir en su memoria, pero de igual manera brindó un testimonio con muchos detalles y al cerrar su aporte fue contundente: “Ratifico lo que dijimos en la autopsia”.

“Ha pasado mucho tiempo. Lo que recuerdo es la gran cantidad de sangre que tenía el cuerpo y la cantidad de heridas de defensa que presentaba”.

Y continuó: “Me acuerdo que en su mano, antebrazo y brazo izquierdo era impresionante la cantidad de heridas de defensa. Hubo una gran pelea. Se defendió mucho. Era evidente que eran como mínimo tres -en referencia a los posibles atacantes-”.

La médica explicó que el cuerpo de la víctima presentaba al menos 30 heridas cortantes, pero una de ellas dañó la aorta descendente y eso se constituyó como la herida letal. Palacios estimó que ese puntazo pudo haber sido el último que Fraire recibió, ya que después de ello no hubiera podido continuar defendiéndose con la misma intensidad, aunque en este punto fue repreguntada en varias ocasiones por la defensa de Leal, encabezada por los letrados Eduardo Paredes y José Luis Rey.

Temas de esta nota
Te puede interesar
Ultimas noticias