“La solidaridad siempre fue motor”
domingo 31 de marzo de 2019 | 5:00hs.
“La solidaridad siempre fue motor”
Por Eugenia Rossano interior@elterritorio.com.ar
Don Luis era doctor bioquímico farmacéutico, egresado de la Universidad de La Plata. Nacido en Entre Ríos e hijo de inmigrantes italianos, echó raíces con María de las Mercedes Pavón (oriunda de Santa Ana).
Tuvieron cuatro hijos, de los cuales es Ana María Quaranta de Errecaborde quien toma la posta y lleva adelante la reconstrucción de la aviación en la tierra colorada. Es un trabajo de archivo que demandó mucho tiempo en una primera instancia, y que hoy, por circunstancias irónicas del destino debe volver a realizar, pero ella cuenta con la voluntad y las herramientas académicas para cumplir con esa asignatura.
Profesora de Historia jubilada, esposa, madre y abuela, una vez terminado este nuevo trabajo de archivo, lo entregará sin recelos al Museo Regional Aníbal Cambas para su conservación y exposición. Además, su valioso anecdotario se lucirá en parte en la Estación de Transferencia de la avenida que lleva su apellido, “para que los pasajeros conozcan en honor a quien llevan ese nombre”, destacó.
Con una gran humildad y de impecable presencia, abrió las puertas de su casa a El Territorio para revivir el legado de su progenitor y de otros tantos amantes del aire.
“El trabajo es una recomposición de la muestra que yo hice, ya que mucho material se perdió, estoy tratando de rearmarlo. Pienso dejar, además, documentos, fotografías y también en objetos, como las antiparras de vuelo, los brevets de pilotos y las gorras de vuelo. Este es mi último hijito histórico, después… ya está”, comienza explicando entre risas.
Grandes hitos
Los inicios de la práctica en nuestra provincia se remontan al año 1917, cuando arribó a Posadas el primer avión piloteado por el teniente de infantería, aviador militar Antonio Parodi junto a Valentín Campero. Ya en 1919, dos hijos de Misiones, el sargento primero conductor de aeroplanos Luis Barrufaldi y Pedro Méndez, fueron quienes deleitaron a los asombrados posadeños con su aeroplano y desde entonces el vuelo en Misiones comenzó a cosechar anécdotas.
Para la historiadora, al igual que su padre, en la historia de la aviación misionera existieron muchos personajes con un altísimo sentido del honor, el respeto por la vida de otros, condiciones morales incorruptibles, “de estos valores se nutría el corazón de los primeros aviadores. La solidaridad era motor que los impulsaba”.
En 1935, cuando aún Misiones no había alcanzado su rango de provincia, se constituyó en Posadas y a través de la iniciativa de quienes venían desde el Aeroclub trabajando en una comisión denominada Pro Avión Sanitario, ésta vio sus frutos al año siguiente. Ana María señaló que la población entera prestó su colaboración, con donaciones, organización de festivales, actividades benéficas, en pos de recaudar fondos para la adquisición del avión del pueblo, Waco, primer avión sanitario de la provincia y del país en 1936.
Quaranta realizaba dos o tres vuelos semanales a Buenos Aires, el interior de Misiones, a cualquier hora cuando se lo necesitaba. Para el traslado de los enfermos del hospital Madariaga improvisaron una pista de aterrizaje dentro de su predio.
La investigación también resalta la figura del misionero Rolf Hossinger que consiguió un título mundial de volovelismo tras haberse impuesto en la clase libre, en Colonia, Alemania, en 1960. Antes de su fallecimiento en 2005, Hossinger fue capitán de la selección argentina en el Mundial 2003 de Leszno, Polonia.
Para finalizar, Quaranta resalta que mucha gente valiosa que paso su vida en el Aeroclub, fomentando la aviación, ayudando a los pilotos, dando posibilidades a los que no podían pagar las horas de vuelo para que pudieran aprender el oficio. “Si mi padre viviera, los motivaría a seguir trabajando sin buscar elogios, ni homenajes”.
Explorando los cielos, aterrizó parte de su historia en Posadas
En El Territorio se publicaron los avisos del servicio aéreo.
Por Marcelo Rodríguez interior@elterritorio.com.ar
El piloto, autor de la reconocida novela corta El Principito, además de ser pionero y precursor de la aviación, fue uno de los integrantes de la Societe Generale Aeropostale, empresa francesa que, buscando dar un uso comercial a los aviones, se abocó al transporte de correspondencia postal.
Su filial Argentina se instala en Posadas y El Territorio da cuenta en su edición del 11 de julio de 1929 de la inauguración de la Estación Aeropostal, que se había producido el día 9 de ese mes. El sábado 13 se publica en el periódico el primer aviso de la empresa.
La compañía había abierto rutas en el sur del país y hacia Chile a través de la Cordillera de los Andes. Al norte la ruta se dirigía hacia Asunción y, como la autonomía de las naves lo requería, se hacían paradas de reaprovisionamiento en Monte Caseros, Corrientes.
En Posadas, la oficina se encontraba al lado de la iglesia Catedral y la pista de aterrizaje del Aeroclub en el lugar donde hoy se erige el barrio homónimo, en el sur capitalino.
Cuántos paisajes debió atesorar en su memoria Saint-Exupéry. Arenas del desierto de Sahara, donde tuvo un aterrizaje forzoso y sobrevivió gracias a la atención de un beduino. Campos infinitos como los de Corrientes.
Verdes y rojos furiosos y agrestes como los de Misiones. Vientos fuertes como los de la Patagonia. Amistades, soledad, aventuras, momentos de reflexión en largos períodos fuera del hogar. Todo material de trabajo para la inspiración del literato.
Antoine de Saint-Exupéry es recibido en Buenos Aires el 12 de octubre de 1929. Tiene 29 años y escribe “es una ciudad odiosa, sin encanto, sin recursos, sin nada”. A principios de 1930 le escribe a su amiga Renée de Saussine: “Detesto la Argentina donde vivo y por encima de todo Buenos Aires. Vivo en un pequeño departamento en un edificio de quince pisos y una enorme ciudad de hormigón alrededor. Desgraciadamente aquí están además los argentinos. Me pregunto cómo podrá la primavera abrirse camino a través de millares de metros cúbicos de hormigón”.
Pero luego su apreciación sobre Argentina cambia. El aviador devenido en burócrata aprovecha cada oportunidad que tiene para subir a los cielos y escapar del tedio administrativo. Comienza a volar el trayecto Buenos Aires-Asunción. Busca pistas alternativas para aterrizajes como también elementos para orientar a los pilotos desde el aire. Explora las rutas.
Su trabajo así lo trae a Posadas, donde suele pasar la noche, pues sólo se volaba de día siguiendo la traza del tren y otros hitos.
La vida nocturna en aquellos días quizás fuese limitada, pero no para que los pilotos ocuparan las mesas desperdigadas por las veredas compartiendo una que otra velada. En Asunción se le atribuye un romance con una también aviadora francesa pero de ascendencia alemana, Hilda Ingenohl, en el Hotel del Lago de San Bernardino.
En total, 16 meses pasó el aviador en Argentina. En ese tiempo cambio su percepción sobre sus habitantes. Incluso trajo a su madre a conocer y recorrer Buenos Aires, el interior y también Asunción. “Me encontraba en la Argentina como en mi propio país. Me sentía un poco vuestro hermano y pensaba vivir largo tiempo en medio de vuestra juventud tan generosa...”, escribe tiempo después a su amigo el piloto argentino Rufino Luro Cambaceres.
La economía, el clima político, las decisiones empresariales lo llevarían a otros destinos, alejándolo de los cielos del Litoral.
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