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Para paliar la crisis, cambian verduras por otros alimentos

lunes 04 de marzo de 2019 | 6:00hs.
Para paliar la crisis, cambian verduras por otros alimentos
La familia solicita n ropa, útiles o alimentos no perecederos.
La familia solicita n ropa, útiles o alimentos no perecederos.
Los Rinaldi constituyen una familia de Garupá que ante la difícil situación económica que atraviesa, como tantas otras familias tanto en la provincia como en el país, decidió implementar estrategias para sobrevivir. La familia no tuvo más opción que buscar una salida a la crisis que golpea cada vez con más fuerza.

Cada madrugada, los Rinaldi se dirigen al Mercado Central y allí realizan distintas tareas a cambio de verduras frescas y las llevan a la calle -junto al semáforo que está en inmediaciones a la estación de servicio en el barrio Fátima- y con un cartel que reza ‘Te doy una verdura por un alimento’ se disponen al intercambio. Es una especie de trueque: verduras a cambio de algún alimento no perecedero, ropa, útiles escolares o bien lo que el cliente desee dar, sin un monto específico ni una condición específica.

“Todo viene bien y ayuda en estos tiempos difíciles”, dijo, en diálogo con El Territorio, Norma Mercedes Martínez,esposa de Víctor Hugo Rinaldi.

“Hoy trabajo de esto, no vendo, cambio una verdura por otro alimento, ya sea leche, fideo, arroz o lo que la gente quiera dar, tengo cinco hijos y trabajamos en familia, mi hija más grande tiene 16 y nos ayuda, como lo pueden ver, y la más chica tiene 8”, contó la mujer.

Agregó que “la idea surgió porque empiezan las clases, realmente la economía hoy día no está para darle de comer bien a los chicos, y muchas veces no nos alcanza para comprar un fideo, un arroz o carne, entonces damos la posibilidad a la gente de que nos dé un alimento que no sea frutas y verduras a cambio de esos alimentos, es decir, canjeamos frutas y verduras por otros alimentos”.
“A nosotros nos sirve y a la gente también, a veces, la gente tampoco tiene y nos da cinco o diez pesos; todo sirve. La gente es muy colaboradora, eso es algo que nos llena de emoción" dijo la mujer de 37 años que acompañada de su hija mayor y su esposo exhiben el cartel.

Mercedes dijo que se sienten estimulados porque no sólo reciben respuestas positivas de los vecinos. “Jamás pensé vivir algo así, a mis hijos les digo que es lo que nos queda, y hay que buscar la salida, todos ellos estudian, mi hija de 16 nos ayuda en esto y realmente nos sentimos orgullosos como padres, ya que una chica de la edad de ella tendría como pudor de hacer algo así; sin embargo, nuestros hijos aprenden del ejemplo que les damos y es ganarse la vida honestamente”.

“Nosotros les enseñamos a nuestros hijos que en la vida no todo es sentarse en la casa a esperar que se nos dé las cosas, sino que hay que salir a buscar soluciones aunque esas soluciones lleguen después de sacrificios y esfuerzos. Si uno se las ingenia se puede salir adelante, no de una manera holgada, pero se sale, al menos se puede comer todos los días y darle un poquito más de dignidad a la familia y, por qué no, a la juventud, ya que mi hija es adolescente y aquí está, orgullosa de su tarea y orgullosos nosotros como padres de su predisposición”.

La adolescente de 16 años, Milena, comentó que “la idea  surgió más que nada para ayudar a mis padres y a partir de ahí a mis hermanos, y este canje de frutas y verduras por otro alimento nos beneficia a nosotros y también a ellos, y a su vez estamos incorporando frutas y verduras en la dieta diaria de la gente que hoy día no acostumbra a comer sano, entonces es todo un ida y vuelta”.

La joven reconoció que si bien al principio sintió cierto pudor, consideró que es una manera de apoyar a sus padres y también seguir estudiando. “No tengo vergüenza, sé que muchos de mis pares no se ven haciendo algo así, pero uno nunca sabe las vueltas que da la vida, yo ahora todo lo que deseo es terminar la escuela, ir al Ejército y una vez allí estudiar alguna carrera que me abra más puertas en la vida para ayudar a mis padres y a mis hermanos”, manifestó Milena.

Su padre, Víctor Hugo Rinaldi, muy emocionado miraba orgulloso a su hija y con gruesas lágrimas dijo: “Esa es la única herencia que mi esposa y yo, que no pudimos estudiar, les estamos dejando a nuestros hijos, la herencia del trabajo, de luchar por lo que uno quiere, no dejar los estudios por nada, porque es una profesión la que no permitirá que ellos tengan esta vida con necesidades”. 
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