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La más popular del Norte misionero

domingo 30 de octubre de 2011 | 2:00hs.
La más popular del Norte misionero
Ingresar al santuario transporta a otra dimensión, es la quietud y las estampas de los santos que afloran en un mueble que contiene, además, velas, cintas de colores y  miles de historias, extrañas, reales, cargadas de esperanzas e ilusiones, que son relatadas por personas que buscan siempre algo mejor para su presente, futuro y para olvidar su pasado, que en algunos casos, los martiriza.
“Desde los 16 años comencé a trabajar, cuando era niña supe que tenía un don especial”, cuenta la mujer que se considera vidente. Doña Nélida -así prefirió llamarse para esta nota- tiene 46 años y es conocida en Colonia Mado, a unos 20 kilómetros de Eldorado. Dice que su videncia es hereditaria, desde la época de los bisabuelos: “Me animo a decir que de mi tatarabuelo, ellos realizaban esta actividad”.
La vidente es amable, tiene ganas de contar su vivencia, pero pide que no se revele su identidad: “Nos sentimos discriminados muchas veces, por eso pido reservas”.
Las personas desde muy temprano se convocan. “No quiero exagerar -dijo- pero a partir de las 2 y media ya están sentadas esperando”.
El día que El Territorio la visitó, a las 9.30 ya habían pasado más de veinte clientes. “Nunca cuento la cantidad, pero quizás atiendo entre 40 o 50 por día, o quizás más, la verdad es que son muchos”, y provienen de distintas ciudades como Rosario, Córdoba, Corrientes y Paraguay. “Ni qué hablar de la zona” dice sonriente.
Doña Nélida cuenta que las personas “vienen a verme por distintos problemas, sobre todo por el tema de trabajo, amor, enfermedad”, que son de diferentes clases sociales e incluso revela que “los políticos suelen visitarme, para saber como les va en su actividad”.
La mujer no cobra consulta y la gente deja a voluntad, “muchos dejan mercaderías o lo poco que tienen”. 
Para ayudar a quienes la visitan, utiliza básicamente oraciones, cintas y velas, dice, “nada más”. Las diferencias con los “chantas” radica en el cobro de la consulta. Ella no persigue un fin económico: “Todos necesitamos, pero yo no trato de sacar dinero; es más, son ellos los que deciden darme algo. Además trato de ser sincera, busco a través de Dios la verdad, es la fe la que cura, creer en el Supremo es un gran paso para lograr la ayuda que están necesitando, sólo soy un vínculo”.
“Las parejas son los más asiduos visitantes y son fieles a la hora de visitarme, quizás sean los que más problemas tengan. La falta de sinceridad y lo económico son factores decisivos en las peleas”, subraya.
También doña Nélida recibe muchos jóvenes que realizan juegos para invocar a fallecidos: “Tengo muchas visitas de ese tipo, quizás por curiosidad, por locura, realizan esas prácticas que son muy complicadas, relacionadas con el espíritu del fallecido”.


Clasi Fagunde, la famosa Brujita de El Soberbio

El Soberbio y Oberá. Dicen que puede curar a las personas, leer las manos, hacer conjuros de amor o unir a las parejas con sólo anotar el nombre y la edad en un cuaderno verde que le dio una virgen.  Algunos  vecinos la llaman “médica”, otros curandera, otros la bruja del pueblo o vidente, aunque Clasi Fagunde suele pasar desapercibida por la gran mayoría.
Esta mujer de pelo corto y castaño, de 56 años, era una señora de la chacra. Pasaba su vida al cuidado de sus cuatro hijos y la siembra del tabaco que cosechaba para vivir, hasta que una virgen le cambió la vida.  “Es un don que Dios me dio hace como seis años”, cuenta a El Territorio con un rosario colgado entre sus manos.
Si bien Clasi es un referente del curanderismo y la brujería en El Soberbio, llegar a su casa no es tan fácil. Hay que introducirse por un sendero de piedras ubicado en el corazón del barrio Maracaná, detrás de la terminal de ómnibus de El Soberbio. El pasillo está empedrado y allí habitan varias familias humildes.
Por lo que se puede apreciar desde afuera, Clasi vive en una casa verde y humilde de madera. La gente espera en una gran galería junto a unas plantas que adornan su jardín.
Clasi recibe a sus ‘pacientes’ en una habitación muy pequeña, con techo de chapa, un santo, una virgen y una computadora. De manera amable los hace pasar uno por uno a la pieza. Dice que detecta en el aire las intenciones con las que llega una persona. Lo único que hace es anotar su nombre y la edad en el cuaderno verde que le dio la virgen y, dependiendo de la necesidad de cada persona realiza la ‘sanación’. “A veces utilizo algún yuyo y en varias ocasiones hago venir más de una vez a las personas, pero si no tienen fe, no vale la pena que vengan porque yo no hago nada, yo soy un simple instrumento de Dios”, dice.
Desde que consiguió comprar un teléfono, puso un aviso en la radio y las consultas comenzaron a llegar como lluvia. Clasi ha ‘curado’ a gente de todas partes, de Buenos Aires, de Entre Ríos, Posadas. “Hay días que atiendo a veinte personas. A veces estoy enferma, pero igual tengo que atender. No tengo días ni horas, porque para Dios no los hay y no hago trabajos malos porque no hay plata que alcance para eso”.


Por el déficit educacional
“La proliferación de las ofertas futurólogas y de perspectivas mágicas para solucionar temas de la vida cotidiana es cada vez más grande, y se debe principalmente al gran déficit educacional que existe en nuestra provincia”, opinó el pastor Clóvis Kurtz, de la Iglesia Evangélica Luterana Unida de Oberá.
Para el religioso, los síntomas de la falta de educación son el aumento de loterías, bingos y casinos, y las ofertas de las adivinaciones y soluciones futurológicas.
En tanto, opinó que “si fuera posible adivinar el futuro, qué sentido tendría vivir el día a día y los desafíos que se presentan”.


Trabajo y amor, los temas más consultados

Posadas. La falta de certezas frente a las diferentes situaciones que presenta la vida, lleva a las personas a buscar pistas -a través de diferentes formas y medios- para satisfacer esa curiosidad que los angustia. Un pantallazo del destino puede servir para calmar esa intranquilidad, para retomar el paso del camino emprendido o para cambiarlo.
Hay personas que eligen la fe y la religión para sofocar esa incertidumbre, otras que consultan por el destino con adivinadores; y también están quienes combinan ambos. El Territorio salió a preguntar a los ciudadanos qué opinan al respecto: ¿Creés o no creés? ¿Fuiste alguna vez? ¿Qué te intriga de tu futuro?
Fabiola Quiroga (55) respondió: “Nunca he ido y tampoco iría. Es más, trato de convencer a la gente de que no crea en todas esas supersticiones, yo creo que van porque tienen inestabilidad emocional y entonces la gente se vuelca hacia eso”. En el mismo sentido, para Juan Franco (34): “El destino de cada uno está escrito. Yo veo muchas gitanas acá (terminal de ómnibus) que le roban a la gente con eso”.
Otro punto es el que señalan Mirta P. (60),  Walter Daniel López (33), Carolina Escarwardoski (27) y Mónica Rojas (26), quienes acuerdan en que es Dios el que guía y el que tiene la legitimidad para orientar el camino de cada uno.
Las opiniones al respecto reflejan la diversidad de creencias sobre esta práctica social colectiva investida de ritual. Como reza el reconocido refrán popular, “no existen, pero que las hay, las hay”.


Opinión
Roberto Carlos Abínzano
Antropólogo sociocultural. Profesor emérito de la Unam. Investigador.

Predecir, una mirada antropológica
La obsesión por predecir el futuro es tan antigua como la humanidad misma. Los mitos más arcaicos no sólo trataban de explicar el origen de todo lo existente, sino de inferir la continuidad de un orden en el que el porvenir o el destino fuera la consecuencia inevitable de fuerzas misteriosas cuyo control podía ejercerse a partir del pensamiento mágico. La creencia en un destino “escrito” en algún misterioso libro sobrenatural y sagrado llevó a cientos de generaciones en todas las culturas a intentar “leer” ese libro mediante los procedimientos más diversos. Esa lectura o desciframiento se realizaba interpretando toda clase de indicios como el vuelo de las aves, las vísceras de animales, los restos de huesos calcinados, la borra del café o las hojas del té, la consulta a oráculos, las predicciones de personas dotadas de poderes especiales, los videntes, los telépatas, y la lectura del horóscopo en los diarios. Son sólo unos ejemplos entre miles que podrían mencionarse. Paradójicamente, la ciencia nació tratando de conocer el futuro. Fue en las primeras civilizaciones de la Mesopotamia donde los sacerdotes observaban el cielo para encontrar en los astros respuesta a sus incertidumbres climáticas, etcétera, por tratarse de culturas de agricultura muy intensiva. Así nació la astronomía junto con la astrología. La primera se consolidó como ciencia y la segunda derivó en un conjunto de augurios absolutamente infundados y sin la menor seriedad en sus pronósticos. Pero los humanos parece que necesitamos una cuota de magia que no nos abandona del todo. Hasta los seres más racionales bajan la guardia alguna vez y tienen conductas cabalistas o rituales, consciente o inconscientemente. Muchas religiones actuales, sectas o grupos similares, utilizan una buena cuota de elementos mágicos y no religiosos en sentido estricto. Contribuyen a mantener a los hombres en una especie de infancia perpetua. La cantidad de supuestas “disciplinas” de todo tipo que proliferan en los medios de comunicación demuestran hasta qué punto las incertidumbres y acechanzas contemporáneas afligen a la gente.

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