Musinga, el rey
Primero: no figura en los libros de historia; segundo: Musinga es el nombre simbólico de un Rey que preserva de las lenguas profanas el suyo verdadero que nadie conoce ni pronuncia, sino su padre, en soledad, que lo bautizó así antes que el tal príncipe Musinga viniera al mundo.
Y es, por eso; (cosa que jamás serán ni el de bastos, ni el de espadas, ni el de oros ni el de copas, esa rantifusa realeza de la baraja...) verdadero Rey sin coronas doradas ni cortesanos que difundan otra nombradía más que “Musinga, el rey”.
El reino de Musinga es extraño paraíso; sus límites se mueven a cada paso que el monarca da, pero sin ser como la Utopía, inalcanzable; si Musinga camina dos cuadras hacia el norte el reino se dilata hacia aquel rumbo sin resignar los baldíos del Sur; si Musinga dobla en la esquina hacia el naciente, demorará el ocaso otro tanto en el poniente mientras en el barrio durará unas horas más el día (lo cual vuelve locos a los cartógrafos reales que dan por propias tierras ajenas, y a sus enemigos, que terminan invadiéndose a si mismos.)
Y así, cuando Musinga vuela con los pájaros de la plaza convierte en súbditas a las nubes y sus altos dominios rozan la cresta del arco iris de la luna; cuando Musinga se sumerge con los cardúmenes en el profundo mar, se encrespan arriba sus olas, saltan los delfines, y salpica la espuma plumas de gaviotas en playas desiertas... (los astrónomos reales aseguran que dos constelaciones antípodas se han desplazado por este mismo efecto...)
Es decir, simultáneamente para Musinga ningún lugar está cerca pero todo está al alcance de su mano. Un efecto parecido experimentó el Dante cuando ascendió al Empíreo: sus habitantes angelicales se veían con igual intensidad; al no existir lejanía ni cercanía, Dante vio el rostro de todos, y entre ellos, el de su amada Beatriz.
Al Musinga de mi barrio, señores, sabemos que se le adeudan la expansión del universo y la velocidad de la luz, las migraciones de aves silvestres y de las ballenas; los laberintos de los panales, la cábala del Loto, la forma de los corales; la lluvia de estrellas fugaces, los sunamis; ciertos amores y algunos desencuentros.
Aguará-í