Un artista de culto masivo

“Uno puede ser conocido en todo el mundo pero por poca gente”, reflexionó Kevin Johansen, un músico de estilo inclasificable y que soñaba con cantar agudo, como Sting o Bono.
jueves 22 de octubre de 2009 | 0:00hs.
Kevin Johansen dará un concierto por primera vez en Posadas el domingo, durante una gira que también lo llevará por Resistencia, Corrientes y Santa Fe. “La primera vez es una siembra”, reflexionó el artista, quien vendrá acompañado de su banda The Nada, integrado por músicos como Enrique Roizner, ex baterista de Astor Piazzolla.
Luego de recorrer el Litoral argentino, Johansen y su grupo darán una serie de recitales en España, según contó con tono calmo y tras el teléfono desde la ciudad de Buenos Aires.
Autor de canciones inclasificables, Johansen se hace llamar a sí mismo como un artista “des-generado”por esa particular tendencia a combinar estilos diversos, pasando de la cumbia al flamenco, o del pop al country, cantando en castellano, inglés o portugués.
“Yo soy muy ambicioso en el tema artístico, de hacer la mejor canción posible siempre, y de creer que, cuando una canción perdura en el tiempo, es el más grande éxito que podés tener como compositor”, apuntó ayer Johansen en diálogo con FM Radioactiva.

Músico de ida y vuelta
Mientras en el año 2000 numerosas personas emprendían el éxodo a otros países, Johansen realizaba el camino a la inversa, llegando desde Nueva York a la Argentina luego de diez años de ausencia. Desde entonces y tras la edición de cuatro discos solistas, Johansen tocó por diversas ciudades del mundo gracias a un fenómeno de divulgación que “es imposible buscarlo”, aseveró.
“Tiene que suceder, tiene que estar en uno, en lo que uno hace. Porque si lo buscás la gente desconfía. Porque no hay fórmulas, afortunadamente. En mi caso, digo un poco en broma y un poco en serio, que hoy por hoy uno puede ser de culto masivo, que quiere decir esto: que uno puede ser conocido en todo el mundo por poca gente, en cada ciudad. En mi caso yo pude llevar 500 o mil personas a Madrid, o Berlín, o al DF Mexicano o a Río de Janeiro. Y eso está buenísimo. Tampoco soy un artista que llena estadios o hago arena rock. Pero no es lo que yo hago”.

En Nueva York
En la década del noventa, Johansen - quien nació en Alaska, hijo de una madre argentina y un padre norteamericano - recayó en Nueva York. Allí conoció a Hilly Krystol, dueño de CBGB’ s, un lugar emblemático, donde tocaron bandas como The Ramones, Talking Head o Patti Smith. “Tuve como la oportunidad de encontrarme con  el CBGB’ s, el gran milagro de que el dueño me escuchara el primer día que canté y me dijera que tocara ahí, que grabara (con su sello). Ese fue un gran empujón para mí, en lo anímico y en lo profesional”, rememoró.
Tal acontecimiento sucedió años después de haber despegado de la Argentina tras la experiencia con Instrucción Cívica, banda en la que puso su voz durante la década del ochenta, con ventas que alcanzaron un Disco de oro en Perú.
Aunque por entonces, Johansen experimentaba un cambio muy importante, dejando atrás cierto pudor por su característico tono grave, el mismo que divierte con Daisy o seduce con Down with my baby.
“Quería cantar como Sting, como Bono, con una voz bien aguda”, admitió.
“Yo siempre tuve esta voz, medio de ultratumba. Y yo entonces obligaba a todos mis compañeros a cantar aunque no cantaran... aunque cantaran mal si tenían la voz aguda. Yo hacía voces en falsete atrás, entonces terminábamos sonando como las ardillitas. El primer disco sonaba como las ardillitas. Por suerte pudimos trabajar y hacer una gira muy interesante”, recordó.
“Yo estaba muy verde, y a los dos años o tres empecé a acomodarme con mi naturaleza. Era una cuestión de madurez, de empezar a experimentar más. Por ahí, sucede cuando se es muy chico y yéndote de golpe a grabar. Tenés muchas ideas para grabar pero por ahí no la plasmás del mejor modo. Que después decís ¡qué gil, hubiera cantado con mi voz!”.


“Daisy” y las travestis tangueras
Una de las canciones más celebradas por el público de Johansen es la curiosa Daisy, que alude a la historia de un travesti que, según el músico, no existe. Aunque es una especie de “homenaje” a los transexuales “de cualquier época”, apuntó el compositor.
“Es uno de los temas que más ha perdurado en el repertorio... y todos piden a Daisy. Llega tarde pero siempre llega. Fue muy cómico porque, amén de que es una milonguita criolla, la gente le tomó mucho cariño a la canción. Y lo canta con cierta dulzura también. Habla de un travesti de cualquier época. En un momento, el charanguista que toca conmigo me pasó unas fotos del año 30, donde están metiendo en cana a travestis de la época. Así que en los años 30 ya había travestis tangueras”.