La Policía lo acusó de ser un jefe narco, pero la Justicia lo sobreseyó

Martes 9 de julio de 2019 | 06:30hs.
Sanavria recordó que su esposa perdió un embarazo. | Foto: Daniel Villamea
Daniel Villamea

Por Daniel VillameaCorresponsalía Oberá

El sábado 19 de noviembre del 2016, Julio César Sanavria (42) se levantó como un día normal de trabajo. Era portero de un colegio en la ciudad de Jardín América y esa mañana su familia lo acompañó para ayudarlo con sus labores habituales.
Una hora más tarde fue arrestado por efectivos de la Policía de Misiones en el marco de una causa por narcotráfico y su vida cambió para siempre. Estuvo seis meses detenido, lo echaron de su trabajo y su esposa perdió un embarazo de cinco meses.
Testigos, pericias y registros telefónicos avalaron su inocencia y después de dos años y medio, la semana pasada la Justicia Federal decretó el sobreseimiento total de Sanavria por los delitos de almacenamiento y transporte de estupefaciente.
En el último párrafo de la resolución se cita: “(…) Haciendo la salvedad de que la formación del presente proceso no afecta su buen nombre y honor”.
Una frase legal que grafica la enorme paradoja en que está inmersa la vida del ex portero, ya que si bien para la Justicia es inocente y nada tuvo que ver con la carga de 5.500 kilos secuestrados aquel 19 de noviembre, desde entonces no consigue trabajo, su familia se empobreció y la comunidad lo mira con desconfianza.
Nancy Amarilla recordó que a los pocos días de la detención de su esposo perdió su embarazo y, para colmo, constató que se había quedado sin la obra social del IPS.
“Después me explicaron que como supuestamente yo era un jefe narcotraficante, me quisieron eliminar del sistema”, mencionó Sanavria.
En diálogo con El Territorio, aseguró que la acusación en su contra habría sido orquestada para desviar la investigación del hecho y denunció que fue torturado por el entonces jefe de la Policía de Misiones, comisario general Manuel Céspedes.

La detención
Sanavria recordó que antes de desempeñarse como portero trabajó diez años en la Municipalidad de Jardín América, al tiempo que hacía labores de construcción.
Sobre el día de su detención, comentó que si bien era sábado, esa mañana se levantó a las 7 para ir a limpiar el colegio y fue acompañado por su esposa y sus tres hijos.
“Llegamos, tomamos unos mates empezamos a limpiar. A las 8.30 le llevé al varón más chico al entrenamiento de fútbol y pensaba que volvía enseguida. Salí a la ruta 12, con dirección al polideportivo y me salieron dos autos de civil, en contramano”, precisó.
Resulta que era personal de la Brigada de Investigaciones. Lo apuntaron con armas y lo detuvieron frente a su hijo de 10 años.
Al costado de la ruta había varios remiseros que presenciaron la escena, a uno de los cuales le pidió que avise y busqué a su esposa, que estaba en el colegio.
“Me esposaron y me sentaron en el asiento de atrás. Mi hijo estaba adelante. Un policía subió, arrancó, dio vuelta en U y llevó el auto a 600 metros, detrás de un camión que estaba parado sobre un camino lateral. Yo no entendía qué estaba pasando. Me tiraron esposado abajo del camión, mientras mi hijo estuvo seis horas llorando adentro del auto”, relató.
Todavía conmovido, aseguró que ese día permaneció ocho horas tirado en el piso, lapso en que nunca le notificaron el motivo de su detención.
Luego lo llevaron hasta una dependencia oficial y por la noche fue torturado por el jefe de la Policía, según denunció: “Céspedes me torturó, me puso bolsas en la cabeza y agujas abajo de las uñas”.
Tal como declaró Sanavria, la Policía quería que firme el acta del procedimiento con datos que no se ajustaban a la verdad.
“Céspedes me dijo: ‘Me tenés podrido, agarrá y fírmame el acta, yo quiero resolver esto’. Pero primero me dijo: ‘vos sos Araujo’. ‘No’, le respondí. ‘Sí sos, y firmá porque encontramos las herramientas y la perforadora con que armaste el camión’. Le dije que las herramientas eran mías porque hago changas de construcción, pero no sé de qué camión me habla. Me leyeron y decía que yo iba atrás del camión con cuatro personas, nada que ver les dije. Y ahí me pusieron resistencia a la autoridad. Querían que firme, querían cerrar todo el paquete porque los jefes estaban afuera haciendo el conteo de la droga. Yo escuchaba el movimiento, pero nunca vi la droga”, detalló.
Luego fue trasladado a la comisaría de Urquiza, donde permaneció tres días en un calabozo esposado, sin que le permitan ir al baño ni avisar a su familia sobre su paradero. Al tercer día fue trasladado al Juzgado Federal de Oberá, donde vio a los otros sospechosos y preguntó el motivo de su detención.
Posteriormente fue alojado en la Comisaría de San Martín, donde permaneció solo en una celda durante las 24 horas del día por dos meses.
Después estuvo cuatro meses en la seccional Tercera de Oberá. “Es inhumano cómo están los presos. Hay lugar para 20 personas y éramos 100. En el verano llegamos a quedar 15 días sin agua. Conocí gente que está hace dos o tres años porque no hay lugar en las cárceles”, lamentó.

Empezar de cero
Tras obtener el sobreseimiento total, Sanavria y su esposa decidieron contar su verdad, denunciar las irregularidades y los padecimientos que continúan.
“Mi señora vendió todas las cosas de la casa para poder llevarme la comida. Desde que me detuvieron no pago la casa y ahora Iprodha me está iniciando una demanda. No me devuelven el trabajo y me dijeron que no me van a devolver más porque para el Consejo soy un narcotraficante. Me siento discriminado. No consigo trabajo en ningún lado y vivimos de changuitas. Si no estaba en los caminos de Dios, no sé si hoy estaría con mi familia”, reconoció apenado.
Comentó que mantiene a su familia con changas como ayudante de construcción, ya que “la Policía me robó todas las herramientas y tuve que empezar de cero. Mi auto tampoco sirve más porque quedó a la intemperie con todos los vidrios abiertos”.
Pero lo desvela conseguir trabajo y sueña con recuperar su puesto de portero. “Desde que estoy en libertad estoy mendigando por mi trabajo, pero no tienen en cuenta que no fallé un día. La escuela era mi segunda casa”, remarcó.
Además, exhibió una certificación de trabajo emitida el 9 de noviembre del 2016 por el director del establecimiento, diez días antes de su detención. “Demostró ser una persona honorable, responsable, confiable, capaz de ejercer sus obligaciones”, se lee entre los conceptos.


En cifras

5.500

Sanavria fue involucrado a un megacargamento de 5.500 kilogramos de marihuana incautado el 19 de noviembre de 2016.


Caso, pruebas y sobreseimiento

Inicialmente, el procedimiento por el que acusaron y luego sobreseyeron a Sanavria fue anunciado con bombos y platillos por la Policía de Misiones.
La investigación se inició después de que la dueña de una propiedad radicó una exposición indicando que alquiló un galpón a una persona que le pagó todo en efectivo y por adelantado, pero que no quiso firmar el contrato, lo que le despertó sospechas.
Luego, la mujer declaró que nunca vio a Sanavria en el lugar. A su favor también testificaron una decena de remiseros que confirmaron que el día de su detención conducía en sentido contrario al camión que llevaba droga.
“Peritaron mi teléfono y mis herramientas y dio todo negativo. Mi perforadora tenía una mecha para hormigón y el camión era un térmico, por ejemplo”, enumeró.
Y opinó: “Creo que conmigo desviaron la investigación. Recién hace seis meses Gendarmería agarró en Jardín a una persona que era buscada, pero resulta que tenía vínculos con la Brigada de la Policía. A él sí la dueña del galpón le reconoció. Para mí no hubo investigación”.
“Toda la Brigada de Jardín tiene denuncias penales en Puerto Rico por cohecho agravado, por torturas. En Jardín muchas causas son armadas. Salí y empecé a investigar por qué a mí. Así averigüé que si los narcotraficantes mueven 1.000 kilos, le tienen que dar 200 a la Policía para armar operativos”, denunció.

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