La aceitada banda que explotó el tráfico hormiga por encomiendas

Domingo 14 de julio de 2019
Cristian Valdez

Por Cristian Valdez fojacero@elterritorio.com.ar

Cinco de seis integrantes de una organización narcocriminal que enviaba marihuana en encomiendas hacia las provincias de Mendoza, Catamarca y Buenos Aires, utilizando el correo oficial e incluso colectivos de larga distancia que salían desde Posadas, fueron condenados hace alrededor de cuatro meses por el Tribunal Federal de Posadas.
Fue la banda más aceitada a nivel organizativo que operó en Misiones en los últimos años bajo la modalidad expuesta en este informe y el modus operandi quedó a la vista con roles bien definidos. Recibieron condenas en función del delito de transporte de estupefacientes agravado por la intervención de tres o más personas.
Se trata del empleado municipal posadeño, Matías Guy Seró (27); su novia, también posadeña, Karina Noemí Medina (28), con domicilio en el barrio Santa Rita (chacra 245); un empleado de la sucursal Posadas del Correo Argentino, Juan Manuel Correa (30), domiciliado en el mismo barrio; el diseñador gráfico oriundo de la localidad de El Bolsón, Río Negro, Peuma Co Arens (40) y el paraguayo -radicado en Puerto Leoni- Alejo Agustín Aranda Céspedes (44), changarín y empleado de un aserradero.
Seró fue condenado a tres años de prisión de cumplimiento condicional en calidad de partícipe secundario del delito de transporte, puesto que había sido detenido sobre la ruta nacional 12 a la altura de San Ignacio al mando de su automóvil particular con poco más de diez kilos de marihuana escondidos en el baúl.
En ese inconcluso viaje iba junto a la joven Medina, quien en su declaración se responsabilizó de toda la maniobra aduciendo que le estaba haciendo un favor a un conocido y desconocía que era droga el contenido de los paquetes, que recibió en Puerto Leoni para llevar a Posadas. Su versión fue derribada por las pruebas recibiendo una pena de ocho años de prisión efectiva en calidad de autora.
Por su parte, a Correa le alcanzó la calificación de coautor, recayendo sobre su espalda la pena idéntica de ocho años de cárcel al ser considerado una pieza clave en el entramado criminal y en cuanto al diseñador rionegrino, Peuma Co, bajo la calificación de confabulación para cometer el delito recibió una condena de tres años de prisión de cumplimiento efectivo, aunque no siguió en prisión porque le computaron el tiempo que estuvo privado de la libertad antes de la sentencia. Por último, el paraguayo Aranda Cáceres fue condenado a siete años en calidad de autor del delito de almacenamiento en esa cadena de tráfico.
El sexto, sindicado financista y cabecilla, César Raúl Araujo (34), aún permanece prófugo por lo que sigue vigente un pedido de captura internacional. Los elementos probatorios lo colocan como pieza central en la organización que quedó al descubierto a fines de noviembre de 2017 con la detención del quinteto, después de meses de investigación que incluyeron seguimientos y escuchas telefónicas a partir de una encomienda con marihuana que llegó a Catamarca pero por un error de cálculo nadie retiró.

Aceitado engranaje narco
El fallo de los jueces Norma Lampugnani, Manuel Alberto Jesús Moreira y Víctor Alonso tuvo consonancia casi plena con el pedido de condena que hizo la fiscal Vivian Barbosa en su alegato. 
En los fundamentos de la sentencia condenatoria quedó marcado con precisión el grado de participación de los condenados, desglosándose cada una de las pruebas que le dieron sustento a la acusación, sobre todo con escuchas entre los condenados en los que quedó expuesto el entramado organizativo.
Los jueces concluyeron que las maniobras consistían en mandar de manera frecuente pequeñas cantidades de marihuana (de entre diez y 20 kilos) con Araujo en el rol de cabecilla del grupo, Seró y Medina como transportistas desde el punto de acopio -Leoni o San Gotardo- hasta la base de envío (Posadas), Peuma Co como prestanombre y receptor de las encomiendas en las ciudades donde las enviaban, Correa como quien -aprovechando su trabajo en la oficina postal- hacía el seguimiento y evitaba contratiempos por medio de sus contactos en las distintas sucursales y el extranjero Aranda Cáceres como responsable de recibir y acopiar la sustancia en su propiedad de Leoni, entregada por un sujeto llamado Félix que la cruzaba en canoa desde Paraguay.
La evidencia obtenida a partir de las intervenciones telefónicas en las que siempre se hablaba de envíos, retiros, pagos y cobros entre compradores y vendedores, dejaron en claro que, por ejemplo, a fines de junio de 2017 se concretó un envío que no pudo ser retirado de la sucursal de una de las provincias con una pérdida estimada en 350 mil pesos y en septiembre de ese mismo año, otra encomienda enviada bajo la misma modalidad pero a nombre de Peuma Co (que viajó en colectivo para retirarla) fue interdictada en Catamarca por detectives de Gendarmería Nacional. 
Un error de cálculo que para el grupo fue una simple pérdida pero tuvo gran significado para lo que vino después.
Es que el seguimiento continuó con la misma intensidad pese a los cambios de números telefónicos del cabecilla, surgiendo el dato de un nuevo transporte desde Leoni a Posadas. Las alarmas se activaron y a fines de noviembre de ese año detuvieron a Seró y Medina sobre el puente del arroyo Yabebiry. Fue la punta del ovillo que concluyó en la desarticulación de la banda.

Escuchas, evidencia clave
La investigación que depositó en prisión a Medina, Correa, Co Arens, Aranda Céspedes y Seró fue llevada adelante por Gendarmería Nacional bajo las órdenes del titular del Juzgado Federal de Oberá, José Luis Casals y como se dijo, se apoyó principalmente en escuchas telefónicas captadas en directo y en distintos horarios durante varios meses.
Los condenados se defendieron explicando el contexto en el que supuestamente ocurrieron esas llamadas dejando entrever que apenas se conocían entre sí aunque admitieron haber tenido contacto con el cabecilla, asegurando que desconocían sus negocios y que fueron engañados. 
En el debate se reprodujeron algunas de las últimas comunicaciones que tuvieron.
En la primera -captada a fines de junio de 2017- los interlocutores fueron Peuma Co y Medina en su rol de transportista. Ella lo llamó interesada en Araujo. “¿Llegaste a hablar con César? Lo llamo, el celular me da apagado y no me dijo nada de lo que tenemos que hacer”, dice en un tramo, a lo que el hombre respondió negativamente y ella insistió: “Teníamos que ir viendo la ruta ¿Vos sabías algo de eso? (…) No te preocupes que tengo todo en mi auto, cualquier cosita hablamos”.
El segundo contacto fue entre Araujo y el sindicado proveedor de la marihuana, Félix. Fue el viernes 30 de junio de ese año y se refieren a un “trabajo” que iban a llevar a cabo “el domingo”, por el cual debían coordinar “con Tubo” (Aranda Céspedes, el acopiador). Se acusaron sobre el cobro de supuestas deudas, acordaron sumas de dinero y decidieron “moverse” en los días posteriores. “Vamos a hacerlo el domingo, porque no me organicé y no organicé a la gente. Hay que hacer allá donde hacemos nomás”, dijo Félix, a lo que Araujo respondió: “vamos a organizar bien, quedate tranquilo que lo hacemos”.
En el tercer audio, del 1 de julio, Araujo llamó a Medina. Le dijo: “los chicos trabajaron anoche, necesito un taxi de acá (Leoni) hasta Posadas”, a lo que ella respondió “perfecto” y repreguntó “¿Cuánta cantidad?”. Araujo acotó: “no sé cuanta cantidad, no me dijo”. En otro tramo de la misma conversación hablaron de no involucrar a otras personas, del cobro de distintas sumas de dinero a terceros y el hombre consultó sobre dos viajes similares. “Sería lunes y martes. No le dije a nadie porque estás vos, ganas 50 lucas en tres días”, manifestó y ella respondió: “si, bueno, vemos lo de hoy primero”.
Un día después, nuevamente Medina atendió un llamado de Araujo. El hombre reiteró la necesidad de viajar urgente, por lo que la mujer le aseguró que iría esa misma jornada, pero “más tarde”.
El 4 de julio ingresó a la secuencia de diálogos Correa, el empleado del Correo que hacía seguimiento de los envíos. Habló con Araujo demostrando interés por encontrarse personalmente porque, aparentemente, nadie fue a retirar las encomiendas.
Se interpretó que estaban nerviosos y Correa le dijo: “no se va a poder recuperar eso, ya te expliqué chamigo. Se mandó, ya está y la van a retener cuando se den cuenta que no la va a buscar nadie. Pasó un montón de veces y ahora quedó. Yo te dije antes de mandar a ese lugar”.
Después de eso el empleado postal habló con un NN. Se interpretó que estaba tratando de hacer algo para recuperar la encomienda que había sido interdictada por los federales. 

El sindicado cabecilla sigue prófugo

Uno de los testimonios mas reveladores escuchados previo a la sentencia fue el del comandante principal de Gendarmería Nacional, César Luis Fuglistaler, quien al momento de la investigación se desempeñaba como jefe de la Unidad de Investigación y Procesos Judiciales en Misiones. El hombre, que ahora trabaja en Salvador Mazza, Salta, confirmó que “la droga ingresaba por la zona costera y era trasladada en un vehículo como remis o por los mismos actores hasta la ciudad de Posadas y luego redestinada bajo la modalidad de encomienda a las grandes ciudades”. La investigación, señaló el gendarme, inició con Araujo: “Es el principal actor, el organizador y las demás personas sus colaboradores”, desarrolló y admitió que es difícil rastrearlo porque “cambia constantemente de teléfonos y domicilios, lo que dificulta su ubicación”. Sin embargo -aseguró- cada vez que tenía un número nuevo se comunicaba con el proveedor de la droga (Félix) que también estaba siendo escuchado, por lo que eso advertía sobre sus movimientos”. El pedido de su captura sigue vigente.

En cifras

$50.000

De acuerdo a las escuchas que se reprodujeron durante el debate, Medina iba a cobrar $50.000 por transportar marihuana desde Puerto Leoni a Posadas.

$350.000

La primera encomienda secuestrada en Catamarca dejó a la banda una pérdida estimada en $350.000.


Detectar perfiles de riesgo deriva en las incautaciones

En esta modalidad de tráfico denominada “hormiga” nadie tiene una estimación cierta de cuánta droga es la que saltea los controles y se despacha por correo sin ser descubierta, pero la tendencia preocupa tanto a las autoridades como a las oficinas postales que en la mayoría de los casos son las primeras en dar el alerta sobre paquetes considerados sospechosos.
Detectives federales que investigan esta forma de tráfico desde hace varios años explicaron a este matutino algunas de las características de quienes lo llevan adelante y en ese punto marcaron como coincidente que  pocas veces las organizaciones superan los seis miembros y los fundadores suelen tener antecedentes por tráfico de drogas, lo que los hace conocedores de cómo deben moverse en el ámbito. 
Muchas veces usan la misma identidad (falsa pero respaldada por un DNI original) y en esos casos las empresas se manejan con perfiles de riesgo y los empleados tienen instrucciones de poner atención sobre determinados datos o características de quien despacha el paquete.
En ese punto marcó como sospechoso alguien que ante determinada característica de envío deja su número de teléfono celular pero no su teléfono fijo y además paga en efectivo sumas elevadas, tratando de no dejar registros de tarjetas. Es uno de los considerados perfiles de riesgo. 
La misma fuente indicó que los controles se completan con escáners y entrecruzamientos de datos que hacen que las fuerzas federales emitan alertas a las empresas de correo. Más allá de eso hacen requisas aleatorias en los puntos de despacho y en pleno tránsito sobre los transportes y colectivos, con canes entrenados para detectar estupefacientes.
El tráfico hormiga seduce porque tiene un costo más bajo por la cantidad y también es menos riesgoso porque aunque la encomienda sea interceptada resulta bastante difícil identificar quién la mandó, salvo caso que haya un seguimiento como en el caso de la banda de misioneros condenada recientemente.  
Se debe tener en cuenta que el término “narcoencomienda” es abarcativo. No necesariamente la droga sale de Misiones en una caja debidamente encintada. En el interior de un secarropas, en la caja de cambio de un camión, en baldes de pintura y hasta adentro de un sillón tipo puff, la droga es despachada. 

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