Entrena a decenas de niños gratis para poder sacarlos de la calle

Domingo 11 de noviembre de 2018
Milton Ortiz tiene 62 años y una pasión innata por el fútbol. Hace casi 30 años se dedica al entrenamiento infantil para acercar a niñas y niños, muchos de ellos de barrios carenciados de San Pedro, al sueño de convertirse en grandes futbolistas. De hecho, su dedicación llevó a muchos de ellos a jugar en importantes clubes misioneros y argentinos, e incluso en otros países; y todo lo logró motivado por el enardecimiento futbolero, ya que el trabajo es netamente voluntario.
Sus primeros pasos detrás del balón fueron en la escuela, cuando ya con 12 años fue parte de equipos dentro y fuera del país. Para llegar hasta Brasil, donde fue jugador en el club Cruzeiro Sao Miguel Do Oeste, debía caminar varios kilómetros por medio del monte, desde Yabotí hasta la frontera.
Ese trayecto lo llevó a vivir algunas experiencias que nunca olvidará, como haber visto un yaguareté, o las veces que se encontró con el río Pepirí Guazú y una familia lo ayudó a cruzarlo en su canoa. En aquellos años, cuando no existía un puente para llegar de un lado al otro, y los caminos a veces se tornaban intransitables, nada era un impedimento para Milton, quien siempre estuvo motivado por el grito de gol.

Llegada a San Pedro
Oriundo de Paraguay, Milton se estableció definitivamente en la Capital de la Araucaria en 1987. Su primer equipo allí fue el Club Atlético San Francisco de Yabotí, a cargo del técnico Dorildo Fernández. Con el paso del tiempo se ganó el cariño de sus compañeros, quienes se fueron convirtiendo en sus amigos y comenzaron a reunirse en su casa, y fue en aquellos momentos cuando notó la falta de una cancha en el municipio.
Su historia está marcada por la fuerza de voluntad y la perseverancia, sobre todo ante la ausencia de recursos y acompañamiento por parte de las autoridades en los últimos tiempos. En una de esas tardes de entrenamiento, Milton recibió a El Territorio y relató cómo nació su amor por el fútbol infantil.
Comenzaron con los torneos relámpago y el auge fue tal que llegó a haber 200 niños participando, y fue entonces, en 1992, cuando surgió la idea de una liga: “Los campeonatos relámpago que organizábamos terminaban en el día. Fue impresionante cómo empezaron a participar nuevos barrios y colonias. Entonces nos reunimos y decidimos hacer un torneo largo, por puntos. Comenzó en la cancha juvenil, era una época con mucho fútbol, había mucho apoyo, mucha gente interesada en el deporte”, recordó y sostuvo que hoy en día se volvió muy complicado sostener la iniciativa.
Su principal objetivo era darles la posibilidad a los chicos de la zona rural a que compartan y conozcan la ciudad a través del juego, y a su vez sacar de la calle a los más carenciados de la zona urbana. Así comenzaron los entrenamientos, basados en la experiencia de años de desempeño como marcador de punta izquierdo, y la iniciativa fue muy bien recibida por todos, más aún por los padres de los niños, quienes siempre acompañaron y continúan haciéndolo hasta la actualidad.
Esta posibilidad fue muy importante en la vida de muchos jóvenes, quienes lograron avanzar en la carrera y muchos de ellos lograron salir de los vicios en los que habían caído. “Varios llegaron a México o Crucero del Norte; otros no siguieron la carrera y cambiaron de profesión; alguno siguió como director técnico o se pasaron al fútbol de salón, pero tuvieron la oportunidad de salir del interior. En muchas oportunidades tuvimos casos de chicos metidos en el alcohol que mediante el incentivo dejaron ese mal camino y hoy son excelentes personas y profesionales”, comentó Milton.
El propósito es sumamente importante, por ende sostenerlo es uno de los mayores desafíos. Esto se debe a la falta de recursos económicos para conseguir los elementos para la práctica del fútbol y a la falta de campos de juego en buenas condiciones, para que los niños y las familias puedan contar con las mínimas comodidades. Muchas veces es un impedimento para que la totalidad de los interesados puedan seguir creciendo, ya que la falta de espacios se vuelve una complicación. En este sentido, hoy por hoy la actividad es llevada a cabo en una precaria cancha cercana a la ruta nacional 14, donde no cuentan con servicios básicos como agua. Esto hace que los jugadores atraviesen la arteria nacional para acceder al vital líquido en una estación de servicio, lo que genera un riesgo para su integridad física. Por eso hoy acondicionar el predio es “el sueño del pibe”.
Pese a las dificultades, a no recibir ninguna remuneración y a los problemas de salud que le impiden correr y hacer ejercicios localizados, el motor de este aficionado es la satisfacción de hacer lo que ama. Así, agarra una vieja bicicleta en la que se moviliza y va a entrenar a los chicos. “Perdí la cuenta de las veces que puse dinero de mi bolsillo para pagar algún viaje y que todos los chicos puedan ir y compartir con otras localidades, pero esa alegría que sienten ellos, hace que yo lo haga con gusto porque sé que desde mi humilde lugar estoy ayudando a estos niños que se esfuerzan mucho, que sueñan, que luchan. Necesitamos más gente que apueste al deporte, necesitamos nuestro lugarcito, yo me siento feliz de hacer lo que tanto me gusta y seguiré hasta cuando pueda, quiero mucho a cada criatura”, reflexionó.
Por su amor y compromiso, hoy tiene un homenaje y es la actual edición de la liga local “El Brasilero”, lo que le genera una enorme emoción: “Que te reconozcan en vida es algo que te llena de alegría. Agradezco a los delegados y a quienes organizan esa liga en mi honor, da fuerzas para seguir sacando a más niños de la calle”, concluyó. 

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