Elvira, fiel vecina de Villa Blosset

Miércoles 5 de diciembre de 2018 | 07:00hs.
Su bisnieta le dice Coco, como la protagonista de la último éxito por demás emotivo de Disney. Es que Elvira Palacios llevó adelante una familia con siete hijos propios más cuatro sobrinos siempre con entereza y gran disciplina.

Es una especie de guardiana del barrio Villa Blosset, ya que con 94 años cumplidos hoy, es una de las más longevas de la zona.
Sufrió siete infartos, pero conserva una calma y una lucidez admirables que le permiten vivir sola, aunque a pocos metros de sus familiares más cercanos.

Se enorgullece al proclamar que todos sus hijos resultaron estudiosos y hoy son exitosos (uno falleció hace ocho años). La norma que les imponía Elvira en sus días de niñez era ir directo “de la escuela a la casa”. Así evitó que pasaran mucho tiempo deambulando por la calle y evitaran tentaciones como el cigarillo y el alcohol.

Aún se acuerda de cómo funcionaba todo hace 75 años, cuando decidió iniciar su vida familiar en el barrio posadeño. El trajín del puerto, el funcionamiento de la usina eléctrica, la estación de trenes y la provista de carne cerca a la Bajada Vieja, donde luego funcionó Prefectura Naval, y cómo las verduras llegaban frescas del Paraguay gracias a las villenas. Además, otras paradas obligadas del centro para compras eran La Tropical y la Tienda Buenos Aires.

Oriunda de Cambyretá, Paraguay, se instaló en Posadas tras casarse a los 17 con Pedro Custodio Ribeiro -oriundo de Brasil-, icónico taxista del puerto y el primero en ofrecer el servicio de taxi-flete de la zona.

Elvira vivió todos los grandes cambios urbanísticos del barrio, al que reconoció como muy humilde y toda la revalorización que vino de la mano junto a la construcción de una nueva ciudad y la Costanera. Recuerda que “antes, esto era todo monte y caminos de tierra” y cómo se configuró paso a paso el Mercado Modelo La Placita.

A pesar de estar atenta a su alrededor, siempre eligió la tranquilidad de su casa a las salidas a los bailes, por ejemplo, y uno de los paseos más asiduos junto a su marido era viajar hasta Iguazú, a ver las Cataratas. Enviudó a los 35 años y logró criar a sus hijos trabajando como ama de casa, empleada doméstica e inculcándoles el estudio y la fe. Para poder organizarse mejor, cuenta que algunos chicos iban a la escuela a la mañana y otros a la tarde.

Como buena abuela (hoy ya bisabuela), su especialidad son las comidas suculentas como el locro, la mazamorra y el arroz con leche. Además solía hasta hace poco dedicarse al tejido de crochet.

Se muestra orgullosa de que todos sus hijos sean argentinos y hayan forjado emprendimientos en Misiones. Dice que no extrañó alejarse del Paraguay y que solía visitar siempre a su madre en su ciudad natal, hasta que ella falleció a los 105, como marca genética de su longevidad.

Con nietos que ya no puede enumerar o contar con los dedos, hoy celebra un nuevo aniversario, que la encuentra fuerte en la casa en la que vive hace 75 años y a la que construyó ladrillo a ladrillo con sacrificio. Aunque evita las celebraciones, su familia la sostiene como un baluarte local ejemplar. 

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