El caso de gatillo fácil que sacudió a Misiones y unió al pueblo de Santa Ana

Domingo 8 de septiembre de 2019 | 06:30hs.
Carlos Cardozo

Por Carlos Manuel Cardozo fojacero@elterritorio.com.ar

Los investigadores policiales que estuvieron en Santa Ana durante una semana reconstruyeron que Víctor Márquez Dos Santos (16) había ido a su casa cerca de las 22 la noche del viernes 23 de agosto. Su padre Eriberto Márquez (66) sufría parkinson y el adolescente, encargado de cuidarlo, a esa hora tenía que darle su medicina. 
Según contó una de sus hermanas, cuando a la mañana siguiente el joven no aparecía don Eriberto le dijo que se había ido muy temprano porque estaba organizando un locro. “Papi si te levantás mañana y no estoy, no te preocupes que me fui a la Iglesia”, contó al hombre que le había advertido su hijo.  
Nunca llegó. En una calle terrada cerca de la Escuela de Comercio N° 10 su cuerpo fue hallado sin vida con un balazo 9 milímetros que ingresó por el ojo. La autopsia reveló que no tenía ninguna otra lesión, es decir que fue asesinado estado indefenso, de rodillas o acostado en el piso mirando hacia arriba. 
El crimen estuvo sin destrabarse una larga semana de hipótesis diversas, silencios incómodos y la presión ejercida por la sociedad que salió en multitud a exigir justicia dos veces. Mucho tiempo, teniendo en cuenta que el presunto asesino y sus cómplices estaba allí mismo e incluso habrían participado de los procedimientos, asistido al velorio de la víctima y consolado a Eriberto, que terminó muriendo de angustia. 
La línea investigativa relatada por la Policía fue que el joven había quedado involucrado en una trama narco, pero hoy, quince días después del hallazgo del cadáver, tres efectivos policiales están detenidos y ya fueron indagados por la Justicia. A Víctor, como insistió su familia, le quitó la vida una bala policial. Fue víctima de gatillo fácil. 
Hasta hoy piden que investigue otra fuerza, pero ese pedido no fue atendido. Las voces de los vecinos, colegas y ex compañeros de Deibid V. (32), principal acusado, describieron al acusado, de Jardín América y desde hace tres años y medio en la fuerza, como muy violento, altanero y que incluso anteriormente corrió a chicos en la vía pública. 
En parte, por esto todos los efectivos de la comisaría de Santa Ana fueron desplazados, al igual que los jefes de la Unidad Regional XIII. Nadie denunció, ni hizo nada ante este comportamiento e irregularidades. Antes y después del crimen hubo inacción. 

El día clave
Como viene informando este medio, el 31 de agosto fue el día clave, ya que el juez subrogante Fernando Verón ordenó la captura de los siete efectivos que estuvieron en la guardia la noche del crimen. Se trata de dos oficiales y cinco suboficiales, aunque solamente cuatro de ellos estuvieron en la patrulla que interceptó al joven durante esa madrugada. Sus casas fueron allanadas y sus armas incautadas. Tres de ellos siguen presos. 
Acompañan al oficial que presuntamente ultimó a la víctima con su arma reglamentaria, Matías A. (30) y Rubén N. (43). Todos se abstuvieron a declarar en audiencia indagatoria y fueron imputados por el delito homicidio agravado por su condición de funcionario público en ejercicio, que prevé la pena de prisión perpetua.
Desde la defensa del señalado homicida, en tanto, indicaron que el joven asegura que no tiene nada que ver y que incluso preservó la escena del crimen y recolectó pruebas. Ampliaría su declaración pronto, aunque primero su defensa deberá analizar el expediente. Todos pidieron la excarcelación. 
Entre los liberados se encuentra una suboficial que también estaba en la patrulla y el úlitmo sábado se quebró y terminó confesando lo que había ocurrido. Esto llama la atención, debido a que, a priori,  tiene la misma responsabilidad que los compañeros que iban en el vehículo. 
De todas formas se aclaró que están supeditados a la investigación.

La pericia balística  
La principal prueba con la que cuentan los investigadores es la pericia balística, que confirmó que Víctor fue asesinado con el arma que pertenece a  Deibid V. (32). La novedad fue confirmada el lunes por el jefe de la Policía de Misiones, José Manzur, y el ministro de Gobierno, Marcelo Pérez.  
La información hasta entonces indicaba que el efectivo policial podría haber utilizado una segunda arma, que poseía de forma ilegal, y que fue descartada junto al teléfono celular de la víctima en un pozo cercano al lugar del hecho. 
Incluso, se informó desde la fuerza que el juez Verón y los investigadores de la Dirección de Homicidios realizaron “rastrillajes en busca de elementos, como ser el arma utilizada y teléfono celular de la víctima, por la localidad y en especial en el predio lindante al lugar del hallazgo del cadáver, donde hay arbustos y un pozo”. 
Después se dijo que el trabajo recién finalizó el lunes, nueve días después del hallazgo del adolescente. 

El relato de la policía que vio morir a Víctor

Según el relato de la suboficial implicada en el hecho, Víctor se encontraba con dos amigos en la vía pública esa noche y se cruzaron con la comisión policial que, en principio, no los pudo interceptar. En esa primera instancia ella estaba en la comisaría, pero el móvil volvió y reemplazó a una compañera para volver a salir a la calle. El móvil volvió a cruzarse con el grupo en una calle de tierra de la Escuela Comercio 10 y en esa instancia solamente dos pudieron escapar, quedando Víctor de rodillas o tirado en el piso. Entonces el oficial se bajó, caminó hasta él y lo remató a sangre fría. Como viene informando este medio, la bala ingresó por su ojo derecho y salió por la región parietal izquierda del cráneo con la consecuente pérdida de masa encefálica; el adolescente no tenía marcas de arrastre, ni otras lesiones. Solamente tenía las rodillas con tierra, lo que es coincidente con las palabras de la policía. Después el uniformado volvió a subirse al patrullero y amenazó de muerte a sus colegas si contaban algo.

La mamá de una víctima pide rigurosidad y controles

Cristian Valdez

Por Cristian Valdez fojacero@elterritorio.com.ar

Los recuerdos de Arnaldo Alejandro “Nano” Amarilla (33) se mantienen intactos en la memoria de Francisca, su madre e impulsora de varias movilizaciones con la consigna “Justicia para Nano”. 
Su hijo fue víctima de gatillo fácil estando en la vereda de su casa, en el barrio A 3-2 de Posadas, a mediados del año pasado. Hace poco se conmemoró un año de aquel crimen y recientemente se sumó otro hecho parecido: la ejecución a sangre fría del adolescente Víctor Fernando Márquez Dos Santos (16) en Santa Ana.
“Me cayó muy mal. Me hizo recordar a mi hijo y con eso regresaron los miedos, el dolor que sufrimos desde entonces toda la familia. Pobre chico. Pobre padre”, dijo conmovida. 
El cimbronazo que sintió como madre de una víctima de un policía asesino se potenció al interpretar que pese a la contundente respuesta oficial en el último caso “no va a ser el último porque lamentablemente la fuerza está minada de criminales que por vestir uniforme se creen omnipotentes, con derechos de hacer lo que quieren donde sea y eso no debe pasar”. 
“Cuando mataron a mi hijo le rogué a las autoridades que hagan algo porque iba a haber más víctimas y mirá lo que pasó con el pobre chico (en referencia a Víctor). Tiene que haber un castigo, que los policías o de la fuerza que sea, sepan que nadie los va a proteger. El rol que tienen en la sociedad es cuidarnos, es brindarnos seguridad. Si matan son asesinos y los asesinos deben estar en la cárcel, no armados con sus pistolas caminando la calle”, reflexionó. 
En ese punto, más allá del desplazamiento inmediato y castigo para los uniformados que cometen delitos Francisca opinó que también debe haber un cambio en la modalidad de ingreso a la fuerza y chequeos aleatorios diarios para detectar si consumen bebidas alcohólicas o estupefacientes. 
“Se manejan de esa forma porque están seguros que no les va a alcanzar la Justicia. Para defenderse dicen que no fueron bien preparados, como en el caso del que mató a Nano. ¿Cómo puede ser? Tiene que haber un control más estricto de ingreso, estudios psiquiátricos constantes, chequeos aleatorios para saber si toman o se drogan. Cuando entiendan -los policías- que son ciudadanos como nosotros y que todo el peso de la Justicia va a caer sobre ellos, cambiarán sus formas de manejarse, pero mientras tanto van a seguir matando inocentes”, afirmó la mujer.
Sobre el final de la charla ponderó la actitud de la Jefatura de Policía, que se reunió con la familia de Víctor, además la confesión de la suboficial que rompió el pacto de silencio. “Cuando mataron a Nano nadie vino a solidarizarse, a brindarnos apoyo. Es más, nosotros nos movimos para romper la cadena de encubrimiento que había. Igualmente, celebro que las autoridades se acerquen a las víctimas porque en momentos como estos es bueno saber que la lucha no es únicamente familiar”. 

Gatillo fácil
El 1 de julio del año pasado Arnaldo Alejandro “Nano” Amarilla fue asesinado a balazos por el sargento de la Policía de Misiones, Esteban Soley (34), en medio de una de las recorridas preventivas por enfrentamientos entre bandas en el barrio A3-2 de Posadas.
El uniformado utilizó una escopeta policial (Ithaca) perteneciente a la Comisaría Décima, cargada con postas de goma y plomo. Disparó dos veces, de frente y a espaldas del hombre que fue encontrado horas después, desangrado cerca de una de las puertas laterales del inmueble. 
Cuando declaró en la instancia indagatoria ante el titular del Juzgado de Instrucción Seis, Ricardo Balor, Soley aseguró que no sabía qué proyectiles tenía y que disparó al aire a modo disuasivo, no al cuerpo de la víctima y que previamente, éste lo había amenazado con un cuchillo.
Su versión fue endeble ante el cúmulo de pruebas por lo que hasta el momento continúa detenido con prisión preventiva por el delito de homicidio simple agravado por su condición de funcionario público.
El otro involucrado es el oficial subayudante David Villalba, acusado de encubrimiento al ser chofer de la patrulla esa noche en que fue cometido el crimen y no denunciar a su colega ante sus superiores. Fue excarcelado pero sigue ligado al proceso. Desde entonces los Amarilla piden justicia. 

En cifras

14

Meses pasaron desde el homicidio de Arnaldo Alejandro 'Nano' Amarilla. El policía Esteban Soley está detenido.


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