Docencia itinerante

Viernes 12 de julio de 2019 | 07:00hs.
“Si comparamos el sistema educativo con un cuerpo, los educadores son su corazón. Y así como la ciencia ha sido incapaz de crear un reemplazo viable del corazón, tampoco la tecnología puede reemplazar a los educadores reales”. 
Este es uno de los fundamentos que rige al Premio Iberoamericano a la Labor Docente que entrega la Asociación Educar para el Desarrollo Humano y que tiene entre sus 20 finalistas al misionero Julio Pereyra, residente en Capioví.
El proyecto de este docente de 34 años se enmarca en lo que llamó Escuelita Ambulante Caminos de Tiza, que lleva adelante una educación especial, inclusiva y comunitaria. Con su guardapolvo blanco, recorre comunidades aborígenes, barrios humildes, colonias y basurales no solamente de Misiones sino que ya pasó por provincias como Corrientes, Chaco, Formosa, así como Paraguay y Uruguay.
Los finalistas se someterán ahora, hasta el 7 de agosto, al voto de la gente mediante internet ingresando a la página asociacioneducar.com. Los tres proyectos más votados serán anunciados el 15 de agosto y finalmente la premiación será el 31  en el Salón de Consejo Dr. Bernardo A. Houssay, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.

Para votar

Hasta el 7 de agosto Para votar a Julio Pereyra, se debe ingresar a la página www.asociacioneducar.com. Los tres más votados serán anunciados el 15 de agosto y la premiación, el 31.

“Mi tarea es itinerante. Vivo en Capioví, estoy radicado acá, y con mi pareja que me acompaña a veces vamos a varios lugares y nuestro trabajo es de formación a docentes y a padres, no se trata solo del trabajo con los niños”, contó Julio a Acá te lo contamos por Radioactiva. Y agregó: “Cuando estamos con los niños y adolescentes están los docentes y los padres también viendo qué hacemos y luego les dejamos secuencias didácticas armadas, dejamos tareas, armamos material terapéutico y educativo”.
Como Julio trabaja en algunas comunidades mbya de la provincia y con chicos que tienen diferentes discapacidades, aprender el guaraní es de suma importancia, así como también contar con las herramientas necesarias para realmente poder ayudarlos en el proceso de aprendizaje.
“Estoy aprendiendo el guaraní pero me acompañan docentes auxiliares indígenas porque trabajar trastornos del lenguaje y discapacidad es un reto. Trabajamos con niños con discapacidad pero no sólo con los pueblos originarios, también en contextos barriales, domiciliarios y en basurales”, indicó.

Una elección de vida
La elección de dedicar su tiempo a enseñar y guiar a este sector de la población está estrechamente ligada con su vida personal. Sucede que Julio fue diagnosticado con Asperger, un síndrome dentro del espectro autista que afecta la capacidad de socializar y comunicarse correctamente.  
“La vinculación con la discapacidad la tengo hace años. Fui conociendo las realidades comunitarias y a muchos de los niños que a partir de los 15 años quedan fuera del sistema y no en todos los lugares hay escuelas especiales. Entonces empezamos a trabajar con las familias estas miradas comunitarias para la reinserción escolar o la generación de talleres para niños”, dijo Julio que también aseguró que su labor “es una elección de vida”. 
Recorrer los barrios, colonias y aldeas marginadas hizo que tuviera contacto con distintas realidades y de los efectos de la endogamia y del glifosato que impacta en las familias colonas. Enumeró discapacidades como malformaciones, problemas en la audición y en la visión, hipersensibilidades en la piel, poco crecimiento y desarrollo. 
“Me he encontrado con magníficos talentos, sobran lo que se conoce como altas capacidades lo que sucede es que a veces no están las oportunidades. La educación especial no da acreditación o certificación de saberes, por lo tanto ni siquiera poseen un título, para ellos es muy difícil tener inclusión laboral posteriormente aunque tengan las condiciones físicas e intelectuales para hacerlo”, reflexionó el docente. 

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