2026-11-08

No derogar, evolucionar

Para eliminar la ley de lemas no hace falta volver al pasado. Hace falta sentarse, investigar un poco, ser creativos y buscar alternativas que le den al elector la libertad de elegir entre todas las opciones posibles, y no entre aquellas que se imponen desde los sellos partidarios.

El debate sobre la ley de lemas vuelve a instalarse en Misiones, como tantas otras veces. Y como tantas otras veces, el debate parece cerrarse antes que abrirse.

La Ley de Lemas tiene un defecto que la condena y una virtud que vale la pena rescatar. El defecto es que dispone del voto del elector sin consultarlo, lo distorsiona a través de la suposición de que el elector eligió un sello o un modelo y no a un candidato.

La virtud es que propone una oferta amplia de candidatos, sin dejar la organización de la oferta electoral en manos de la discusión cerrada de los partidos políticos y sus internas.

En Misiones, por enésima vez, se debate la posibilidad de quitar este sistema. El problema es que otra vez lo que se discute no es un mejor sistema, es simplemente volver para atrás porque el sistema actual no beneficia a los que proponen debatirlo.

Les propongo dar un salto para adelante. Les propongo dejar de mirarse el ombligo pensando qué sistema les conviene más a ustedes, los que quieren discutirlo, y avanzar hacia propuestas que nos lleven para adelante. Hacer evolucionar el sistema electoral, no hacerlo retroceder al sistema de los 90 como pretenden.
Hagamos un brainstorming. Primero pensemos en el voto preferencial ordinal, una propuesta que corrige lo malo y conserva lo bueno del sistema actual. Y es original, porque nadie lo propuso hasta ahora.

¿Qué hay que arreglar de la ley de lemas? En Misiones el sistema rige sólo para intendentes y concejales, porque gobernador y diputados se eligen con lista única partidaria. En los municipios, quien vota a un candidato a intendente también suma, sin saberlo, para cualquier otro del mismo lema que lo supere.
Así puede ganar alguien con el 25% de los votos frente a un rival que obtuvo el 35%, sólo porque su sello sumó más. La ley presume que el elector elige primero el partido y después la persona. Buena parte del electorado hace tiempo que elige al revés.

El riesgo de solamente derogar la ley de lemas es cambiar una distorsión por otra. Sin lemas y sin primarias abiertas garantizadas por ley, las candidaturas vuelven a depender de la venia de unos pocos dirigentes que controlan las juntas partidarias. O de lo que decidan los afiliados a un partido, que hoy son una porción minoritaria de la sociedad. De esa manera, un ciudadano que puede tener buena recepción de sus vecinos no partidizados quedará sujeto a la voluntad de un puñado de vecinos afiliados a un partido. Y los “independientes” se quedan sin una posible opción.

El voto preferencial ordinal parte de otra premisa. El elector ordena a los candidatos según su preferencia, primero, segundo, tercero. Si en el primer recuento nadie supera la mitad, se elimina al último y sus votos pasan a la segunda opción que marcó cada uno de sus votantes. El proceso sigue hasta que alguien reúne la mayoría.

Las transferencias existen, igual que hoy, pero las decide el votante y no el sistema. Si quien eligió a un candidato oficialista prefiere como segunda opción a uno opositor, su voto viaja hacia allí. La afinidad partidaria deja de ser una presunción legal y pasa a ser una decisión individual. Y la oferta puede seguir siendo amplia, porque nadie pierde su voto por presentarse.

No se trata de una utopía, el sistema tiene rodaje probado en democracias consolidadas. El voto preferencial ordinal lleva más de un siglo en Australia, que lo usa para su Cámara baja desde 1918. Irlanda elige así a su presidente y el Estado de Maine lo aplica en elecciones federales desde 2018.

Este cambio requeriría venir acompañado de otros. Primero una boleta única, algo que ya está entre las propuestas de reforma para Misiones. Pero debería haber una aún más importante, la digitalización del voto o la digitalización (a través de escaneo óptico) del escrutinio.

La digitalización sería necesaria para facilitar los cálculos finales de las preferencias, ya que hacerlo a mano demandaría muchísimo tiempo. En Misiones se debatió bastante la digitalización del voto, entre apocalípticos e integrados. Hay experiencias probadas de buen funcionamiento de un sistema generado por la Secretaría Electoral Provincial que arroja buenos resultados.

Pero como esto es una tormenta de ideas -o más bien una garúa de ideas-, les tiro otra. Una variante más simple, el voto contingente. El elector marca solo dos opciones. Si nadie supera el 50%, quedan los dos más votados y se suman las segundas preferencias de los votantes del resto.

Cada mesa puede registrar esas combinaciones y el cómputo final se reduce a una suma. Encaja además con la Boleta Única que proponen casi todos los proyectos, con dos columnas de casilleros por categoría. Londres eligió así a su alcalde entre 2000 y 2021, y Sri Lanka definió con segundas preferencias su elección presidencial de 2024.

¿Que quiero decir con esto? Qué para eliminar la ley de lemas no hace falta volver al pasado. Hace falta sentarse, investigar un poco, ser creativos y buscar alternativas que le den al elector la libertad de elegir entre todas las opciones posibles, y no entre aquellas que se imponen desde los sellos partidarios. Hay sistemas probados, hay tecnología disponible, hay experiencia comparada. Lo que falta es voluntad política para ir hacia adelante en lugar de retroceder.

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