2026-11-01

Una madre rural que desafía a El Niño para cumplir el sueño de ser maestra

Ni los 40 kilómetros diarios, ni los caminos de tierra cubiertos de barro o polvareda, ni siquiera un arroyo desbordado logran detener las ganas de superarse de Pricila Mishel Kirsch (33), madre de tres hijos que vive en una chacra de Comandante Andresito y lucha cada día por cumplir su sueño de convertirse en maestra. Su historia se hizo viral después de que compartiera una fotografía en la que aparece sobre una canoa, mientras sus padres la ayudaban a cruzar un arroyo crecido para poder llegar a clases.

Mishel vive junto a su esposo, Luis, y sus tres hijos, Maikol, Eric y David, en Colonia Soberanía, Paraje El Verde, a unos 20 kilómetros de la zona urbana de Andresito. Allí, en una chacra familiar de cuatro hectáreas, combina la crianza de sus hijos con las tareas domésticas, el cuidado de los animales, el ordeñe y los trabajos de la tierra. Además, realiza tareas de limpieza dos veces por semana en la Escuela Rural 713, a cambio de los aportes que pueden realizar las familias.

En abril de este año comenzó a cursar el Profesorado de Educación Primaria en el Instituto Superior Sagrada Familia, extensión áulica de la localidad. Era una oportunidad que había esperado durante años, ya que las distancias y las responsabilidades familiares le impedían trasladarse a otra localidad para estudiar.

Desde entonces, cada jornada representa un desafío ya que para asistir a clases utiliza una motocicleta prestada por su padre, el único vehículo del que dispone la familia. En varias oportunidades sufrió desperfectos mecánicos, pinchaduras o se quedó sin combustible. Incluso pasó quince días en los que debió viajar a dedo y caminar largos trayectos para no interrumpir sus estudios.

Sin embargo, una de las situaciones más difíciles ocurrió durante las últimas lluvias, cuando la creciente del arroyo El Verde cubrió el puente y dejó interrumpido el camino hacia Andresito.

Uno de esos días de crecida tenía clases de Ciencias Naturales y Matemática. No quería perder las enseñanzas de sus profesoras, por lo que pidió ayuda a sus padres para atravesar el arroyo en una canoa pese a la fuerte corriente. “Yo no quería faltar porque eran clases específicas. Si perdés la explicación de las profesoras, después te quedás sin entender”, indicó Mishel a El Territorio.

Con la ayuda de sus padres logró cruzar el arroyo. Del otro lado todavía le esperaba otro sector inundado, que atravesó a pie. Después recorrió entre siete y ocho kilómetros por el camino rural hasta alcanzar el asfalto, donde un vecino la acercó hasta Andresito. Llegó tarde, pero llegó a clases. La creciente le impidió regresar ese mismo día a su hogar y recién pudo reencontrarse con su familia unos días después.

Estudiar desde la chacra

La dificultad de llegar al instituto no se limita a los días de lluvia. Durante el verano, la polvareda que levantan los vehículos en los caminos terrados la obliga a salir con mayor anticipación para encontrar un lugar donde bañarse y cambiarse antes de ingresar al aula. “Cuando hay mucha polvareda, llegás que sólo los dientes se te ven, llegás marrón, toda sucia. Tengo que venir una hora antes para buscar un lugar donde bañarme y cambiarme”, contó.

“Mis tres hijos me motivan a venir todos los días de la chacra al pueblo. Quiero darles un futuro diferente al mío”, compartió la mujer

Pese a las dificultades, Mishel no reniega de su vida rural, todo lo contrario: ama la chacra, el silencio y la posibilidad de criar allí a sus hijos. Su deseo de estudiar no significa abandonar sus raíces, sino construir un futuro con mayores oportunidades para toda su familia.

“Mis tres hijos son los que me motivan a venir todos los días de la chacra al pueblo. Quiero darles un futuro diferente al mío, que si quieren seguir estudiando, tenga con qué ayudarlos”, expresó. También es fundamental el acompañamiento de su esposo, sus padres y su hermana Gabriela, quienes la ayudan con el cuidado de los niños y la alientan a continuar cuando el cansancio o las dificultades parecen imponerse.

El sueño de recibirse

La repercusión de su historia abrió la posibilidad de recibir colaboración para adquirir una motocicleta propia. Actualmente utiliza la de sus padres, que resulta indispensable para las tareas cotidianas de la chacra, desde transportar productos hasta llevar a los niños a la escuela. Quienes deseen colaborar con su objetivo pueden hacerlo mediante el alias Mishelkirsch.

A Mishel todavía le quedan tres años de formación. Sabe que el camino no será sencillo, pero tiene la convicción de que cada sacrificio vale la pena. “Con fe en Dios, tengo la esperanza de que en cuatro años me reciba. Tengo motivos para eso, tengo una meta, un objetivo y no pienso desistir. No está fácil ahora, pero ya vendrán días mejores”, expresó.

Detrás de aquella fotografía que conmovió a tantas personas hay mucho más que una mujer sobre una canoa. Está la realidad de quienes viven lejos de los centros urbanos, donde acceder a la educación exige superar obstáculos que van mucho más allá de las aulas. Y está Mishel, una madre que, entre la chacra, sus hijos y los caminos difíciles, eligió no renunciar a su sueño de ser maestra y busca incentivar a cumplir las metas.

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