2026-10-28

Miguel Paz, el veterano que comandó a los perros de guerra en Malvinas y recuerda a los héroes de cuatro patas

El exteniente de la Armada Argentina visitó Posadas junto a otros veteranos para compartir sus experiencias con estudiantes y vecinos. En ese sentido relató la tarea de los perros durante el conflicto de 1982, el compromiso de sus guías y la historia de Suavia, la perra que permaneció junto a un soldado herido hasta que fue rescatado.

Miguel Paz tenía 26 años cuando le encomendaron conformar una sección de perros de guerra para participar en el conflicto de Malvinas. Al frente de un grupo de jóvenes guías y sus compañeros de cuatro patas, cumplió tareas de seguridad, vigilancia y logística en Puerto Argentino, en medio de una guerra que dejó huellas imborrables.

El veterano llegó a Posadas junto a Carlos Felizola, excombatiente del Ejército, como parte de las actividades del grupo Malvinas, Educación y Valores, integrado por 11 veteranos de distintas fuerzas y jerarquías. Durante su visita, ambos compartieron sus testimonios en instituciones educativas y en un encuentro con veteranos de la región.

En diálogo con el programa Acá te lo Contamos por Radioactiva, Paz reconstruyó una experiencia poco conocida de la guerra y recordó tanto el desempeño de los perros como el compromiso de los jóvenes que estuvieron bajo su responsabilidad.

La misión de los perros de guerra en Malvinas

Paz se encontraba destinado en el Batallón de Seguridad de la base naval Puerto Belgrano, donde funcionaba una agrupación de perros de guerra que contaba con alrededor de 100 ovejeros alemanes y unos 80 hombres.

La rutina estaba centrada en el entrenamiento, las prácticas de ataque y las exhibiciones, hasta que el inicio del conflicto modificó por completo sus tareas.

“Surge lo del 2 de abril y el 5 de abril me llaman y me dicen que tenía que conformar una sección de perros de guerra, o sea, algo mucho más chico de lo que yo tenía, que era una agrupación para ir a Malvinas”, relató.

La orden inicial consistía en garantizar la seguridad dentro de Puerto Argentino. Para ello, Paz organizaba patrullas diarias que recorrían distintos sectores de la localidad y debían informar cualquier incidente.

“Las consignas de nuestros superiores eran muy claras. No podíamos entrar a las casas de los isleños, no podíamos entrar a sus almacenes ni tener ningún tipo de controversias con ellos”, explicó.

Según recordó, durante los dos meses y medio que desempeñaron esas funciones no se registraron conflictos con los habitantes de las islas en el marco de las tareas de su sección.

Además de la vigilancia, el grupo colaboró con la logística de la Infantería de Marina, que necesitaba asistencia para abastecer a sus efectivos desplegados en el frente. Entre las tareas también estaba la distribución de correspondencia entre las unidades.

Cinco guías fueron enviados hacia el frente

Uno de los momentos más difíciles ocurrió el 11 de junio de 1982, cuando un movimiento táctico del Batallón de Infantería de Marina N.º 5 requirió que cinco guías y sus respectivos perros fueran enviados hacia las alturas de Sapper Hill, dentro del alcance de la artillería británica.

Paz tenía entonces 26 años, mientras que muchos de los soldados bajo su mando eran apenas adolescentes que cumplían el servicio militar.

“Cuando yo designé los cinco guías que tenían que ir al frente, para que veas la compenetración que había con esta defensa de la patria y de la bandera, directamente ellos tomaron sus cascos, su mochila, su fusil, su perro y subieron a un camión”, recordó.

El exoficial destacó que ninguno se negó a cumplir la misión ni intentó evitar el traslado. Para él, aquella reacción reflejó el compromiso de los jóvenes con la tarea que les habían asignado.

Durante la noche del 13 al 14 de junio, en la etapa de máxima resistencia argentina, los cinco guías debieron replegarse. Los perros habían sido entrenados para soportar disparos de pistolas y fusiles, pero no el estruendo de la artillería.

“Yo ahí les había dado las instrucciones de que, dado el caso, larguen los perros y los recuperamos”, contó.

A la mañana del 14 de junio lograron recuperar a los cinco hombres y, en un primer momento, a dos de los animales. Más tarde, integrantes del Ejército les devolvieron a Suavia, la única hembra que habían llevado a las islas.

Suavia, la perra que permaneció junto a un soldado herido

La historia de Suavia es uno de los recuerdos que Paz conserva con especial emoción. Cuando los efectivos del Ejército se acercaron para devolverla, le contaron que el animal había permanecido junto a un soldado herido durante el repliegue, hasta que llegaron los camilleros.

“Esta perra, cuando se estaba replegando, vio a un personal del Ejército herido y se quedó con él hasta que fue levantado por camilleros”, relató Paz al reconstruir las palabras que recibió de aquellos militares.

Desde entonces, el veterano y sus compañeros intentan identificar a ese soldado para conocer más detalles de lo ocurrido y reconstruir cuánto tiempo permaneció herido y en qué lugar fue encontrado.

Sin embargo, no todos los animales lograron sobrevivir. Dos perros murieron durante el repliegue, bajo el fuego de la artillería británica.

“Son para nosotros héroes de combate de cuatro patas, pero también héroes de combate”, sostuvo.

Paz también explicó que el vínculo entre los animales y sus guías era fundamental para el funcionamiento de la sección. Cada perro tenía un acompañante con quien desarrollaba una relación estrecha, construida a través del entrenamiento y la convivencia cotidiana.

“La simbiosis que se encuentra entre el perro y ese guía es permanente”, afirmó.

Incluso cuando un soldado terminaba el servicio militar, se destinaban unos 15 días para que el nuevo guía se adaptara al animal, aprendiera a manejarlo y construyera el vínculo necesario para continuar con las tareas.

Los perros no eran considerados mascotas, sino animales especialmente adiestrados para cumplir funciones militares. Un veterinario se ocupaba de su atención diaria, mientras que un suboficial especializado en adiestramiento coordinaba las actividades junto con los guías.

Un mensaje para las nuevas generaciones

La visita a Misiones forma parte de las actividades del grupo Malvinas, Educación y Valores, que lleva sus testimonios a escuelas e instituciones vinculadas con las Fuerzas Armadas.

Paz explicó que el Ministerio de Defensa conoce la modalidad de trabajo del grupo y que sus integrantes fueron convocados para brindar charlas en establecimientos militares. También participan desde hace años en la exposición de la Sociedad Rural de Palermo, donde comparten sus experiencias con el público.

Durante su estadía en Posadas, los veteranos visitaron una escuela secundaria y participaron de una charla en el Colegio de Abogados. El objetivo, según remarcó, es acercar la historia a los jóvenes a través de las vivencias de quienes participaron del conflicto.

“Pero nuestro mensaje principalmente es para los chicos de la escuela, así que ubicamos una escuela secundaria sí o sí”, señaló.

El encuentro con los estudiantes, aseguró, fue una experiencia significativa por la atención con la que escucharon los relatos. Para los veteranos, transmitir lo vivido es una forma de mantener viva la memoria y acercar a las nuevas generaciones a una parte de la historia argentina.

El reclamo por Malvinas y la esperanza de recuperarlas

Consultado sobre la cuestión Malvinas y las posibilidades de avanzar en el reclamo argentino de soberanía, Paz consideró que el escenario es complejo por el peso internacional de Gran Bretaña y su condición de miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, con poder de veto.

También cuestionó la interpretación británica del principio de autodeterminación de los pueblos y sostuvo que la disputa requiere comprender las dimensiones históricas, políticas y estratégicas del territorio.

Para el veterano, las islas tienen una importancia que va más allá de su superficie, por su ubicación en el Atlántico Sur, su relación con la Antártida y sus recursos naturales.

En ese contexto, valoró las acciones argentinas frente a las empresas que buscan desarrollar actividades de explotación petrolera en la zona en disputa y consideró importante sostener el reclamo de soberanía.

Aunque reconoció las dificultades para alcanzar una solución, dejó en claro que mantiene la esperanza de que el país pueda recuperar las islas.

“No sé si voy a estar con vida, pero tengo mi fe en que en algún momento vamos a poder recuperar Malvinas”, expresó.

Antes de despedirse, Paz también compartió un recuerdo personal de su paso por Misiones. Contó que cursó primero y segundo grado en el colegio Roque González de Posadas, cuando su padre trabajaba en el Banco Nación y la familia vivía frente a la plaza.

Por eso, además del reencuentro con la historia y con otros veteranos, la visita tuvo para él un significado especial. “Me siento muy agradable y muy en casa”, expresó, agradecido por la recepción que recibió durante su estadía y con la esperanza de regresar el próximo año.

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