Señales de alerta por movimientos de grandes jugadores internacionales en la foresto industria
El sector foresto-industrial atraviesa un momento de profunda transformación y alta vulnerabilidad, especialmente en regiones estratégicas como la provincia de Misiones.
A partir del análisis del consultor internacional y representante técnico comercial Ronald Javier Vera, se vislumbra un escenario complejo marcado por la pérdida de competitividad frente a gigantes regionales (como Brasil, Uruguay y Paraguay), la asimetría en las escalas de producción a nivel global y la falta de inversiones estructurales en Argentina.
Mientras potencias forestales vecinas despliegan proyectos monumentales como el Sucuri, la planta de celulosa de la empresa forestal chilena Arauco en Brasil, o las expansiones en Uruguay y Paraguay, la industria argentina funciona a una escala marginal (aportando menos del 1% de la celulosa mundial) y sufre por los elevados costos locales, la presión tributaria, el costo del financiamiento y un prolongado desacople estratégico con las políticas gubernamentales.
Las señales de alerta encendidas por los movimientos de grandes jugadores internacionales como Arauco ponen de manifiesto que también Misiones, históricamente una provincia de raigambre industrial, debe replantear urgentemente su matriz de negocios y su relación con el sector público si quiere evitar un nuevo golpe a su tejido productivo.
Recientemente encendió todas las alarmas con una contundente advertencia en redes sociales, al decir que “está a punto de explotar una bomba en el sector forestal argentino”. ¿Puede explicarnos el trasfondo de esta advertencia?
El sector forestal argentino está atravesando un cambio muy violento en todos los aspectos, desde el reposicionamiento de los negocios hasta la aparición de nuevos actores y proyectos de escala continental. El epicentro de toda esta jugada actual es Arauco. Cuando una empresa de ese peso, cuya casa matriz opera desde Chile, comienza a mover fichas o a replantearse sus activos, los argentinos tenemos que estar preparados para reaccionar inmediatamente.
Cualquier decisión que tome un país tan poderoso industrialmente en lo forestal nos afecta de forma directa a una economía industrial tan precaria como la nuestra.
Cuando menciona que somos ‘precarios’ en términos forestales, ¿a qué escala nos referimos frente al mundo y frente a nuestros vecinos de la región?
Para entenderlo claramente. El mercado mundial de celulosa importa anualmente alrededor de 100 millones de toneladas. ¿Cuánto exporta la Argentina? Apenas 150 mil toneladas. O sea, exportamos menos del 1%, no somos un actor de relevancia global. Para ponerlo en perspectiva, Uruguay produce hoy 5 millones de toneladas y exporta el 80%.
Nosotros producimos 1,4 millones y exportamos una porción mínima; de hecho, nuestra balanza comercial de celulosa es negativa en unas 30 o 40 mil toneladas anuales. En este juego ya no participan empresas chicas, sino monstruos como UPM (con sede en Uruguay), Arauco y CMPC (holding forestal y papelero chileno de origen controlado por el Grupo Matte).
Y en ese tablero, ¿cuáles son los movimientos que están haciendo estos gigantes en países limítrofes que desplazan a la Argentina?
Brasil produce actualmente 30 millones de toneladas de celulosa y está poniendo en marcha el proyecto Sucuri -el complejo de celulosa más grande del mundo-, mientras que CMPC aprobó el proyecto Guaíba en Río Grande del Sur. Uruguay va por su cuarta planta en Paso de los Toros, y no nos olvidemos de un nuevo jugador que jamás estuvo invitado a la mesa, que es Paraguay, con el proyecto Paracel en Concepción. Esos países son los que hoy atraen inversiones masivas. En contraste, la Argentina se encuentra por debajo de Costa Rica en inversiones externas reales, con un mercado interno en retracción, un costo del dinero prohibitivo y un riesgo país que encarece cualquier crédito externo.
Teniendo en cuenta este escenario, y pensando en la situación de plantas ya instaladas aquí en Misiones, como en Puerto Esperanza, ¿es factible que un gigante decida levantar campamento e irse, o qué alternativas existen?
Mover plantas industriales de este porte es más caro que producirlas; no creo que Arauco o CMPC se vayan de la Argentina a corto plazo. Y no lo digo por optimismo, sino porque difícilmente aparezca alguien con el capital en el país que quiera comprar esos activos. A menos que surja un grupo inversor nacional de peso o se dé una reconfiguración societaria local como ocurrió en el pasado con la creación de Alto Paraná. Las empresas saldrán a calmar las aguas y a decir que se quedan, pero para el que conoce el paño, estas son alertas rojas titilando por todos lados.
Frente a este panorama, ¿cuál debería ser el rol del Estado, especialmente en una provincia con origen foresto industrial como Misiones?
Misiones surge a comienzos del siglo XX como una provincia industrial con fuerte presencia forestal, metalmecánica y yerbatera. Necesitamos urgentemente recomponer las relaciones entre el Estado provincial y las industrias, algo que estuvo prácticamente divorciado durante veinte años. Hay que poner las cartas sobre la mesa, sentarse a discutir con la gente que sabe, que conoce y tiene experiencia real en el terreno, y dejar de improvisar con funcionarios de cuarta o quinta línea que no tienen idea de lo que se está hablando. El sector forestal reclama previsibilidad antes de que sea demasiado tarde.