2026-10-21

Al quedarse sin trabajo, lanzó su emprendimiento

Perdió a dos hermanas por cáncer, enfrentó la enfermedad y ayuda a salvar vidas

Valeria Ferreyra se recuperó y es voluntaria de Lalcec. “Si hoy puedo lograr salvar una vida, ya estoy conforme”, reflexionó y aconsejó no rendirse ante lo negativo.

Cuando Valeria Ferreyra habla de cáncer de mama, sabe bien de qué se trata. No es que haya leído o escuchado nomás, sino que la enfermedad atravesó a su familia y a ella misma. Perdió dos hermanas, Cristina y Laura, y también ella se enfermó. Por eso escucharla o leerla es aleccionador y emocionante. Sus palabras están cargadas de una experiencia intransferible, nutrida del dolor y de trajinar pasillos en busca de información y tratamiento.

Su lucidez para explicar de qué se trata tiene que ver con todo lo que vivió con sus hermanas y padeció en carne propia. Esa claridad, también responde a la condición de buena gente, de querer ayudar a quien afronta el mismo trance que ella ya pasó. Por eso, lejos de dejarse ganar por el rencor, del “por qué a mí” o “por qué a nosotras”, Valeria hoy se desempeña como voluntaria de la Liga Argentina de Lucha Contra el Cáncer (Lalcec), sede Oberá.

Y su palabra cobra relevancia en este Mes Rosa donde a nivel internacional se trabaja en la concientización sobre el cáncer de mama

“Perdí dos hermanas a causa de esta misma enfermedad, por eso para mí siempre es un desafío enorme hablar. El voluntariado me ayudó a perder el miedo a nombrarlas, y que sepan mi historia es una manera de sembrar esperanza y, sobre todo, construir resiliencia”, reflexionó.

En tu caso, ¿cómo fue el diagnóstico del cáncer de mama?

En un principio, en un autoexamen me palpé un nódulo, como una pelotita dura, detrás del pezón que se había hundido. A raíz de eso, al día siguiente fui al ginecólogo y me derivó a mastología, en Posadas. Me hicieron estudios y, el más importante para llegar al diagnóstico, la biopsia. Los resultados me llegaron al correo. Era 2021, apenas se estaba normalizando la post pandemia de Covid. Luego se confirmó el diagnóstico con la oncóloga. La primera reacción que tuve fue de angustia, de miedo por mi historia familiar marcada por el cáncer. Me quebré. Pero al pasar de los días entendí que tenía que estar de pie para poder llevar este proceso. Me movían la esperanza y la fe de que podía llevarlo adelante y sabía que el tránsito iba a ser difícil, pero no imposible. Acepté la enfermedad para poder seguir y me dije a mi misma, esa mañana frente al espejo, soy más fuerte que el cáncer. Y lo sigo haciendo. En mi camino tuve muchas trabas, muchos momentos marcados por la burocracia del sistema: desde la pérdida de recetas, hasta máquinas sin funcionar y miles de cosas, pero continúe, no me detuve.

Se puede decir que tuviste una actitud positiva para enfrentar la enfermedad…

Por perder dos hermanas a raíz del cáncer de mama debería hoy día odiar todo lo que tenga que ver con él. Yo fui acompañante y sigo siendo paciente oncológico, y a mis hermanas las vi morir, prácticamente. Pero aun así me levanto. La primera, Cristina, se enfermó a los 25 años y la cuidé un año. La otra, Laura, falleció hace dos años; se diagnosticó con 53 años y también vivió un año. Por eso, mi octubre rosa tiene un significado especial. Para mí no es sólo un color, representa mi lucha por ellas y por todas las mujeres que están pasando por este proceso. Si hoy puedo lograr salvar una vida, ya estoy conforme.

¿Cómo fue el proceso desde el diagnóstico pasando por el tratamiento?

Cuando uno llega al consultorio, lo primero es estar acompañado siempre, porque hay que prestar atención y tomar nota de todo lo que diga el oncólogo. En mi caso, empezar el tratamiento implicaba tomar decisiones rápidas, gestionar turnos, moverme. En ese momento contaba con obra social. Comenzó con las cirugías, la extracción del tumor y ganglios, en abril del 2022. Tuve una excelente atención y recuperación. A fines de mayo, comencé el plan de quimioterapia en Posadas. Fueron ciclos de cada 21 días. Debía viajar para cumplir, y todo dependiendo del estado en qué estaba luego de la sesión. Si no salían bien los análisis de laboratorio no podíamos avanzar con el plan, y para eso me aplicaban un medicamento que me ayudaba. La quimio me era dolorosa, el día después fue agotador. Lo primero que me pasó fue la caída del cabello, pero lo fui cortando progresivo mientras se me iba cayendo de a poco, hasta que le pedí a mi esposo que me lo termine de cortar.

¿Te afectó el cambio físico?

El duelo que se vive al cambiar es repentino, te llega sin avisar. En el cambio perdí peso, perdí mi trabajo, no me reconocía frente a mi espejo. Me quedaban mi familia y amigos que siempre estaban ahí para apoyarme. La quimio es para mí un renacer; afrontar los efectos secundarios fue un desafío enorme. Los que pasaron por esto lo saben, es elegir muchas veces, priorizarse a uno antes que los demás. Elegir curarse para poder cuidar al otro. En agosto de 2022 mi oncóloga solicitó radioterapia, tratamiento que realicé parte en Posadas y otra parte en Rosario. Lo terminé en noviembre de ese mismo año. Para hacerlo tuve que mudarme provisoriamente a Posadas, ya que las sesiones duraban 20 minutos y no era rentable viajar todos los días. Con mis gastos me ayudaban todos: mi esposo, mis padres, mis hermanos, mis amigas, gracias a todos pude hacer mi tratamiento. Esta enfermedad conlleva moverse, gastar, sea alimentación, transporte, entre otras cosas.

Sin dudas que la familia es fundamental…

Sí, es importante contar con un entorno de personas, una red de contención y de apoyo mutuo. En noviembre del 22 la oncóloga me informó que debía comenzar la hormonoterapia, la última etapa del tratamiento. Sufrí una intolerancia al Tamoxifeno y me internaba en guardia por esos síntomas, hasta que mi cuerpo se fue adaptando al medicamento que sigo tomando. En abril de 2023, por la aparición de un quiste tabicado en el ovario, me realizaron una cirugía que a los 36 años me llevó a una menopausia oncológica. Eso marcó mi historia, ya que antes del cáncer quería volver a ser madre. Tengo una hija de 19 años, pero que a sus 14 años tuvo que entender y aceptar que mamá tenía que irse de casa para curarse.

¿Cómo estás hoy?

Actualmente me realizo los controles en el Hospital Samic de Oberá y la medicación para la hormonoterapia me la provee también Salud Pública, de manera gratuita. En Oberá cuento con oncóloga, mastólogo, nutricionista, psicólogo. Es una red que me ayuda a superar el proceso, antes y durante. Si bien estoy en remisión, sigo siendo paciente, cumplo con los controles y viajo a Posadas cuando es necesario. En el tránsito me uní a Lalcec con sede en Oberá, que me brindó herramientas y resultó ser apoyo y guía. Estoy muy agradecida con ellos porque me abrieron las puertas y porque desde mi rol de voluntaria puedo transmitir y llevar un mensaje de esperanza y de fe a quienes están pasando por un proceso o tienen un paciente en la casa. Puedo ser medio para que una persona se anime a hacer los controles y poder llegar a un diagnóstico temprano y un tratamiento eficaz.

Aparte llevás una vida muy activa, con muchas actividades… 

A partir de que me quedé sin trabajo, en 2023 empecé un proyecto como artesana. Hoy tengo mi local propio donde doy vida a todo lo que puedo crear en mi taller Emprender. Fue parte de mi camino, porque como paciente uno sabe que pasa más tiempo en los pasillos del hospital que en la casa, entonces manejo mis tiempos de acorde a mis turnos. Tengo mis clientes, formulo mis productos cuando estoy libre y los vendo en el local. Mi hija es mi diseñadora, estudia en la Facultad de Arte. Es importante volver a encontrar un eje y dedicar tiempo a construir algo productivo. Además, tanto la danza como el deporte me ayudaron a llevar la enfermedad. Soy bailarina y entreno a diario en un gimnasio de mi barrio. Hay un estigma con los pacientes oncológicos, que es la de no hacer esfuerzo físico. A pesar de que llevamos la fatiga a cuestas como secuela del tratamiento agresivo y la toma de la medicación, yo desafío eso. Quedé con secuelas en miembros superiores, post cirugías y radioterapia, es un proceso doloroso pero mi esfuerzo diario por superarme, pueden más.

¿Cómo surgió ser voluntaria de Lalcec?

Surge desde el acompañar, yo misma cuando necesité ayuda me dirigí a Lalcec buscando una orientación y me encontré con un taller de ayuda que me dio herramientas para llevar con más paciencia el proceso del cáncer. Es importante que la gente sepa que existe un lugar, que no estás solo. Es cuestión de buscar información y animarse a ir.

¿Qué hacés como voluntaria?

Las actividades que realizo son desde tareas de oficina a micros radiales que se hacen cada semana con información sobre las actividades y datos importantes para las personas. Durante el mes de octubre estoy presente en las charlas, suelo dar testimonio y estoy presente en las paradas saludables donde orientamos. Lo hacemos en los barrios o en las plazas, acercamos folletos, ofrecemos charlas gratuitas para llevar información a las escuelas. Me dedico a la prevención y conciencia, soy un medio que transmite, que pasa información para que las personas lleguen a un consultorio gratuito, a un test, a un análisis, una ecografía o una mamografía a tiempo. Eso es Lalcec. Somos muchos voluntarios y es una red inmensa.

¿Cuál es tu mensaje para las personas que están afrontando la enfermedad?

El mensaje que siempre dejo en mis exposiciones como superviviente es que, aunque el tratamiento termine, ese duelo no desaparece de un día para el otro. Aprender a vivir con una nueva versión de vos también es parte de la recuperación, hablar de ese dolor no te hace débil, lo hace visible, y cuando se nombra deja de ser una carga que tenés que llevar en silencio. No tenemos que ser invencibles, somos humanos y que, a pesar del dolor, del miedo, siempre hay motivos para seguir sosteniendo la vida. Podemos hablar y ser oídos por otros que necesitan un poco de luz; no se rindan ante las negativas y las adversidades del tránsito, porque va a pasar. Elegimos seguir adelante contra todo pronóstico, elegimos levantarnos y accionar antes que renunciar. Busquen ayuda, golpeen puertas, no pierdan las esperanzas ni la fe. Aunque todo les diga que se dejen morir, es importante que tengan la confianza y la fortaleza necesaria la van a hallar en su interior. Aunque todo vaya lento, resistan. Sean curiosos, vayan al médico, háganse los controles, aprovechen las oportunidades, las campañas.

Perfil

Valeria Ferreyra (39)
Emprendedora
Casada, una hija. Emprendedora, artesana, fabrica aromatizantes, jabones velas. Voluntaria de Lalcec.

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