Posadas reúne a referentes de Latinoamérica para debatir el futuro de la agricultura sostenible
Con la convicción de que una agricultura sostenible, de calidad y rentable es posible, comenzó este jueves la 2° Cumbre Internacional de Agricultura Sostenible en Posadas con la participación de técnicos, profesionales, ingenieros y referentes vinculados con la producción agropecuaria de distintos puntos de Latinoamérica.
El encuentro se desarrolla en el Museo Histórico Regional Aníbal Cambas y propone durante dos jornadas abordar los desafíos que atraviesan a los sistemas productivos y las herramientas disponibles para avanzar hacia modelos sostenibles desde las chacras.
La actividad, que continuará hasta este viernes 18 de septiembre, reúne a representantes del sector público y privado, instituciones científicas y académicas, organizaciones productivas y actores vinculados con la innovación y el financiamiento. La propuesta busca integrar las dimensiones productiva, tecnológica, ambiental, económica, territorial y social de la actividad agropecuaria.
La agenda contempla diferentes paneles y exposiciones sobre cooperación internacional, sistemas alimentarios sostenibles, agricultura orgánica y regenerativa, biotecnología y bioinsumos, mercados y financiamiento, seguros; mujeres y ruralidad; integración territorial y manejo de recursos naturales, entre otros ejes. También se abordan experiencias vinculadas con la transformación digital, la educación ambiental y las nuevas herramientas aplicadas al sector.
Sistemas alimentarios orgánicos y rentables: el desafío
La jornada inaugural tuvo entre sus primeros expositores a Fernando Schwanke, ingeniero forestal y representante en Argentina del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), quien destacó el trabajo que desarrolla el organismo junto a 34 estados nacionales y la vinculación que hoy urge plantar con los gobiernos provinciales.
En ese marco, planteó que los sistemas agroalimentarios se encuentran cada vez más expuestos tanto a fenómenos climáticos como a cuestiones geopolíticas.
El representante del IICA señaló que esas situaciones generan efectos sistémicos, entre ellos restricciones en el acceso a insumos y volatilidad de precios, con consecuencias sobre la disponibilidad y el acceso a los recursos alimentarios. Frente a ese escenario, planteó la necesidad de avanzar hacia sistemas productivos más diversificados, capaces de movilizar inversiones y contemplar también la dimensión social, esto es, que las familias no abandonen las chacras ni pierdan desarrollo comunitario.
En esa línea, sostuvo que uno de los desafíos pasa por ampliar el acceso al financiamiento, la innovación y los mercados, como parte de una estrategia para fortalecer las capacidades de los productores y los sistemas agroalimentarios de la región.
Schwanke también anticipó que el IICA trabajará en un programa vinculado con los recursos naturales y la gestión eficiente de la tierra, el agua y otros recursos, con el objetivo de avanzar hacia un “capital natural resiliente”.
Acercar a las familias productoras conocimiento y bioinsumos
Otro de los ejes de la jornada estuvo vinculado con la producción orgánica y el desarrollo de bioinsumos. En ese marco, participó María Helena Irastorza, ingeniera agrónoma, magíster y vicepresidenta del Movimiento Argentino para la Producción Orgánica (MAPO), quien expuso sobre experiencias de producción orgánica y utilización de herramientas biológicas.
En diálogo con medios de prensa, Irastorza destacó la importancia de la experimentación y del acompañamiento técnico para que las alternativas a los insumos convencionales puedan ser incorporadas a los sistemas productivos en territorio.
“Todo proceso es prueba y error, y para eso están los técnicos y en ese trabajo, para eso Biofábrica me parece genial”, destacó sobre el rol de la empresa misionera.
Como ejemplo, mencionó el trabajo con microorganismos y particularmente con el hongo trichoderma producido por Biofábrica Misiones. “Por ejemplo, la Trichoderma que está produciendo Biofábrica yo la estoy llevando e inventé una fórmula para hacer como un combate para plagas, que hablando con los yerbateros puede ser fantástico”, explicó.
Irastorza también marcó las diferencias que encontró entre las herramientas disponibles para la producción orgánica en distintos países de la región. “Yo viví en Centroamérica y cuando llegué a Argentina, me sentí muy mal porque nos faltan herramientas, nos faltan insumos, bioinsumos, prácticas y experiencias y que en todas las organizaciones comiencen a hacer ensayos, herramientas”, anheló.
Pese a esas dificultades, sostuvo que existe margen para incrementar la producción mediante modelos orgánicos. “Siempre digo: agricultura orgánica sí se puede y podemos ser muy productivos si lo apostamos”, afirmó.
Uno de los desafíos que planteó fue cómo acompañar a los productores que buscan dar el salto hacia sistemas de producción de mayor escala y con menor dependencia de insumos químicos. “Lo que pasa es que la guerra es muy desigual”, reconoció: “Piensen que las grandes empresas que venden insumos son muy poderosas y tienen mucha publicidad y propaganda. Entonces, ¿cómo hacerlo? Que los técnicos, profesionales, los agentes de extensión tengan el conocimiento y lleguen al productor para explicarle por qué es importante ese paso a lo orgánico”, observó.
En ese sentido, remarcó que es necesario que los productores comprendan la función que cumple cada práctica dentro del sistema y no solamente la utilicen como una alternativa puntual para controlar una plaga. “Enseñarle por qué cada una de las cosas que nosotros necesitamos son importantes: aumenta la rentabilidad, todos son elementos que nosotros incorporamos con un fin, con un proceso”, explicó.
La cumbre continuará este viernes con nuevas exposiciones y bloques de trabajo destinados a profundizar el intercambio entre especialistas, productores, instituciones y empresas. La propuesta busca que las experiencias desarrolladas en distintos puntos de la región puedan traducirse en herramientas concretas para los sistemas productivos y en nuevas formas de articulación entre ciencia, tecnología, producción y territorio.