2026-09-16

Referente regional de la Olimpíada de Matemáticas

“Encontrar chicos con tu misma onda es lo más lindo de esta profesión”

Carmen Ríos (71), motor inagotable del aprendizaje, transformó su amor por los números en un legado. Armó una comunidad que involucra a familias enteras y formó a campeones.

En una casa histórica, de comienzos del siglo pasado, en el barrio de Villa Sarita de Posadas, vive una mujer cuya mente y amor por las matemáticas nunca descansa. Carmen Gladys Ríos tiene 71 años, es profesora de Matemáticas jubilada y, desde hace casi tres décadas, el motor fundamental detrás de las Olimpiadas Matemáticas en la provincia de Misiones. Con 38 años de antigüedad en la docencia, culminó su carrera en la Escuela Superior de Comercio N° 6, hoy ostenta un título que lleva con orgullo y de forma totalmente ad honorem : secretaría regional adjunta a la Fundación Olimpíada Matemática Argentina (OMA).

Incansable y apasionada, actualmente se encuentra en plena organización de la Olimpíada Matemática del NEA, un megaevento que reunirá el 29 y 30 de septiembre a cientos de jóvenes de Misiones, Corrientes, Chaco y Formosa. A días de este gran desafío, Ríos nos abre las puertas de su hogar para hablar de su amor por los números, las falencias del sistema educativo moderno y las anécdotas de aquellos “genios” misioneros que, gracias a su guía, lograron brillar en el mundo.

¿Cómo y cuándo nace este amor por las matemáticas que la acompañó toda su vida?

Todo empezó cuando terminé la secundaria en la Escuela Normal Mixta. Ahí tuve excelentes profesoras, como Alba Leiva. Lo que más me llamaba la atención de ella, y siempre lo pienso, era cómo podía mirar un pizarrón lleno de números y encontrar el error tan rápido. Yo me decía: 'Cómo me gustaría algún día poder mirar y encontrar el error así'. Eso me llevó a estudiar la carrera en el entonces Instituto Superior del Profesorado de la Provincia de Misiones (actual Unam). Me recibí en cuatro años, en 1976, exactamente en el tiempo que requería, e inmediatamente comencé a trabajar.

Lleva desde el año 1999 vinculado a las Olimpiadas. ¿Cómo fue ese inicio y qué significa este espacio para usted?

Antes del 99 yo ya ayudaba y acompañaba a la profesora Marta Friedman, que era la secretaria anterior y me llamaba de jurado. En aquel entonces los certámenes eran mucho más chicos y los regionales se hacían en Corrientes Capital, porque Misiones no tenía la estructura. Los chicos tenían que viajar allá. Después de que Marta me dejó el secretariado, comenzó a armar una red con delegados en casi todos los pueblos y ciudades de la provincia, que son los que movilizan cada zona. Logramos crecer tanto que nos dieron la sede regional acá en Posadas. Para mi carrera docente, lo más importante fue ser secretaría de la Olimpíada. Uno no gana plata con esto, pero gana la relación con los chicos a los que les gusta lo mismo que a uno. Es lo más lindo que tiene un profesor.

¿Qué diferencia hay entre la matemática que se enseña en el aula tradicional y la de las Olimpíadas?

La Olimpíada son problemas, no son los ejercicios estructurados de la escuela actual. Al chico se le propone un problema y él trata de poner todo de sí para llegar a la meta; se puede resolver con ecuaciones, con gráficos, con lo que sea. Llegar a la solución de un problema, siempre digo, es como meter un gol. Es lo mismo. Buscás, buscás, y cuando encontraste la solución y funciona, te alegrarás como si sacaras la lotería. A veces le damos problemas a los más chiquitos, de quinto grado en la instancia Ñandú, y los resuelven con un razonamiento básico increíble. Capaz un profesor de la facultad estructurado no lo saca, y un nene de quinto sí.

¿Cómo es el proceso de “reclutamiento” y cómo descubre a estos talentos?

Siempre digo que es como ser un entrenador de fútbol. El entrenador mira la cancha y ve quién se puede destacar. Yo busco a mis candidatos tirándoles un problema; un problema fácil de primaria. Si hay alguien que lo resuelve y te dice 'yo sé hacerlo así y así', es porque se enganchó. Hay que entusiasmarlo para que no quiera dejarlo. Me pasó con un alumno que recuerdo mucho, Ezequiel Oviedo, en séptimo grado. Le tiré un problema, lo sacó rápido, y ahí le empecé a comentar sobre las competencias. Después, estos chicos forman toda una comunidad matemática que trasciende las fronteras de la provincia. Se enganchan ellos, los padres, los abuelos. Hasta un nenito de quinto grado me preguntó una vez si había Olimpíadas para adultos porque el papá se quedó a la noche tratando de resolver los problemas con él.

A lo largo de estos años, Misiones ha tenido representantes que llegaron muy lejos. ¿Cuál es la historia que más la ha marcado?

Hay varios, pero la anécdota más impresionante es la de Alfredo Umfurer, del 25 de mayo. Él vivía en la Colonia Primavera y estudiaba internado en el IEA N° 3 de San Vicente de lunes a viernes. Era un chico que desde chiquito le pedía al papá que lo llevara a la biblioteca del pueblo a buscar libros para leer. Los profes lo trajeron a competir y terminaron yendo a Buenos Aires. Recuerdo que estábamos en el Nacional, donde siempre ganan los de la ORT o el Nacional Buenos Aires, y de repente llaman al podio a Alfredo de Misiones. ¡Nos quedamos helados! Los mismos jurados nos decían: 'Tienen un genio en Misiones'. Él resolvió todo al revés de lo convencional y mucho mejor.

¿Es verdad que su sola presencia intimidaba al resto de los competidores del país?

Totalmente. Una vez lo acompañé a un selectivo en la Universidad Austral en Buenos Aires. Eran seis lugares en el equipo para ir al mundial. Llegamos un poco tarde por los colectivos. Cuando nos asomamos al salón, todos los chicos del país estaban haciendo fuerza y ​​festejando porque creían que Alfredo no llegaba, lo que significaba que quedaba un cupo libre. Cuando lo vieron entrar, dijeron 'Chau'. Ese lugar ya era de él. Era indiscutible. Alfredo llegó a mundiales en Kazajistán y en Holanda. Ahora, para este certamen del NEA, vuelve a Misiones como jurado, al igual que otra exolímpica brillante que está haciendo su doctorado en la UBA.

Ha visto pasar a muchas generaciones de estudiantes. En el contexto de los recientes resultados de las pruebas Aprender y Pisa, ¿qué lectura hace de la situación educativa actual?

Como secretarios del país nos reunimos anualmente, hace poco estuvimos en La Falda, Córdoba, debatiendo esto. A mi entender, no hay que culpar a los docentes ni a los maestros. El problema es la política educativa que flexibilizó el sistema. Se fue dejando que el chico pase de año con muchas materias previas. Cuando yo estaba en la escuela, recibimos exámenes cuatrimestrales. Tenías que estudiar a diario pero también hacer un balance global. Eso obligaba al alumno a esforzarse. Al quitar eso y permitir que pasen con tantas materias, el chico se relaja, y se relaja todo el sistema educativo. Se toma la decisión desde un escritorio para no tener repetidores, pero eso daña la formación.

Frente a ese panorama, ¿cómo lograrán en las Olimpíadas mantener un nivel de excelencia y competir de igual a igual con las provincias centrales?

Con muchísimo esfuerzo extra, tanto de los chicos como de los entrenadores que trabajan ad honorem . Al principio, cuando me mandaban los resultados por fax desde Buenos Aires, yo no tenía ni un solo chico aprobado. Me di cuenta de que si queríamos estar a la altura de Capital Federal o Córdoba, teníamos que sentarnos a estudiar más. Destaco muchísimo a escuelas públicas que se están sacando y siempre participando, como la Félix de Azara, la 106 de Posadas con la maestra Graciela Pérez, o la Escuela 62 de Leandro N. Alem, que participó por primera vez este año y los chicos yaon una mención especial en el Provincial. También estamos integrando literatura y matemáticas con un programa que se llama “Cuentos con cuentas”, donde los chicos resuelven el problema y luego escriben un cuento o una poesía sobre eso.

Todo este trabajo extra requiere de un gran sacrificio personal. ¿Cómo hizo para equilibrar los viajes y el entrenamiento con su vida familiar?

Imposible sin mi esposo, Mario Baldomero Gómez de Oliveira. Él me acompañó siempre. Cuando tenía que irme un mes a Buenos Aires para acompañar a los chicos a la UBA, él venía conmigo. Yo no conocía cómo manejarme en Buenos Aires y él estuvo ahí. Tuvimos tres hijos: Cristina, que es contadora y me ayuda en la Olimpíada; Mario Germán, y Valeria, que también fue exolímpica y hoy es abogada. Además, la herencia continúa porque tengo cuatro nietos. El alcalde, Ramiro Gómez de Oliveira, este año participó en el primer nivel Ñandú y se entrenó conmigo. Según mi familia, yo estuve esperando ansiosa desde que él entró en primer grado a que por fin llegue a quinto para poder sumarlo. También tengo otro nieto, Emanuel Prieto, que está en tercer grado, y apenas llego a quinto grado voy a tratar de seducirlo matemáticamente. Con razón mi marido siempre dice en broma que soy monotemática, porque vivo para esto.

¿Qué hace Carmen cuando no está pensando en organizar certámenes escolares... Tiene algún otro pasatiempo?

(Ríe) Es que no tengo otro pasatiempo. Mi vida es esto al cien por ciento. A veces me despierto a las 3 de la mañana porque se me ocurre la solución a un problema. Me levanto despacito de la cama, me voy a anotar la resolución, y cuando mi esposo se despierta le digo: “¡Lo resolví!”. Eso me hace profundamente feliz. 

Perfil

Carmen Gladys Ríos
Docente
Tiene 71 años y es oriunda de Posadas. Profesora de matemáticas jubilada con 38 años de trayectoria en las aulas. Secretaria Regional Adjunta de la Olimpíada Matemática Argentina en Misiones. Casada con Mario Baldomero Gómez de Oliveira, tiene tres hijos y cuatro nietos, a quienes ya está inculcando su pasión por los números.

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