Viajar en pareja, conocer Sudamérica y descubrir distintas culturas
Hace siete años, Viviana López y Alberto “Beto” Navarro decidieron salir desde Buenos Aires en una combi para recorrer distintos países. En el camino aprendieron a sortear diferentes dificultades, los sorprendió la pandemia y, en la actualidad, tienen bien en claro que su único deseo es seguir viajando.
Instalados por estos días en la ciudad de Jardín América, él contó que nació en Oberá, pero que siendo niño se fue a vivir junto con su madre a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Ella, en tanto, es porteña y fue su padre quien le inculcó el amor por los viajes. Ambos viven de las artesanías que venden y contaron a El Territorio detalles de la travesía que llevan adelante.
“Cuando mis padres se separaron, me fui a vivir a Buenos Aires. Tengo amistades, hermanos y tíos en Misiones, ya que mi papá vivió mucho tiempo en esta provincia. Por eso, volver a Misiones es regresar a la juventud, a la niñez, cuando jugaba en el barro o, cuando llovía, nos sentábamos en el empedrado y compartía con mis amigos de aquella época”, dijo Navarro al recordar su infancia.
El próximo destino de la pareja es Oberá, ciudad de la que él es oriundo y donde pretenden vender sus artesanías durante la Fiesta Nacional del Inmigrante. Después continuarán el viaje, ya que tienen previsto recorrer otras provincias y dirigirse a Buenos Aires para visitar a sus familiares en la Capital Federal, antes de retomar la aventura en la combi.
López aseguró que las ventas dependen de varios factores, como la situación económica de cada país y la época del mes. Explicó que existen lugares donde la economía es más estable y otros en los que se siente la llegada de fin de mes y hay poco movimiento. Por lo tanto, deben adaptarse durante el camino a cada circunstancia.
“Viajar era una pasión que yo tenía. Mi papá fue viajero desde muy joven y, con los pocos recursos que tenía, trataba de llevarnos a conocer otros lugares. Esa faceta la tenía muy arraigada. Necesitaba un compañero y él aceptó el desafío de viajar conmigo”, describió la entrevistada.
Juntos ya conocieron seis países de Sudamérica y no tienen pensado establecer un punto final. Ella detalló que su idea es vivir viajando. “A veces, mi esposo dice: ‘Mirá este lugar tan lindo, vamos a quedarnos unos días’, pero yo quiero seguir. Me encanta este estilo de vida, conocer gente y hacer amistades. Aunque a veces tenga sus dificultades, disfruto de esta vida”, resaltó.
Adaptarse forma parte de cada jornada y llegar a nuevos sitios se convirtió en algo cotidiano. Deben encontrar lugares donde vender, ya que ofrecen sus productos todos los días. También enfrentan el desafío de decidir dónde pasar la noche, averiguar qué zonas son seguras y escuchar las recomendaciones de otros viajeros, quienes les brindan información sobre las ciudades en las que pueden quedarse.
“Lo más lindo es decir ‘acá me quedo hoy’ y, al día siguiente, amanecer con la vista de un lago, un río, una montaña o, incluso, una plaza”, expresó Navarro. Antes de iniciar el viaje, él ya se dedicaba a las artesanías, por lo que conoce el oficio desde hace más de 25 años. Ella, por su parte, era apicultora y dejó esa actividad para emprender esta aventura.
El plan más inmediato es viajar a Oberá y luego a Buenos Aires, aunque todavía no saben qué ruta tomarán. “Es hacia donde nos lleve el viento. No sabemos si recorreremos otras provincias argentinas o si iremos a Brasil y después a Uruguay, para luego regresar a nuestro país. Por eso no tenemos un itinerario definido”, señaló Navarro. Su esposa agregó que esa es la magia del camino: a veces tienen pensado dirigirse hacia un lugar, pero una sugerencia puede hacerlos cambiar de rumbo para conocer otros destinos.