2026-08-23

Sin emoción no hay aprendizaje

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El sistema educativo cambió, está cambiando. Las demandas, los modos y tiempos del proceso enseñanza aprendizaje, los contratos sociales, los paradigmas. Y en este último punto, voy a insistir en un concepto que deslicé en columnas anteriores: el rol del docente. El profe o la mae, ya no como poseedores incuestionables del saber sino como guías o facilitadores en el camino del saber.

Esa transformación supone nuevos retos. ¿Cuáles son los desafíos de la educación actual? Seguramente, muchos.Si nos detenemos en los detalles, la lista podría ser kilométrica. Por eso, para una reflexión teórica ajustada a estas líneas conviene hacer un recorte.

En esa construcción del conocimiento se fueron incorporando contenidos que antes no tenían un lugar explícito o no eran considerados prioritarios en la formación docente como la Educación Sexual Integral (ESI) y la educación emocional.

Ante la tiranía del espacio, me voy a concentrar sólo en el segundo tema, pues un estudiante podrá olvidarse del contenido pero jamás cómo el docente lo hizo sentir. Sí, somos sujetos “sentipensantes”: lo emocional nos atraviesa, nos predispone a permanecer o a desertar. Contener al estudiante en el aula también constituye una tarea de educación emocional, tan importante como desarrollar la clase de acuerdo con la planificación, evaluar mediante parciales y proponer trabajos prácticos.

“Sin emoción no hay aprendizaje” aporta desde su mirada la magíster en Familia y licenciada en Psicopedagogía Karen Baukloh. “Si no nos emocionamos, no aprendemos de la misma manera. El valor de la afectividad dentro del camino del aprender”, explica la especialista que desde hace años trabaja en ese campo y milita por ese concepto.

“El reconocimiento de la afectividad en los procesos de enseñanza y aprendizaje, porque son saberes elementales de la vida. Entonces, negar la emoción es casi como negar nuestra condición de seres sujetos sentipensantes, humanos sentipensantes”, afirma.

En consecuencia, lo emocional y lo vincular en la comunidad educativa representan un gran desafío para la formación docente. En este punto, el doctor en Educación Carlos Vigo habla de los nuevos analfabetismos y entre ellos menciona el analfabetismo vincular.

“El foco tiene que estar puesto hoy en el tipo de vínculo que construimos con los estudiantes, en el tipo de vínculo que construimos con el conocimiento y en el vínculo que los docentes tenemos con nuestra propia profesión, porque todos nuestros problemas son de tipo vincular”, reflexiona Vigo durante una conversación meses atrás. Me tomé el atrevimiento de recuperar aquella reflexión para este espacio.

Las preguntas en educación son continuas y permanentes; siempre deben estar presentes. Para Vigo, la clave está en preguntarse: ¿para qué educamos hoy?, ¿cuál es el sentido social de la escuela?, ¿quién es nuestro sujeto de aprendizaje?, ¿qué relación tenemos con el conocimiento?, ¿qué tipo de docentes estamos formando?, ¿cuáles son las condiciones materiales y simbólicas? y ¿cómo se jerarquiza la vida docente?

Interpelar el rol docente es necesario para crecer.

Al mismo tiempo, también es cierto que no podemos pedirle más a la escuela. Se le exigen constantemente respuestas y soluciones, pero no puede afrontarlas sola. La escuela necesita de la familia y del Estado, como garantes de derechos y oportunidades y como proveedores de herramientas y formación.

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