2026-08-15

El Niño golpea a Brasil con lluvias en el sur y sequía en el norte

Las autoridades activaron una mesa de trabajo nacional ante la posibilidad de que se repita la crisis hídrica registrada entre 2023 y 2024.

Brasil ya no discute si El Niño llegará este año, sino que atraviesa sus primeros efectos concretos. Así lo confirmó el secretario nacional de Defensa Civil, Wolney Wolff, quien advirtió que el fenómeno climático se siente de punta a punta del país, con un patrón que combina lluvias intensas y vientos extremos en el sur, mientras la Amazonia y el nordeste ya muestran señales de sequía y escasez hídrica.

Wolff explicó en una entrevista con el programa gubernamental Voz de Brasil que Brasil ya está viviendo un El Niño de grado muy fuerte, algo que puede inferirse a partir del calentamiento de las aguas del Atlántico, que superó los dos grados centígrados. Esa anomalía térmica es, según el funcionario, la que explica el comportamiento extremo que empieza a registrarse en distintas regiones del país. China

Un país partido entre el exceso y la falta de agua

El diagnóstico de Defensa Civil describe un escenario de contrastes. Mientras la región sur y eventualmente el sudeste deberán prepararse para lluvias intensas, el norte y el nordeste enfrentarán una sequía marcada, con una escasez hídrica que, según Wolff, ya empezó a sentirse en la Amazonia. A ese panorama se suma la posibilidad de incendios en la región centro-oeste y olas de calor severas en San Pablo y Río de Janeiro, las dos ciudades más pobladas del país, a lo largo de 2026.

El antecedente que más preocupa a las autoridades es reciente. Entre 2023 y 2024, la Amazonia atravesó una de las peores sequías de las últimas décadas, con ríos que llegaron a niveles extremadamente bajos y afectaron tanto el transporte fluvial como la producción agrícola de la región. Wolff recordó ese episodio como referencia de lo que podría repetirse si el fenómeno se profundiza, y señaló que en aquel momento el Gobierno debió desplegar acciones especiales para asistir a los estados del norte.

Lo que ya pasó y lo que se viene

El escenario no es del todo nuevo. En julio, Río Grande do Sul, en el sur del país, sufrió lluvias que se extendieron por más de diez días y elevaron el nivel de los ríos que desembocan en la cuenca del Guaíba, provocando inundaciones en varios municipios. Poco después, un ciclón extratropical generó vientos que superaron los 100 kilómetros por hora, un adelanto de lo que las autoridades esperan que se repita con mayor frecuencia mientras el fenómeno se intensifica.

Según datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), el episodio de El Niño ya se desarrolló en el Pacífico ecuatorial y se prevé que continúe intensificándose hacia fin de año, con una probabilidad cercana al 97% de que el fenómeno se sostenga en el tiempo. A nivel global, el promedio del índice Niño 3.4, la principal zona de monitoreo del fenómeno, alcanzó los 2,1 grados, un valor que los especialistas describen como una anomalía extrema.

Para hacerle frente a este panorama, el Gobierno brasileño puso en marcha una mesa de trabajo específica coordinada desde la Casa Civil de la Presidencia, que ya llevó adelante distintas reuniones de seguimiento, y mantiene equipos desplegados en todos los estados del norte y del centro-oeste para reforzar la preparación ante una eventual crisis hídrica. Wolff remarcó además la importancia de que la población se informe a través de los canales oficiales, como las defensas civiles municipales, las alcaldías y los gobiernos estatales y federal, ante la posibilidad de nuevos eventos extremos en los próximos meses.

De confirmarse las proyecciones, Brasil deberá enfrentar en 2026 uno de los escenarios climáticos más exigentes de los últimos años, con el desafío de coordinar la respuesta a inundaciones en el sur y una crisis hídrica en el norte de manera simultánea.

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