2026-08-15

La Tierra sigue temblando y los expertos ya tienen una explicación

Entre Granada, Colombia y Venezuela, la actividad sísmica de 2026 encendió alarmas, pero los científicos descartan que algo esté cambiando bajo nuestros pies.

La seguidilla de terremotos que se registró en distintos puntos del planeta durante 2026 volvió a instalar una pregunta que crece cada vez que la tierra tiembla, la de si el planeta está atravesando una etapa de mayor actividad sísmica de lo habitual. La inquietud se renovó este sábado con el sismo de magnitud 5,2 que sacudió Granada, en el sur de España, y que se sumó a una lista de movimientos fuertes registrados este año en Colombia, Venezuela, México, Filipinas e Indonesia. Sin embargo, la comunidad científica coincide en que no hay evidencia de que la Tierra haya entrado en una fase sísmica anómala.

Lo que pasó en España

El terremoto español se produjo a la 1.04 de la madrugada de este sábado 15 de agosto, con epicentro en el municipio de Alhendín, en el área metropolitana de Granada, y una profundidad de apenas 2 kilómetros según el Instituto Geográfico Nacional (IGN), que ubicó la magnitud en 5, mientras que el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) la situó en 5,2. Minutos después se registró una réplica de magnitud 2,6 en la vecina localidad de Gójar. La sacudida se sintió en gran parte de Andalucía, con avisos que llegaron a Emergencias 112 desde todas las provincias andaluzas salvo Huelva y Cádiz, y provocó desprendimientos, daños en fachadas y tejados y la evacuación preventiva de un edificio, aunque sin heridos de gravedad. La Junta de Andalucía activó la fase de emergencia del Plan ante el Riesgo Sísmico, y el Ayuntamiento de Granada llegó a gestionar más de 400 incidencias vinculadas al movimiento. Según recordaron medios españoles, un sismo de magnitud similar no se registraba en la zona desde el terremoto de Armilla en 1955, hace 71 años.

Ese antecedente ayuda a entender el fenómeno desde la lógica científica, ya que España se asienta sobre el límite entre las placas Euroasiática y Africana, una zona de fricción constante que libera energía de manera intermitente y donde los grandes sismos, aunque poco frecuentes, forman parte de la dinámica habitual del terreno.

La lectura de la ciencia sobre la seguidilla mundial

El terremoto granadino se sumó a una serie de movimientos que en las últimas semanas pusieron en alerta a distintas regiones del planeta. El más resonante fue el sismo de magnitud 7,4 registrado el 10 de agosto en el departamento de Chocó, Colombia, que el Servicio Geológico Colombiano catalogó como el más intenso ocurrido en el país durante este siglo, y que hasta el momento acumuló 99 réplicas. A eso se sumaron los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 registrados en Venezuela, el de magnitud 7,4 en Chiapas, México, y el más reciente, de magnitud 7,7, frente a las costas de Indonesia, cerca de la isla de Flores.

Consultada sobre esta seguidilla, la geóloga colombiana Adriana Ocampo, que desarrolló su carrera durante más de cinco décadas en la NASA, explicó que la actividad sísmica de este año responde a la dinámica tectónica natural de cada región y no a un fenómeno anómalo a nivel global. Según detalló, el sismo de Colombia se originó por la subducción de la placa de Nazca bajo la Sudamericana, mientras que el doblete registrado en Venezuela obedeció a una falla de rumbo diferente, lo que confirma que se trató de eventos independientes entre sí. La especialista remarcó además que Colombia y México se ubican dentro del Cinturón de Fuego del Pacífico, la franja que concentra cerca del 90% de los sismos que ocurren en el mundo, mientras que Venezuela, pese a estar fuera de ese cinturón, también se asienta sobre zonas de alta actividad tectónica. Ocampo fue consultada también sobre una posible relación entre el calentamiento de los océanos y la actividad sísmica, y fue categórica al respecto, ya que no existe evidencia científica que vincule el aumento de la temperatura oceánica con los terremotos tectónicos profundos.

En la misma línea se manifestó Luis Quintanar Robles, investigador del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y responsable de la Red Sismológica del Valle de México, quien descartó que se estén activando nuevas fallas o que existan alteraciones en los procesos internos del planeta. El especialista explicó que los sismos son producto de la interacción constante entre los grandes bloques que forman la corteza terrestre, como ocurre en el límite entre la placa del Caribe y la Sudamericana o en las zonas de subducción del Pacífico, donde la fricción entre placas acumula energía que tarde o temprano se libera en forma de terremoto.

Por qué parece que hay más terremotos que antes

Además de la explicación puramente tectónica, los especialistas coinciden en un segundo factor que amplifica la percepción de que el planeta tiembla más seguido, la mejora en la tecnología de monitoreo sísmico. Quintanar Robles graficó ese salto al recordar que en 1910 la red sísmica de México operaba con apenas seis estaciones, mientras que en la actualidad existen más de cien instrumentos de banda ancha distribuidos en el país, capaces de detectar movimientos leves que antes pasaban completamente inadvertidos para la población. A esa mayor densidad de estaciones se suma la inmediatez de las redes sociales y los sistemas de alerta temprana, que permiten que cualquier sismo, sin importar su magnitud, se conozca en cuestión de segundos en cualquier parte del mundo.

Ese combo de factores, mayor sensibilidad de los instrumentos y mayor velocidad en la difusión de la información, contribuye a instalar la sensación de una Tierra hiperactiva, aunque el número real de terremotos de gran magnitud se mantenga dentro de los parámetros históricos esperables para cada región.

Qué pasa después de un gran sismo

Otro de los puntos que suele generar dudas es qué ocurre luego de un terremoto de magnitud considerable, como el registrado en Colombia o el propio sismo de Granada. Al respecto, Ocampo explicó que es cierto que la corteza terrestre busca un nuevo equilibrio tras liberar una gran cantidad de energía, lo que explica la aparición de réplicas en los días posteriores a un sismo principal, un fenómeno considerado normal por la comunidad científica y no una señal de que se avecine un nuevo movimiento de mayor magnitud. Ese fue justamente el comportamiento observado tanto en Colombia, con sus 99 réplicas, como en Granada, donde se registró un segundo movimiento leve pocos minutos después del sismo principal.

En definitiva, la mirada de los especialistas apunta en una misma dirección, la de que 2026 no representa un quiebre en el comportamiento sísmico del planeta, sino una combinación de eventos naturales en zonas históricamente activas, sumada a una capacidad de detección y de difusión que hoy permite conocer, casi en tiempo real, cada movimiento que ocurre en cualquier rincón del mundo.

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