Un comentario negativo, un video ignorado y la ansiedad que crece en segundos entre los jóvenes
Una investigación del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP comprobó que basta con exponerse brevemente a situaciones negativas en las redes sociales para que los niveles de ansiedad de los jóvenes suban de forma medible. El hallazgo cobra fuerza porque logró establecer una relación de causa y efecto, algo poco frecuente en este tipo de estudios, y porque encontró que ese impacto resulta mayor entre los varones, un resultado que va a contramano de buena parte de la bibliografía previa sobre el tema.
Hasta ahora, gran parte de la evidencia disponible sobre salud mental y plataformas digitales provenía de países desarrollados y se concentraba en cuánto tiempo pasan los jóvenes conectados, más que en qué les pasa mientras están conectados. Con esa pregunta como punto de partida, el equipo conformado por María Laura Alzúa, Azul Menduiña y Milagros Onofri decidió indagar si son ciertas experiencias puntuales, y no solo la cantidad de horas de uso, las que terminan afectando el bienestar emocional.
Para comprobarlo armaron un experimento con más de 500 estudiantes ingresantes de esa facultad platense, llevado adelante en febrero de este año. Los participantes se dividieron al azar en dos grupos para poder aislar el efecto real de la exposición. Uno de ellos leyó cinco escenarios hipotéticos pero muy reconocibles para cualquier usuario de redes, como publicar algo y no recibir ninguna reacción, encontrarse con comentarios negativos, ver contenido idealizado de otras personas, toparse con un video hecho con inteligencia artificial sobre uno mismo, o sentirse ignorado por amigos. El otro grupo, en cambio, fue expuesto a contenidos completamente neutros, como un tutorial de cocina o una publicidad.
Apenas terminada esa exposición, se midió el estado emocional de los participantes con el State-Trait Anxiety Inventory, uno de los instrumentos más utilizados a nivel internacional para evaluar la ansiedad en el momento. Los resultados mostraron un aumento significativo entre quienes habían pasado por los escenarios negativos, en un promedio de 0.09 desviaciones estándar respecto del grupo de control. Lo que más llamó la atención de las investigadoras fue justamente eso, que una exposición tan corta y completamente ficticia haya alcanzado para generar un efecto medible.
Por qué el impacto es mayor en los varones
A la hora de explicar por qué el efecto resultó más marcado entre los hombres, el estudio plantea que las mujeres podrían estar más acostumbradas a atravesar este tipo de situaciones en el uso cotidiano de las plataformas. Esa familiaridad podría traducirse en niveles de ansiedad de base ya más altos, lo que dejaría menos margen para que suban todavía más, o directamente en una reacción emocional más amortiguada frente a estímulos que ya forman parte de su rutina digital.
El trabajo también dejó otro dato que confirma el nivel de hiperconexión actual entre los jóvenes. Seis de cada diez encuestados dijeron pasar más de cuatro horas diarias en redes sociales durante los días de semana, una proporción que trepa a siete de cada diez los fines de semana. El uso intensivo tampoco es marginal, ya que el 28% supera las seis horas diarias en días hábiles y esa cifra sube al 40% los sábados y domingos.
Para las autoras, estos resultados invitan a repensar cómo se aborda el consumo digital entre los más jóvenes, porque demuestran que la calidad de lo que se ve y se vive en las redes pesa tanto como la cantidad de tiempo que se pasa frente a la pantalla. Entender estos mecanismos específicos, sostienen, resulta clave para diseñar políticas públicas, intervenciones educativas y herramientas de bienestar que vayan más allá de simplemente pedirles a los chicos que usen menos el celular.