2026-08-05

Recuerdos y actualidad de José Fabio

“Volví del colegio y Magnano me estaba esperando en la puerta de casa”

El obereño tuvo una destacada carrera profesional en Argentina y Paraguay. Hoy es el director deportivo de OTC y destacó que el “club está creciendo en todos los aspectos”

Dos enormes carpetas custodian infinidad de recortes periodísticos que durante casi dos décadas recolectó su papá. Apenas una síntesis de la carrera que edificó como profesional en Argentina y Paraguay y lo llevó a convertirse en referente del básquet misionero.

José Fabio es el último gran ídolo del deporte obereño, reconocimiento que se ganó con la camiseta de Oberá Tenis Club (OTC), en cuya cantera se formó y donde protagonizó hitos como el ascenso a la Liga Nacional B, en 2006.

También disputó varias temporadas en el Torneo Nacional de Ascenso (TNA), alternando con otros clubes del país y Paraguay, donde obtuvo la nacionalidad para jugar por la selección nacional.

Desde chico se destacó, incluso en categorías más grandes. No por nada, Rubén Magnano -el arquitecto de la Generación Dorada- lo vino a buscar.

Pero en Misiones el básquet no tenía el desarrollo actual y, luego de la secundaria, dejó el deporte para estudiar en Buenos Aires.

Aunque la pasión siempre estuvo, volvió y redondeó una prolífica carrera profesional. “Me retiré cuando me saqué las ganas de jugar”, graficó.

Hoy es el director deportivo de OTC y destacó que “el club es un ejemplo de gestión”. “Hay chicos que, si toman la decisión, tranquilamente podrán hacer una mejor carrera que la mía”, remarcó.

Empezaste a jugar al básquet acá, en OTC, pero con una infraestructura muy diferente…

Estos días hablaba con un amigo sobre las diferencias de nuestra época, cuando éramos chicos: piso de mosaico, sin techo, con un clima como el de Misiones muy lluvioso; pero nosotros agarrábamos un escurridor y a jugar igual, con cancha húmeda. Pero a los obereños siempre les gustó el básquet, entonces eso fue un motor para nosotros.

De chico siempre te destacaste en tus categorías y jugando con chicos más grandes, pero la competencia no estaba desarrollada como ahora. ¿Esa fue una contra para el arranque de tu carrera?

Sí, claramente. Pero después tuve la suerte de encontrarme con entrenadores que me hicieron recuperar el terreno perdido. Pero, por ejemplo, en toda mi secundaria se había disuelto la Asociación Obereña, había un solo equipo, no había competencia local ni provincial. Vos decís ‘cómo un chico en toda la secundaria no jugó Liga Provincial’, a diferencia de lo que es ahora, que con errores y con virtudes, hay una competencia con buena organización y cantidad de partidos. Pero en Oberá hubo una época en que el básquet un poco desapareció. Por suerte, se mantuvo el básquet comercial. Por eso la importancia del básquet amateur que sigue hasta hoy. Eso respeto mucho, porque también es parte del corazón del básquet obereño: mantuvo viva la disciplina durante mucho tiempo. Así que, al no haber competencia oficial, era jugar con amigos y entrenar para algún torneo provincial entre ciudades. Hasta que llegué a quinto año y se dio la posibilidad de Luz y Fuerza de Posadas.

¿Ese fue el faro que se encendió para los jugadores de tu generación?

Exacto. Nosotros seguimos como hinchas todo el recorrido de Luz y Fuerza, porque era como decís vos, el faro para Misiones. Primero Liga B, después TNA, se ascendió en cancha de Tokio y fue algo que disfrutamos mucho todos los que amamos el básquet.

Luz y Fuerza reclutó juveniles para su proyecto y te sumaron…

Sí. Luz y Fuerza hizo un plan de mirar un poco para adentro en la provincia y recorrieron Misiones. Acá vino (Rubén) Magnano con un dirigente. Yo llegué del colegio, con el guardapolvo y la carpeta, y Magnano estaba en la puerta de casa. Así fue al Eldorado por Luisito Ayala, estuvo en Alem con Enrique Gauvry, en Puerto Rico por Raúl Tarnowyk. O sea, llevaron un montón de jugadores. Se armó un lindo grupo con buenos jugadores.

¿Cuánto duró eso?

Para mí duró poco, porque Luz y Fuerza se terminó disolviendo y decidí irme a estudiar a Buenos Aires. Había perdido mucho terreno y me planteé la vida desde otro lugar, no jugando al básquet. En Luz y Fuerza viajaba todos los días para entrenar, con las dificultades para volver porque no había colectivo después del entrenamiento. Tenía que esperar hasta las 4, 5 de la mañana para tomar un colectivo y llegaba para ir al colegio. Inclusive hubo noches de dedo, cosa que hoy no lo haría ni loco. Fue así de sacrificado. De todas formas, la experiencia de Luz y Fuerza me ayudó a volver a un club y tener competencia oficial. Eso creo que dejó huella y la semilla germinó, más adelante.

Todo un proceso que sentó la bases para tu carrera…

Sin dudas. Desde muy chico fueron muchas horas jugando. Más que el promedio, tal vez. Una pasión desde muy chico. También coincidió con un grupo de jugadores que tenían la misma pasión. Se jugaba mucho al básquet en Oberá. Había menos distracciones también, ¿no? A los chicos de esa época también nos quedaba cierta referencia de lo que fue el equipo de la Liga Nacional C del 86, que fueron nuestros ídolos. Eran los jugadores que vimos de chiquitos y nos impactaron un montón. Con el marco impresionante del polideportivo. Que después como jugador también lo pude replicar.

¿Cuánto tiempo estuviste sin jugar y cuál fue el click que te hizo volver?

Más o menos tres años. Y el click, obvio que no fue de un día para el otro, fue cuando fui a ver una práctica de Obras en Buenos Aires y sabía que estaba Guillermo Vecchio, a quien había conocido en una gira que hizo por Misiones, cuando nadie venía. Por eso hay que reconocer que Vecchio fue muy importante para la visibilidad de los jugadores del interior, más todo lo demás que hizo. En mi caso eso me ayudó bastante. Pero ese día fui a ver la práctica, me vio y se acordó. Se acercó, me preguntó qué estaba haciendo y le dije que estudiaba, pero tenía ganas de jugar a nivel amateur y me pasó un teléfono. Eso coincidió con que acá había un resurgir del básquet. Aemo arrancaba en la Liga Nacional C y eso me enganchó. Por otro lado, la carrera universitaria no me apasionaba y ya le había dado mucho tiempo; por más que me iba relativamente bien, pero sentía que no me movía nada y que lo otro sí podía tener mucho más impacto en mí. Así que me enganché en esa locura de venir a jugar la C y ahí arrancó todo.

Y ahí viste que tenían con qué…

Sí, a pesar de haber parado. Pero tenía el bagaje de mucho entrenamiento solo, muchas horas. Por eso le doy mucha importancia al entrenamiento individual, porque disimula mucho y lo comprobé. Me venía de Buenos Aires para jugar. A partir de ahí me propuse darme un tiempo a esto y ver hasta dónde podía llegar.

OTC tomó la posta de Aemo y llegó Dante Collavino, un entrenador que siempre destacás.

Yo digo que con Dante fue tal vez con quien más recuperé terreno. Sobre todo en lo defensivo. Un entrenador que vino con otra filosofía para entrenar y tuvo mucho impacto en jugadores que estaban abiertos a eso, que estaban esperando que se los entrenara de otra forma. Fue muy valioso su aporte.

¿Cómo se dio la primera chance de club profesional?

Después de un Argentino de Selecciones, donde tuvimos un gran equipo e hicimos un buen torneo con Misiones. Ahí aparecieron ofertas y me fui a Andino de La Rioja, que fue muy positivo porque recuperé la chance de llegar a la Liga.

Después Peñarol en Liga Nacional y el primer título de TNA con la Unión de Formosa…

Sí, y ahí vino una seguidilla de títulos. El ascenso con OTC a la Liga Nacional B, donde viví como jugador la experiencia del estadio repleto. La verdad que siempre fue un estímulo jugar en Oberá y por eso volví cada vez que pude.

Además de hacer tu carrera en Argentina, tuviste mucho éxito en Paraguay…

Fue súper importante jugar en Paraguay. Primero un desafío de ir como extranjero y después haber encajado en la Liga. Llegaron ofertas de equipos importantes y me fue bien. Jugar torneos importantes con la selección, la cantidad de países donde competimos. La verdad que se dio algo impensado.

¿Cuál fue tu mejor temporada como profesional?

Creo que en Asunción, con Sol de América, en 2010-11. En ese momento había una muy buena camada de nacionales, mucha rivalidad, con jugadores norteamericanos muy destacados y se armaban torneos muy reñidos, con presión, mucha gente. Jugar finales con ese contexto fue muy lindo.

A pesar de haber empezado tarde como profesional, tuviste una carrera muy larga. Incluso, a los 42 años jugaste en la selección de Paraguay…

Yo había dejado, pero volví a jugar acá con Seba Torres como DT, que me ofreció jugar y después seguí un poco más. Por suerte vino la pandemia, si no seguía (risas). Creo que también tuve la suerte de no tener lesiones graves. Siempre me cuidé, sabiendo que el cuerpo es mi herramienta de trabajo. Yo también basaba mucho mi juego en lo físico, entonces no me costaba cuidarme porque sabía que era bueno para mí. Y me retiré cuando me saqué las ganas de jugar.

O sea que no sufriste el retiro…

Para nada. Entiendo a los jugadores que les pasa, que hay un bajón y se replantean cosas y no se imaginan una nueva vida. A mí, no me pasó. Inclusive yo lo estaba esperando, me fui preparando para la transición y no esperar hasta el último día.

¿Cuál es tu función como director deportivo de OTC?

Los clubes, cada vez más, recurren a la figura del director deportivo porque es una ayuda en la planificación y diseño de un equipo o de una estructura, lo que demanda mucho tiempo, cierto conocimiento de cuestiones de la competencia y mucho tiempo para tratar de construir. Ahí está el desafío. Por el formato en el que se juega en Argentina, de clubes clásicos, los dirigentes y presidentes de turno tienen sus propios asuntos que atender, su profesión, sus negocios, sus familias y por ahí no pueden disponer del tiempo y tal vez del conocimiento, si vienen de otra área. Como en cualquier actividad, hay cuestiones que se conocen más estando adentro que afuera.

OTC estuvo once temporadas en TNA y Liga Argentina, y arranca la séptima en la máxima categoría. Esa continuidad es un mérito impresionante…

Sí. Los dirigentes pasan, pero hay que tratar de cuidar esto que está pasando ahora. Se logró llegar a la máxima categoría después de mucho recorrido. Hay que reconocer lo que se hizo antes porque es parte de esto, lo mismo a la comunidad, que nunca le dio la espalda al proyecto.

Y con lo que cuesta, ejemplo Luz y Fuerza, que estuvo un par de temporadas y desapareció…

La verdad que sí. También es cierto que la tarea de nuestro presidente, Sergio Feversani, es impresionante. Cómo hace que crezca el proyecto, con una comisión que lo acompaña. Sin dudas es muy valorable lo que está pasando y, además de cuidarlo, hay que tratar de hacerlo crecer. El club no sólo crece en lo deportivo, sino en todos los aspectos. Es un ejemplo de gestión.

En seis temporadas en la elite, OTC accedió cuatro veces a cuartos de final, un logro que no es habitual…

Exacto. Ver la foto en perspectiva y no dejarse llevar sólo por victorias o fracasos temporales. Si se hace una buena lectura, se tiene que reconocer que el proceso es bueno y sólido en cuanto a que el club está ganando prestigio. En un contexto económico complicado, lo que se promete se cumple, los jugadores están muy cómodos acá, lo expresan abiertamente y eso empieza a ser importante y repercute en el ambiente del básquet argentino. Eso habla de la construcción. Y si queremos mantenernos y aspirar a cosas importantes, como lo estamos haciendo, la reputación es muy importante.

¿Qué rol cumple el entrenador Fabio Demti en este esquema?

Fundamental. El básquet argentino lo respeta, es un gran profesional, un entrenador que pensamos para nuestro proyecto. A veces con un poco más de presupuesto, a veces con menos, pero siempre haciendo equipos competitivos. Aparte con él y su forma de liderazgo, se respira buen clima durante el año.

¿Ya tenés armado el equipo para la temporada que viene y que tendrá el doble frente de la competencia internacional y la Liga Nacional?

Sí, ya está el equipo. Creo que vamos a ser competitivos. Por suerte se mantuvo la base de la temporada anterior, lo que nos gusta. La competencia internacional se da en el inicio de la temporada, o sea que tampoco hay tanto tiempo para que un equipo nuevo funcione, como sí uno que mantiene una base y por suerte lo pudimos hacer.

¿Qué está faltando para que aparezca el nuevo José Fabio en Oberá?

Hay chicos que, si toman la decisión, tranquilamente podrán hacer una mejor carrera que la mía. Pero eso ya es cuestión personal. Acá se les da la posibilidad de explotar su potencial, hay buena competencia, hay un staff de entrenadores y preparadores físicos, dos canchas, una liga provincial interesante. Están dadas las condiciones, pero después está el deseo de cada uno.

¿Te ves como entrenador?

No, no. Al básquet lo disfruté adentro de la cancha. Esto que hago ahora siento que puedo ser de ayuda, sinceramente. Y cuando sienta que no soy de ayuda, seré yo quien diga no sigo.

Para ser entrenador tenés que tener una predisposición. Hay cosas que me gustan y otras que no. Ya estuve mucho tiempo arriba de un colectivo. Tampoco planificar una vida en torno a los resultados. Ser entrenador de básquet es una decisión vocacional que no tengo.

Perfil

José Fabio
Exbasquetbolista/manager OTC
Edad: 48. Carrera en TNA y LN:
OTC, Andino de La Rioja, Peñarol, La Unión de Formosa, Conarpesa Madryn, Independiente de Neuquén, Española de Charata, Monte Hermoso, Banda Norte y Comunicaciones de Mercedes.

En Paraguay jugó en América de Pilar, Sol de América, Cerro Porteño, Libertad y Olimpia. Además, integró la selección paraguaya. Logró el ascenso a LN y fue campeón del TNA con La Unión de Formosa; ascendió a LN con Independiente de Neuquén y a la Liga B con OTC.

En Paraguay fue bicampeón con Sol de América y MVP.

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