“No es una enfermedad, es una condición”
La historia de Tiago Rodríguez y el desarrollo de Acelerados permiten profundizar sobre una condición que todavía suele estar atravesada por prejuicios, diagnósticos apresurados y dificultades para acceder a los apoyos adecuados. Comprender cómo se manifiesta el TDAH y de qué manera puede acompañarse resulta clave para evitar que sus características se conviertan en obstáculos en la escuela, la familia y la vida cotidiana.
“No es una enfermedad, sino una condición que, aunque con algunas modificaciones, va a acompañar a la persona durante toda su vida. También es importante aclarar que ya existen estudios que confirman que no se trata de un ‘déficit’ de la atención y la concentración, sino de una dificultad para utilizarlas. Por momentos puede haber focos de atención intensa y, en otros, dificultades para sostenerla”, explicó la psicóloga Rita Filich.
En este sentido, indicó que el TDAH es una condición del desarrollo que afecta funciones como la concentración, la memoria, la impulsividad, el control del movimiento y las funciones ejecutivas. Además, recordó que sus siglas significan trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad, aunque actualmente se procura hablar de “condición” para reflejar una comprensión más adecuada de esta realidad.
La necesidad de seguir generando conciencia también alcanza al entorno de quienes conviven con esta condición. Muchas veces, el desconocimiento hace que determinadas conductas sean interpretadas como falta de educación o desinterés, cuando en realidad responden a dificultades para controlar los impulsos y sostener la atención. Esa situación obliga a muchos niños a realizar un esfuerzo mucho mayor para responder a las exigencias académicas y de comportamiento, aun cuando no cuentan con las herramientas necesarias para hacerlo.
Como consecuencia, pueden aparecer sentimientos de frustración, baja autoestima y dificultades en las relaciones con sus pares, experiencias que incluso se extienden hasta la adultez. Por eso, no son pocos los adultos que sienten alivio cuando finalmente reciben el diagnóstico, ya que logran comprender qué era lo que les ocurría y dejan de creer que había algo malo en ellos.
“El aumento de casos puede deberse a que antes era una condición que prácticamente no se conocía y, por lo tanto, no se diagnosticaba. Hoy hay muchos adultos que recién están detectándolo. Pero también es cierto que se habla del diagnóstico de TDAH con demasiada liviandad y sin el rigor teórico ni el conocimiento necesarios para realizar un buen diagnóstico”, advirtió la profesional.
“El problema con la información que hay en redes sociales es que no siempre es real. Hay mucha información dando vuelta que no tiene sustento y que no está dada por profesionales. En cuanto a que muchas personas encuentren similitudes con sus propias características, es esperable. Esta condición afecta funciones que todos tenemos y utilizamos constantemente en la vida cotidiana, aunque en cada persona se manifiestan de manera diferente”, puntualizó Rita Filich.
Y agregó: “Hay personas que necesitan música para estudiar y otras no pueden ver que vuele una mosca porque se desconcentran. Todos podemos presentar algunas características aisladas, pero eso no significa tener TDAH. El problema aparece cuando esas dificultades interfieren en nuestra vida, nos hacen sufrir y no nos permiten desarrollarnos. Por eso necesitamos herramientas y encontrar las adaptaciones que hagan que esas dificultades no se conviertan en barreras”.
En cuanto a las primeras manifestaciones, mencionó olvidos constantes, pérdida de útiles, tareas inconclusas, omisión de renglones o páginas, impulsividad, interrupciones al hablar y dificultades para permanecer quietos. Aclaró que estas conductas deben presentarse de manera sostenida y no de forma aislada. En la adolescencia y la adultez, en cambio, suelen cobrar mayor protagonismo la ansiedad intensa, los pensamientos intrusivos, la divagación del pensamiento y las dificultades para organizar tareas y la procrastinación.
Por último, la psicóloga hizo hincapié en la importancia de que el diagnóstico contemple las áreas en las que existen dificultades y el nivel en que estas se presentan, ya que cada persona tiene un funcionamiento diferente. A partir de esa evaluación, consideró fundamental definir los apoyos y las adaptaciones necesarias junto a los profesionales correspondientes, como psicólogos, psicopedagogos o maestras integradoras, de acuerdo con las necesidades de cada caso.
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