2026-07-08

Gracias a los programas Pila y Erasmus, alumnos de distintos países se conectan

“Quien vive una experiencia de movilidad ve de otra forma a su profesión”

Gisela Montiel, docente y referente del área de Relaciones Internacionales de la Unam, sostiene que la internacionalización genera oportunidades laborales cada vez más valoradas.

La internacionalización dejó de ser una actividad complementaria para convertirse en uno de los ejes estratégicos de la educación superior. En la Universidad Nacional de Misiones (Unam), este proceso se traduce en programas de movilidad estudiantil y docente, cursadas virtuales en universidades extranjeras, dobles titulaciones, redes de investigación y cooperación con instituciones de distintos países. Sólo durante el último año, estudiantes de la casa de estudios cursaron más de 100 materias en universidades del exterior entre las modalidades presencial y virtual, una cifra que refleja el crecimiento de estas iniciativas tras la pandemia.

Briza Espínola alumna de Facultad de Forestales (Unam) viajó a México.
participó del PILA Presencial a México.. 

 

Al frente del Área de Relaciones Internacionales se encuentra Gisela Montiel, docente e investigadora de la Facultad de Ciencias Económicas, quien conoce el proceso desde ambos lados: primero fue beneficiaria de programas de movilidad y becas internacionales y luego asumió la tarea de impulsar esas oportunidades para nuevos estudiantes y docentes. En diálogo con El Territorio, repasó el presente de la internacionalización en las universidades, los desafíos del financiamiento y el impacto que estas experiencias tienen en la formación académica y profesional.

¿Cómo nació tu interés por las relaciones internacionales y la cooperación académica?

Soy docente e investigadora de la Facultad de Ciencias Económicas. En realidad, soy producto de la internacionalización. Primero participé como estudiante y después como docente en distintos programas de movilidad. Gracias a una beca pude realizar una maestría en la Universidad de Málaga, en España, y esa experiencia cambió completamente mi recorrido profesional.

¿Qué significó esa etapa para vos?

Muchísimo. A partir de esa maestría se generó una red de colegas de distintos países que seguimos trabajando juntos. Con el tiempo presentamos proyectos ante la Unión Europea y logramos crear un centro de investigación que hoy sigue funcionando. Es la demostración de que una experiencia internacional no termina cuando uno vuelve, sino que abre vínculos académicos y humanos que permanecen durante muchos años.

¿Fue esa experiencia la que te acercó al Área de Relaciones Internacionales?

Sí. Después de varios años participando en proyectos internacionales, me convocaron para incorporarme al área. Creo que haber vivido esas experiencias ayuda mucho porque uno entiende lo que significa para un estudiante o un docente atravesar un intercambio.

¿Qué fue lo más valioso que te dejó esa etapa?

Las redes. Uno construye amistades, contactos académicos y proyectos de investigación. También aprende otras formas de enseñar, de investigar y de trabajar. Todo eso vuelve con uno a la universidad.

La movilidad es solamente una herramienta dentro de un proceso mucho más amplio. Internacionalizar una universidad implica generar cooperación académica, investigación conjunta, intercambio cultural, enseñanza de idiomas, dobles titulaciones y también incorporar una mirada global en la formación de nuestros estudiantes.

La educación superior está avanzando hacia estándares internacionales. Hoy buscamos formar profesionales capaces de desempeñarse en cualquier parte del mundo. Ya no alcanza con pensar únicamente en el ámbito local o regional.

¿Qué posibilidades tienen hoy los estudiantes?

Tenemos programas de movilidad presencial y también movilidad virtual. Esto significa que un estudiante puede cursar materias en una universidad extranjera sin salir de Posadas, Oberá o Eldorado. Las asignaturas que aprueba después se incorporan a su plan de estudios en la Unam.

¿Cómo funcionan esos programas?

Trabajamos con iniciativas como Pila y Erasmus+, entre otras. En la movilidad presencial el estudiante cursa un cuatrimestre completo en otra universidad. En la virtual puede realizar dos o tres materias según cada convocatoria, mientras continúa estudiando normalmente en la Unam.

¿Qué ventajas tiene la modalidad virtual?

Es una herramienta extraordinaria porque elimina prácticamente la barrera económica. El estudiante obtiene una experiencia internacional muy importante para su currículum sin necesidad de afrontar los costos que implica viajar.

Además de la movilidad, existen las dobles titulaciones. ¿Cómo funcionan?

Tenemos ocho carreras con doble titulación. El estudiante realiza un año de cursado en una universidad del exterior y obtiene el título de ambas instituciones. Trabajamos principalmente con universidades de Brasil, Portugal y Colombia.

Hay experiencias en Ingeniería Química, Ingeniería en Alimentos, Ciencias Forestales, Biología, Enfermería y distintos posgrados. Incluso nuestra Escuela Agrotécnica de Eldorado mantiene programas muy sólidos con Francia y Brasil.

¿Cómo evolucionó la participación de estudiantes

La pandemia frenó completamente la movilidad presencial. Incluso hubo que repatriar estudiantes y docentes que estaban en el exterior. Durante ese tiempo fortalecimos la internacionalización en casa y la movilidad virtual. Cuando se reabrieron las fronteras el crecimiento fue muy importante y hoy estamos nuevamente en niveles muy altos.

El año pasado registramos más de 100 de materias cursadas por estudiantes de la Unam en universidades extranjeras entre modalidades presencial y virtual. Es un volumen muy significativo para nuestra institución.

¿Qué les cuentan los estudiantes cuando regresan?

Siempre hacemos encuestas y prácticamente todos coinciden en que la experiencia les cambió la vida. Hablan de crecimiento académico, pero también personal. Aprenden a desenvolverse en otras culturas, desarrollan autonomía, fortalecen habilidades sociales y adquieren competencias que hoy el mercado laboral valora muchísimo.

¿Esas experiencias también transforman a la universidad?

Sí. Los docentes vuelven con nuevas metodologías, nuevos contactos y proyectos de investigación. Los estudiantes regresan con otra mirada del mundo y eso impacta directamente en las aulas. La internacionalización no beneficia solamente a quien viaja; termina enriqueciendo a toda la institución.

La Unam también recibe estudiantes extranjeros.

Claro. Es un proceso recíproco. Así como nuestros estudiantes viajan, también recibimos jóvenes de otros países que cursan aquí. Esa convivencia enriquece muchísimo la vida universitaria.

¿Qué desafíos vienen por delante?

Seguir ampliando las oportunidades. El contexto económico hace que conseguir financiamiento sea cada vez más difícil, por eso apostamos fuertemente a fortalecer tanto los programas internacionales financiados como las modalidades virtuales. Nuestro objetivo es que cada vez más estudiantes puedan tener una experiencia internacional durante su formación.

¿Qué le dirías a un estudiante que duda en postularse?

Que se anime. Quienes participan siempre quieren volver a hacerlo. Más allá de los aprendizajes académicos, son experiencias que transforman la forma de mirar el mundo y dejan herramientas que acompañan toda la vida profesional. 

 

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