Emplea a 130 personas y se teme un deterioro mayor en la economía local
Operarios del aserradero Linor mantienen vigilia ante eventual cierre
La empresa maderera Linor SRL -de Azara- está en crisis terminal y los operarios ingresaron ayer al interior del aserradero aguardando conocer qué pasará con sus empleos. El posible cierre golpea de lleno a 130 trabajadores y de forma indirecta, a unas 600 familias.
Para una población en torno a 5.000 habitantes, el cierre del único aserradero puede tener un efecto muy duro, como plantean los propios trabajadores acostumbrados a realizar la misma tarea desde hace más de dos décadas en la única empresa maderera que ahora está con severa crisis.
Al pasar las horas de ayer, la incertidumbre fue en aumento. “Hoy fueron todos a presentarse a trabajar y están ahí. Adentro de la empresa no hay nada para hacer y hasta ahora nadie les comunicó nada. Nos habían dicho de parte de la empresa que hoy -por el martes- iban a presentar el escrito de desvinculación, pero hasta ahora no hay nada”, afirmó Agustín Báez, secretario general del Sindicato de Obreros de la Industria Maderera de Posadas (Soimp).
Para el gremio, la permanencia de los trabajadores en la planta no es negociable. Al presentarse a cumplir su jornada laboral en el primer día hábil tras el feriado y las vacaciones, el tiempo corre a su favor en términos legales. Cada hora allí dentro cuenta como jornada trabajada y deberá ser abonada por una patronal que ya arrastra un pesado historial de deudas, que son dos meses de sueldos atrasados y saldos pendientes por las propias vacaciones.
Maniobras de la empresa
La desconfianza no nació hoy. Días atrás, en una maniobra nocturna y a espaldas del personal, la empresa intentó retirar parte de sus activos logísticos y de producción. El movimiento fue detectado a tiempo y, bajo la presión gremial, la firma se vio obligada a devolver las maquinarias que pretendían resguardar fuera del establecimiento.
Desde los últimos días, el predio es custodiado por los operarios como garantía de cobro. En ese sentido vigilan el capital recuperado, como el caso de la maquinaria de producción, tres camionetas utilitarias y dos vehículos de doble cabina pertenecientes a Linor.
El blindaje legal para los trabajadores llegó de la mano de una rápida acción preventiva del equipo jurídico del Soimp, que se anticipó al colapso inminente.
Báez confirmó que una jueza ya dictó una medida cautelar. La resolución dispuso la prohibición de no innovar, es decir se ordenó que no se toque ni se traslade ninguna máquina del predio.
A su vez, se fijó un embargo por un monto de 80 millones de pesos sobre los bienes de la empresa para garantizar los futuros pagos e indemnizaciones.
“Esto es algo que nosotros fuimos adelantando porque, previo al comunicado de la empresa de que no iba a seguir, nuestro abogado ya entendía que estas cosas podían pasar. Ganamos tiempo y hoy ya tuvimos respuesta de la Justicia”, detalló el dirigente con alivio, aunque consciente de que la batalla recién comienza.
Contención social
Mientras la burocracia empresarial estira la agonía sin entregar los telegramas individuales prometidos, el sindicato Soimp, en conjunto con la Obra Social del Personal de la Industria Maderera (Ospim) y la Unión de Sindicatos de la Industria Maderera de la Argentina (Usimra), montó un esquema de contingencia.
Durante todo el fin de semana y el lunes feriado por el 25 de mayo, se asistió a las familias de los operarios con módulos alimenticios. Es que dos meses sin cobrar dejó a una posición muy incómoda a todo el personal.
La prioridad absoluta, repiten desde el Soimp, es mantener la dignidad y el sustento de quienes hoy custodian su propio futuro entre paredes vacías.
Situación de la empresa
El conflicto de Linor abrió el debate en la comunidad sobre cuáles fueron las verdaderas causas que llevaron a la maderera de Azara a este callejón sin salida. La pregunta es si fue solamente un problema de crisis macroeconómica nacional o impericia interna. Para Báez, la respuesta no es lineal, pero tiene un componente local ineludible.
El secretario general derribó las justificaciones corporativas apelando al testimonio más honesto que tiene una fábrica, el de sus obreros. “Había comentarios en la sociedad de si esto era una mala administración o una cuestión del contexto nacional. Son un poco las dos cosas, pero la mala administración existió. El trabajador es el testigo diario; ellos saben perfectamente cuándo la mano viene complicada y cuándo no. Y en Linor, las cosas marchaban bien. Hay que hablar con los trabajadores para entender la verdad”, observó.
A la espera de que las cartas sobre la mesa definan el destino de decenas de familias de Azara, los obreros de Linor permanecen en sus puestos. No producen madera, pero sostienen con el cuerpo el derecho a su trabajo y a una indemnización justa. La incertidumbre sigue flotando en el aire, pero ahora, al menos, la Justicia ha puesto un candado provisorio para que el patrimonio no se evapore.
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