Necke Da Silva negó haber matado a Nazareno Faeir y acusó a otros hombres de estar implicados
¿Levi Necke Da Silva mató a Nazareno Adrián Faeir? Es la pregunta que la Justicia intenta responder en el juicio oral y público que comenzó en el Tribunal Penal Uno de Oberá. Por ahora, las únicas certezas son tan dolorosas como brutales: la víctima recibió dos disparos de arma de fuego, uno en la cabeza y otro en el abdomen, heridas que le provocaron la muerte prácticamente en el acto aquella noche del 16 de marzo de 2024 en Fracrán; y que Nacha (como lo conocían) era un joven trabajador y padre de una beba que había nacido apenas poco más de cuatro meses antes del crimen. Fue abordado de manera salvaje en su propia casa y, según surge del testimonio de quien era su pareja, Rocío Maribel Dos Santos, Nazareno alcanzó a forcejear con el atacante mientras intentaba mantenerla a salvo, tanto a ella como a la pequeña, dentro de la habitación. Segundos después los balazos cegaron su vida para siempre y el asesino huyó, sin posibilidad de ser reconocido.
El debate comenzó además con demoras, luego de que al inicio de la jornada existiera un intento de admitir la culpabilidad y avanzar con un juicio abreviado por parte del imputado. Sin embargo, la familia de Nazareno se negó a esa posibilidad y pidió que el proceso continúe bajo la modalidad de juicio oral para intentar esclarecer completamente lo sucedido.
En el banquillo de los acusados se encuentra Levi Necke Da Silva (31), alias "Brasilerito", y único imputado por el crimen. Sin embargo, este miércoles sorprendió con una declaración explosiva en la que, asistido por una traductora, se proclamó inocente, aseguró que aquella noche estaba durmiendo en su casa de San Pedro y apuntó directamente contra otros tres hombres, conocidos entre sí y vinculados -según sus dichos- a distintos hechos delictivos cometidos en la zona.
Ante los jueces Horacio Paniagua, Ezequiel Milicich y Jorge Villalba -subrogante-, y bajo la acusación impulsada por el fiscal Juan Pablo Fernández Rissi, Brasilerito mencionó a Sergio Omar Da Silva, Santiago Espíndola y Agustín Correa. No brindó precisiones, pero dejó entrever que los tres tuvieron que ver en el hecho o saben quién es el autor del crimen, pero que él no lo hizo.
Según su versión, los citados integraban una banda dedicada a dar 'golpes' contra productores y colonos de la zona, vinculada al robo de tabaco, de motos, utilización de armas y comercialización de autopartes. Incluso fue más allá y sostuvo que policías de San Vicente formaban parte de ese entramado ilegal, encubriendo o comprando cosas robadas. En ese tramo de su declaración, apuntó directo, sobre todo, a la figura de Da Silva y Espíndola, afirmando que andaban armados. También deslizó que Da Silva es una especie de cabecilla de esa supuesta estructura delictiva que operaba en la zona y que "todos lo conocen a Da Silva, saben quién es, cómo se maneja y que acá estoy hablando con la verdad", apuntó.
En ese contexto es donde aparece Nazareno, quien -siempre de acuerdo a la versión expuesta durante el debate- terminó convertido en víctima porque la banda pretendía robar la motocicleta tipo cross que había adquirido hacía muy poco tiempo y que, según trascendió en el juicio, se la habían robado pocos días antes.
Según Brasilerito, fueron esos mismos hombres quienes aquella noche le propusieron ir a buscar la motocicleta y él decidió no acompañarlos. También negó haberse dedicado alguna vez a la venta de tabaco, como sostuvo Da Silva al declarar que le fue intermediario en la compra de 400 kilos y explicar de esa forma cómo lo conoció. El acusado insistió en que la noche del crimen se quedó en su casa en San Pedro, que no salió, por lo que -dijo- no entender "cómo es que se dice que mis huellas estaban en la escena".
También denunció que en su teléfono celular estaban almacenadas las pruebas que podrían demostrar su inocencia e incluso podría saberse por medio del barrido digital de la antena de telefonía en la zona, que estaba en su casa, aunque aseguró que el aparato desapareció, y bajo esa línea defensiva, sostuvo que intentan involucrarlo en un crimen que no cometió.
Si bien admitió contar con antecedentes penales en Brasil por narcotráfico, tentativa de homicidio y asaltos, además de haber escapado de ese país para radicarse en Argentina, afirmó que buscaba rehacer su vida, motivo por el cual rechazó, insistió, la propuesta de Dos Santos de ir a buscar la motocicleta de Faeir. "Me están acusando de algo que no hice", lanzó, en un testimonio que alteró el clima en la sala.
Los apuntados eran testigos
La tensión aumentó todavía más cuando los mismos hombres señalados por el imputado se sentaron, uno a uno, frente al tribunal para declarar como testigos. Allí comenzaron a surgir contradicciones sobre qué hicieron aquella noche, con quiénes estuvieron y dónde se encontraban.
Sergio Omar Da Silva declaró que en ese entonces se dedicaba a la compra de tabaco y que conoció a Levi Necke porque éste actuó como intermediario en una operación de unos 400 kilos. Según relató, aquel día Necke le escribió para decirle que tenía tabaco en San Pedro y hasta allí fue junto a Santiago Espíndola en una camioneta vieja. Dijo que en el lugar compraron la mercadería, la cargaron y que permanecieron allí no más de media hora.
En ese contexto, Da Silva aseguró que Necke le preguntó si conocía a Nazareno y si sabía si tenía una motocicleta. Respondió que sí lo conocía, aunque no sabía si tenía moto. Luego, según su versión, el brasileño le pidió que lo llevara hasta la casa de Faeir porque quería esa motocicleta (una Honda Tornado) y advirtió que, si Faeir no se la entregaba, "lo iba a matar”. Da Silva sostuvo que no le dio importancia a esa amenaza y que finalmente Necke se puso de acuerdo con Espíndola para que éste lo acercara, ya que él no tenía cómo hacerlo. También afirmó que Necke tenía dos armas de fuego y que les había contado que había salido de prisión.
Sin embargo, varios puntos de su relato chocaron luego con las declaraciones de los demás testigos. Da Silva negó que Espíndola se hubiera quedado a dormir en su casa aquella noche, pese a que el propio Espíndola sostuvo bajo juramento que Correa lo llevó hasta allí y que efectivamente pasó la noche en esa vivienda. Incluso afirmó que Da Silva no estaba en la casa y que no lo vio ni esa noche ni la madrugada.
Otra contradicción apareció alrededor del aviso sobre el crimen. Da Silva aseguró que Agustín Correa lo llamó por teléfono para contarle que "el brasileño mató a Faeir". Pero Correa dio una versión inversa y declaró que Da Silva llamó a Espíndola para avisarle del homicidio cuando ambos iban camino a la casa. Es decir, cada uno ubicó al otro como la persona que transmitió la noticia del asesinato.
También hubo diferencias respecto del idioma que hablaba Da Silva, un dato relevante porque la pareja de Faeir, sobreviviente del ataque, declaró que el agresor habló en portugués durante todo el hecho. Da Silva minimizó su conocimiento del idioma y aseguró que apenas hablaba "unas palabras". Correa, en cambio, afirmó que Da Silva "habla más en portugués que en castellano".
Por su parte, Correa declaró que aquella tarde estuvo en una estación de servicio junto a Santiago Espíndola, Sergio Da Silva y Necke, donde tomaron una gaseosa. Dijo que más tarde, mientras llevaba a Espíndola, éste recibió una llamada de Da Silva avisándole sobre el crimen. Después de eso, aseguró, se fue a su casa y no volvió a hablar con nadie sobre el tema. También indicó que escuchó comentarios de que andaban armados, aunque afirmó no haber visto armas personalmente.
Espíndola, en tanto, dio una versión distinta en varios aspectos. Declaró que aquella tarde solo estuvo con Correa tomando una gaseosa y que luego le pidió que lo llevara hasta la casa de Da Silva, donde aseguró haberse quedado a dormir. Negó haber tenido armas de fuego, negó haber hecho negocios con Necke y afirmó que ese día ni siquiera lo vio. Esa declaración contradijo directamente a Da Silva, quien había dicho que ambos viajaron juntos a San Pedro para comprar tabaco y que incluso acordaron trasladar a Necke hasta la casa de Faeir.
Fue justamente sobre esas inconsistencias que el acusado construyó gran parte de su defensa. Los señaló como mentirosos y sostuvo que intentan responsabilizarlo para despegarse ellos mismos de lo sucedido "porque acá estoy solo, no tengo a nadie, ni familiares, ni visitas y hace tres años estoy preso". Incluso afirmó sentirse condenado de antemano por no contar con los recursos económicos suficientes para afrontar su defensa particular, encabezada por el abogado posadeño Humberto Gales, mientras las personas a las que apuntó continúan en libertad.
Durante toda la jornada, tanto los jueces como el fiscal mantuvieron una postura incisiva, con repreguntas permanentes y pedidos de precisiones cada vez que detectaban inconsistencias o zonas oscuras en los relatos. La sensación que dejó el debate es la de estar frente a un rompecabezas complejo, cuyas piezas todavía necesitan encajar perfectamente a fuerza de evidencia para que pueda existir un dictamen claro sobre lo ocurrido aquella madrugada en Fracrán.
Pedido de justicia en medio de la angustia
Todo ese intercambio de versiones fue seguido atentamente por los familiares de la víctima, que estuvieron presentes durante toda la jornada en la sala de debates. En silencio, visiblemente afectados y por momentos quebrados, escucharon cada una de las declaraciones mientras intentaban reconstruir qué ocurrió realmente aquella noche. Además, debieron soportar la exposición de detalles sensibles sobre el ataque y la escena del crimen que, hasta el momento, desconocían.
Para los allegados de Nazareno, esas contradicciones refuerzan la sospecha de que Levi Necke no actuó solo. Consideran que todavía quedan muchas preguntas sin respuesta y que varios de los relatos escuchados ante el tribunal dejaron más dudas que certezas sobre lo sucedido antes y después del homicidio.
Por eso, mantienen expectativas sobre la segunda audiencia prevista para el viernes a las 8.30, cuando se espera la declaración de tres peritos que participaron de la autopsia y de las pericias realizadas en la escena del crimen. La familia espera que esos testimonios aporten nuevas precisiones y elementos que permitan esclarecer completamente el caso.
"Queremos que se haga justicia", fue la frase que se repitió entre los familiares al término de la jornada judicial, todavía conmocionados por todo lo escuchado durante el debate, que se completó con los testimonios del papá de Nazareno, Leonardo Faeir, quien admitió haberse enterado por parte de su propio hijo de la compra de la moto pero que no estuvo de acuerdo porque ésta no tenía papeles. "Era un buen chico, trabajador, no tenía problemas con nadie", declaró.