2026-04-22

Prevén iniciar ensayos clínicos este año en la provincia

“La ciencia requiere constancia, resiliencia y enfrentar frustraciones”

El científico Edgardo Salvatierra coordina investigaciones en cáncer en las instituciones del Parque de la Salud, con foco en mejorar diagnósticos, optimizar tratamientos y aplicar la genómica en el sistema sanitario

Nacido en Córdoba y con una historia marcada por traslados familiares desde chico, Edgardo Salvatierra (49) encontró en la Genética una forma de responder preguntas que lo acompañaban desde temprano. Se formó como genetista en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de Misiones (Unam), donde inició un recorrido que con el tiempo se consolidó en más de dos décadas de trabajo en biología molecular y celular, con especialización en genómica aplicada e investigación en cáncer.

A lo largo de su trayectoria desarrolló su carrera en el ámbito público y privado, tanto en Argentina como en el exterior, con experiencias vinculadas a terapia génica, crecimiento celular y estudios orientados a comprender el origen de las enfermedades. Ese recorrido, atravesado por el trabajo con distintos equipos científicos, le permitió integrar investigación básica con aplicaciones concretas en salud.

Su regreso a Misiones se dio en 2023, en un contexto marcado por dificultades para sostener desarrollos científicos en el país, especialmente por limitaciones en el acceso a insumos clave para estudios de salud. Con un vínculo previo con la provincia, decidió radicarse nuevamente en Posadas, donde encontró la posibilidad de impulsar proyectos y aportar su experiencia en un escenario en crecimiento.

Actualmente coordina el área de Investigación en el Parque de la Salud, donde lidera líneas de trabajo vinculadas al cáncer, con foco en diagnósticos más precisos, estudios clínicos y medicina personalizada. Su tarea también apunta a articular equipos, fortalecer la investigación local y promover que el conocimiento científico tenga impacto directo en el sistema sanitario.

En diálogo con El Territorio, contó cómo fue su camino en la ciencia, el lugar que ocupa la curiosidad en su formación, los desafíos de sostener la investigación en el país y la etapa que atraviesa hoy en Misiones, donde busca consolidar una agenda científica con aplicación concreta en salud.

¿Por qué eligió estudiar Genética?

La Genética vino, primero, por una cuestión de curiosidad. Siempre fui muy curioso y me gustó entender cómo funcionan las cosas. Me interesaba también la ingeniería, armar cosas, pero en la biología todo es más complejo, en el sentido de que la vida no es algo simple, sino que tiene muchos niveles y requiere ir más a fondo para poder comprenderla.

Después también hubo algo personal. Mi papá era huérfano y no conocía a su familia, y en esa búsqueda de los ancestros, en la búsqueda de saber de dónde vengo, terminé llegando a la Genética. Eso es algo que entendí con el tiempo, incluso después de muchos años de terapia, porque originalmente no lo había pensado de esa manera.

De hecho, mis compañeros de la secundaria me dicen que, cuando me conocieron a los 12 o 13 años, yo ya decía que iba a ser genetista. Estamos hablando de una época en la que casi no existía la carrera y nadie lo entendía, pero ellos siempre me lo recuerdan, aunque yo no lo tuviera tan presente. Nací en Córdoba, pero por el trabajo de mi papá en la Fuerza Aérea hice la primaria en Río Gallegos y la secundaria en Rosario, donde viví solo; después vine a Misiones a estudiar Genética y, a la vez, mi familia también decidió mudarse.

¿Cómo nació esa chispa por investigar?

El investigar es la curiosidad. Yo creo que la gran mayoría de los científicos tienen, o deberían tener, una curiosidad que no se termina. Es esa necesidad de entender cómo funcionan las cosas y de seguir hasta lo último para saber algo. Hay también algo de persistencia, de estar todo el tiempo intentando, incluso con cierto nivel de obsesión. Pero, principalmente, es la curiosidad, casi infantil, de querer entender.

¿Cómo ve hoy la relación entre la ciencia y los jóvenes?

Creo que hoy es un poco más complicada la relación de la ciencia con los jóvenes. Cambió la forma en que las nuevas generaciones ven las cosas, y la ciencia tiene algo que no siempre es compatible con eso: requiere mucho tiempo, mucha constancia, resiliencia y enfrentar frustraciones.

Uno puede tener una idea, trabajarla muchas veces y que no funcione, y hay que volver a intentarlo, corregir, probar de otra manera. Eso no siempre se ve desde afuera. Sí se ven los resultados, porque en los últimos años hubo una gran difusión de la ciencia y de sus beneficios, pero no tanto el proceso que hay detrás.

En ese sentido, creo que la juventud tiene un doble escenario. Por un lado, está más expuesta a la ciencia y se acerca con interés, con ganas de investigar. Pero, por otro, vive en una lógica más inmediata, más resultadista, que a veces choca con los tiempos que requiere la investigación.

En ese contexto, ¿cree que el panorama nacional influye?

Sí, influye bastante. Puede influir en la decisión de entrar al área científica, pero sobre todo influye en sostenerse en el tiempo, en quedarse. El sistema científico en Argentina está muy apoyado en las políticas públicas, principalmente a nivel nacional, y cuando eso se retrae, impacta directamente en quienes están formándose o ya están dentro.

Muchas veces la investigación se considera una función de lujo, como algo que se hace cuando ya están resueltas otras necesidades, pero no siempre es así, porque igual hay que investigar. Hoy ese retraimiento del Estado nacional perjudica a la ciencia, aunque también hay provincias como Misiones que están tomando la decisión de impulsar y organizar la investigación desde lo local, enfocándose en sus propias necesidades. Por eso, el escenario termina siendo mixto.

¿Cómo fue su recorrido profesional después de recibirse?

Terminé de cursar en 1999 y en 2000 empecé a trabajar en Buenos Aires. Fui a buscar trabajo con la idea de dedicarme al ciclo celular, a entender cómo las células crecen y se dividen, que era lo que más me interesaba.

Empecé a trabajar en el área de terapia génica en cáncer, en un instituto muy importante en ese momento. Hice mi tesis de grado y mi doctorado con Osvaldo Podhajcer, y a partir de ahí fui aprendiendo todo lo relacionado con cómo las células crecen, se dividen y qué pasa en el contexto del cáncer.

Siempre trabajé en esa área, más que pensando en la cura, tratando de entender cómo una célula normal deja de serlo, se vuelve maligna y no respeta las reglas del organismo. Entendiendo eso, después se pueden pensar estrategias o tratamientos.

Después de varios años de trabajo, me fui a Chile, donde estuve cuatro años en la Universidad Adolfo Ibáñez. Ahí trabajé en la búsqueda de marcadores moleculares en cáncer y en el desarrollo de moléculas con posible efecto antitumoral, incluso a partir de plantas.

¿Qué le permitió ver esa experiencia en Chile?

Esa experiencia me permitió ver otra forma de vincular la ciencia con otros sectores. Trabajaba con científicos, pero también con personas del mundo empresarial, lo que me hizo entender mejor qué se necesita para que un desarrollo científico llegue a convertirse en algo aplicable. También me hizo ver que hay una brecha grande entre lo que se desarrolla en el laboratorio y lo que llega a la población. Muchas veces ese paso lo hacen las empresas, y si la ciencia queda sólo en el laboratorio, es difícil que se transforme en un tratamiento concreto.

¿Cómo es el proceso para que un desarrollo científico llegue a convertirse en algo aplicable?

Eso tiene toda una etapa posterior al laboratorio. Después de la investigación, intervienen -por ejemplo- las farmacéuticas con sus investigadores, pero también todo lo que tiene que ver con regulaciones y leyes que se deben cumplir.

Todo lo que uno desarrolla está muy regulado. Hay normas a nivel local, nacional e internacional, y no todo se puede hacer ni todo está permitido. La ciencia tiene cierta libertad para explorar, pero siempre dentro de un marco. Además, esos marcos van cambiando porque también cambian los criterios éticos.

Hubo un momento en el que dejé de hacer investigación activa y me dediqué más a analizar datos y publicar. En ese tiempo, de manera bastante casual, tenía una guardería de mascotas en Buenos Aires y empecé a notar ciertas cosas en los animales, como posibles lesiones o tumores.

A partir de eso, la gente empezó a preguntarme si existían test genéticos para animales. Yo venía trabajando toda la vida con genética en humanos, y ahí surgió la idea de que, en definitiva, todas las cosas vivas tienen genes. Entonces empecé a desarrollar o adaptar test genéticos de enfermedades humanas para aplicarlos en mascotas.

A partir de esas experiencias, se armó un laboratorio en conjunto con un médico que trabajaba en nutrigenética y una veterinaria que se dedicaba a la clonación de caballos. Ahí se desarrollaba tanto la parte de genética veterinaria como la humana. Después me fui enfocando más en genética humana, pero nunca dejé de investigar, porque seguí trabajando en colaboración y en el análisis de grandes volúmenes de datos genéticos.

¿Qué lo llevó a regresar a Misiones?

En 2023 hubo problemas con la importación de reactivos y no pude entregar resultados a una familia que los necesitaba para sus hijos. Fue una situación muy fuerte, porque no era que no pudiera hacerlo, sino que no tenía los insumos en el país. Ese momento fue determinante y tomé la decisión de cerrar todo e irme.

A eso se sumaban cuestiones personales. En ese tiempo conocí a mi pareja, que también estaba en una situación similar, con la idea de irse del país. Yo ya había tenido experiencias afuera y no tenía ganas de irme, pero sentía que me iba por bronca, por no poder desarrollarme después de tantos años de formación. En ese proceso apareció Misiones como posibilidad. Decidimos venir sin un plan definido, a ver qué se podía hacer.

¿Cómo se dio su incorporación al Parque de la Salud y qué implica hoy su trabajo allí?

A fines de 2024 me ofrecieron coordinar el área de investigación del Parque de la Salud, en un momento en el que la Provincia decidió empezar a organizar la investigación clínica, especialmente la orientada a estudios en humanos. Yo seguía en contacto con equipos de Buenos Aires, trabajando en cáncer y terapia génica, y se dio la posibilidad de asumir ese rol.

El Parque tiene muchas instituciones, pero la investigación no es la función principal. En los hospitales, lo primero es lo asistencial, después la docencia y recién en tercer lugar la investigación. Entonces, como no atiendo pacientes, puedo dedicarme específicamente a coordinar y desarrollar esa área.

En ese marco, junto al doctor Gabriel Rabinovich, se planteó el desarrollo de un laboratorio en cáncer, en el área de oncoinmunología, con la idea de generar investigación con aplicación concreta. Se apunta a una investigación traslacional, es decir, trabajar sobre problemas locales y frecuentes, como el cáncer de cuello de útero, que en la provincia tiene mayor prevalencia.

La idea es primero entender por qué ocurren esas patologías, qué está pasando a nivel biológico, y a partir de ahí pensar posibles estrategias o tratamientos. Todo esto desde un enfoque local, pero en equipo, con profesionales del Parque y también con otros actores.

¿En qué etapa se encuentra hoy?

Estamos en una etapa de organización y puesta en marcha. El laboratorio está terminándose de construir, ya se compró gran parte del equipamiento y empezamos a generar colaboraciones con otros equipos, porque en ciencia nadie trabaja solo.

También estamos trabajando en todo lo que tiene que ver con regulaciones, capacitación del personal de salud y control de calidad, porque para hacer investigación clínica se necesita cumplir estándares muy estrictos.

¿Qué objetivos tienen a corto plazo en la provincia?

El objetivo es que en el próximo año el laboratorio esté funcionando y que haya una estructura de investigación más ordenada, con líneas claras y sostenibles en el tiempo. También se apunta a que todo esté orientado hacia problemas concretos y con una dirección definida. En ese marco, probablemente este año comiencen algunos ensayos clínicos en la provincia. Eso implica que se cumplieron muchas exigencias previas, porque no cualquier lugar puede llevar adelante ese tipo de estudios. El foco principal está en el cáncer, porque es un área donde hay mucha investigación a nivel mundial y donde cada caso es distinto desde el punto de vista genético. Eso hace que sea necesario investigar más en profundidad.

¿En qué línea de investigación están trabajando actualmente?

Ahora estamos empezando a trabajar particularmente en cáncer de cérvix, buscando entender el perfil inmunológico de las pacientes. Es decir, ver cómo están funcionando las células del sistema inmune, como los linfocitos, que en condiciones normales deberían reconocer y eliminar células anormales.

En casi todos los tumores, y especialmente en este tipo de cáncer, en algún momento las células tumorales logran evitar ese control. El sistema inmune deja de eliminarlas porque el tumor encuentra mecanismos para “engañarlo”. En ese sentido, hay líneas de trabajo como las del doctor Gabriel Rabinovich, que estudian moléculas como la galectina 1, que los tumores utilizan para frenar la respuesta del sistema inmune. Entender ese proceso permitiría pensar en estrategias para que el sistema inmune vuelva a reconocer y atacar a las células tumorales.

¿Qué papel cumple la ciencia en la comunidad?

El papel de la ciencia es generar nuevos desarrollos y hacer posible la tecnología que se va a usar en el futuro. La ciencia aporta certezas y abre la posibilidad de desarrollar nuevos tratamientos y nuevas formas de abordar las enfermedades. También permite mejorar lo que ya existe, haciendo que los tratamientos sean más específicos y más adecuados para cada persona, en función de sus características.

Perfil

Edgardo Salvatierra
Científico
Genetista de la Unam y doctor por la UBA, tiene más de 20 años de experiencia en genómica aplicada, biología molecular y medicina personalizada. Trabajó en el ámbito público y en el privado, en el país y el exterior, y hoy coordina investigación en el Parque de la Salud de Misiones.

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