Fue diagnosticado con el síndrome de Guillain-Barré
Caer, levantarse y seguir: la historia que transformó la vida de Genaro Báez
Cuando tenía 19 años y su carrera como jugador de rugby empezaba a crecer, Genaro Báez fue diagnosticado con el síndrome de Guillain-Barré y todo cambió en cuestión de horas. Sus días, que giraban en torno al deporte, la facultad, su familia y sus amigos, se transformaron en una lucha constante por intentar recuperarse de un trastorno poco frecuente que lo dejó sin poder caminar durante mucho tiempo.
Hoy, luego de cinco años de aquel momento que lo tuvo al borde de la muerte y de un proceso de rehabilitación, Genaro realiza una vida casi normal. Tiene nuevos objetivos y ve la vida de una manera distinta. Disfruta de las pequeñas cosas, de los momentos cotidianos y de la familia.
¿Qué es el Guillain-Barré?
Es una enfermedad que ataca la parte neuromuscular del cuerpo. Es la parte del cerebro que controla los músculos. El Guillain-Barré te ataca los nervios, eso es muy doloroso. A mí la enfermedad me agarró en mayo de 2021 y recién en octubre de ese año pude volver a comer. Cuando volví a comer comía de todo, era todo más rico. Justamente tenía que comer mucho para volver a darle nutrientes a mi cuerpo. El 2022, cuando ya había pasado un tiempo desde mi internación, fue un año que terminé muy alegre porque Argentina ganó el Mundial. Ese fin de año yo me movilizaba con andador y el día que salimos campeones fui a la Costanera y me animé a ir con muletas, eso representó un gran paso en mi rehabilitación. Yo me había puesto esa meta.
¿Cómo son los tiempos de recuperación?
Lo que tiene el Guillain-Barré es que no hay un tiempo estimado para la recuperación. Es todo a medida de cómo yo me vaya sintiendo y vaya mejorando. Al siguiente año, en el 2023, estuve muy estancado en cuanto a esa recuperación. Pase de la silla de ruedas al andador, después a las muletas, al bastón y ahí me estanqué. En ese 2023 comencé como entrenador del equipo de rugby de Primera de Centro de Cazadores junto con mi papá, entonces dejé un poco de lado mi rehabilitación.
¿Qué recordás de esa experiencia de pasar de ser jugador a entrenador con tu padre?
Esa oportunidad de trabajar juntos era un sueño. Tuvimos un gran año en cuanto a lo deportivo, fue muy intenso. A fines de ese 2023 me propuse dejar el bastón que era lo último que me faltaba para poder volver a caminar sin ayuda y lo logré. Me caí varias veces, me lastimé, pero ese era mi objetivo. No fue algo muy lineal. A veces los kinesiólogos no me lo decían, pero yo me mandaba igual.
¿Cómo es adaptarse a eso de volver a moverte solo, sin la ayuda de nadie?
Siempre digo que es como volver a aprender a caminar, pero de grande. Una persona ‘normal’ no piensa cómo caminar, simplemente lo hace. Yo para volver a hacerlo tenía que pensar en el momento de levantar el pie y perdía el foco de lo que estaba pensando. A veces estaba caminando con amigos y me olvidaba de pensar cómo hacerlo y surgían los tropezones que me hacían recordar que tenía que pensar en cómo caminar. Entonces tengo que pensar cuando camino, ahora me pasa menos. Muchas veces las veredas y las calles no ayudan porque no están en buen estado, ni hablar de la gente que tiene que moverse en silla o con andador.
Pudiste ver esa parte también, de cómo se adapta o no la ciudad a las personas con discapacidad…
Sí, yo me dejé de quejar cuando empecé a jugar al básquet adaptado con los chicos de Luz y Fuerza. Ver esos casos de cómo se les complica moverse por las avenidas en silla de ruedas para ir a entrenar me hizo dar cuenta de que yo no me podía quejar de nada. Lo mío no es para tanto. Si no estás en ese ambiente no te das cuenta, pero no es culpa de nadie. No se tiene mucha conciencia acerca de la necesidades que tienen las personas con discapacidad. Otra cosa de la que me di cuenta es de que al único club de rugby al que yo podía entrar sin problemas es a Lomas, porque tiene una rampa con una bajadita, una entrada acorde. La mayoría de los clubes no están preparados para personas con discapacidad. Y eso se replica en todos lados. La vida de un discapacitado es una vida difícil. Ni hablar de las dificultades con las obras sociales y los medicamentos.
¿Siempre tuviste claro el objetivo de recuperarte?
Mi objetivo, en ese momento y ahora, es más que nada ser independiente. Poder manejar, hacer mi vida normal. Tengo licencia de conducir, salgo a comer con mi amigos. Yo quería tener eso: una vida social normal. Estoy yendo a la facultad. En el Montoya estoy estudiando para ser locutor nacional, una carrera que me arrepiento de no haberla comenzado antes.
¿Y cómo te va con eso, también te metiste un poco en el mundo de los ‘influencer’?
Estoy cursando el segundo año, ya me van surgiendo algunas changas, es algo que me gusta. Cuando tenía 18 años estaba entre estudiar psicología o locutor nacional, dos rubros totalmente distintos. Siempre me llamó la atención la conducción de eventos, los streamings, siempre fue un rubro que tuve presente. Cuando me pasó lo del Guillain-Barré estaba estudiando psicología. Ya pasaron varios años de eso, desde que volví a nacer.
¿Cómo ves hoy, con el paso de los años, lo que te pasó,?
Es algo complicado. Primero surgieron las preguntas de por qué me pasó a mí. Muchas preguntas. Recién el año pasado pude entender que soy una persona que tiene mucha confianza en sí mismo y esa confianza a veces me hacía caer en ser soberbio. Estaba en un momento en el que me estaba yendo bien como jugador de rugby, tuve reconocimientos y en algunas cosas era soberbio A veces recuerdo cosas o comentarios que hacía y digo ‘qué pelotudo…’ cómo iba a decir eso. Era un pendejo, estaba en ese ambiente. Hoy mi frase de cabecera es ‘si Dios destruye tus proyectos es porque tarde o temprano esos proyectos te iban a destruir a vos’. No sé si estaba yendo por un buen camino o no, pero creo que no. No tenía muy buena relación con mis viejos, con mis hermanos. Ahora estoy mucho más conectado con mi familia, con ese vínculo. Maduré mucho en este tiempo, mis amigos me dicen ‘el pastor’.
¿Cómo es tu vínculo con la fe?
Soy católico. No voy mucho a la iglesia pero tengo muy buena relación con el padre Daniel, que fue uno de los que me acompañó cuando estaba en terapia intensiva. Ahí tuve la aparición de la Virgen y de Dios. Yo estuve en coma inducido durante 29 días. En el medio de esos días es como que estás soñando, pero creo que algo de conciencia tenés porque cuando me desperté yo me acordaba de los nombres de algunos kinesiólogos y de enfermeras que me atendían. Uno de esos días hubo un parate, como una escena de Harry Potter en el cielo. Ahí pude hablar con Dios. No recuerdo muy bien cómo comenzó la charla pero yo le decía que no me podía llevar, que no era mi hora, que era un pibe de 19 años y no me podía llevar. En otro de esos días, cuando estaba realmente complicado, fue que apareció el padre Daniel y habló con mis viejos. Ingresó donde estaba yo en terapia intensiva, hizo un rezo y cuando salió se subió a su auto y les dijo a mis padres que yo al día siguiente ya iba a estar bien. Se fue cansado, como si hubiera absorbido todas las malas energías, todo lo malo. Y al día siguiente efectivamente empecé a mejorar. Salí del coma y arrancó toda la parte de la rehabilitación.
¿Cómo viviste todo ese proceso de estar internado tantos meses?
Gracias a Dios tengo una familia que estuvo a mi lado. Vi mucha gente que estaba en mi misma situación y no la iba a visitar nadie, o si iban lo hacían sin realmente tener ganas, como por compromiso, con pena, con tristeza. Mi mamá cuando entraba me tiraba para adelante, me alentaba a salir de ahí. Mi papá también, era como que iba a salir a la cancha. Era una lucha todos los días. Siempre les agradezco y les digo a ellos que si no fuera por ellos y por mis amigos no sé si iba a poder. Fuimos un equipo.
Seguramente también te ayudó tu pasado como deportista
Sin dudas. Yo entrenaba de lunes a sábados, a veces hacía doble turno. Tenía muy buen estado físico, con 95 kilos. Después pasé a pesar 45, bajé 50 kilos. Yo todos los días lo tomo como un entrenamiento, como que cada segundo cuenta.
¿En qué momento estás de tu recuperación?
Hoy mi vida es prácticamente normal, rutinaria. Como la de un chico de 24 años. Voy a la facultad, tengo ese privilegio. Mis viejos y mis abuelos me ayudan. En cuanto a lo físico estoy en un 75% de la recuperación, me falta la parte de los tobillos. Recuperar el músculo que hace que levantes el pie. Después todo normal, voy al gimnasio acá cerca de casa, al de los kinesiólogos. Trato de comer bien, cambié mucho mi alimentación desde el año pasado y eso ayudó mucho a la rehabilitación. Mucha verdura, mucha fruta, mucha agua. Tomo casi 7 litros de agua por día. Se volvió algo cotidiano. Ya casi no tengo dolores, me falta eso de recuperar la sensibilidad en el pie.
Y la parte de deportista, lo de seguir jugando al rugby, ¿lo dejaste de lado?
Es algo que por ahora sí. Me ayudó mucho tener ese objetivo de volver a jugar, pero ahora está en pausa. Antes de que me pase lo que me pasó estaba a punto de ir a probarme a un club de Buenos Aires, pero por algo no pasó. Por eso estoy con la frase de los proyectos que Dios tiene para vos.
Y emocionalmente cómo la vas llevando
Me di cuenta que no me había recuperado del todo a fines del 2024. Estaba con el tema de ser entrenador, de ocupar mi tiempo pero era para esquivar lo que me pasaba. Lo pude reconocer después de mucho trabajo con mi psicóloga. Fue un trabajo largo de terapia para volver a encontrar ese sentimiento, esa adrenalina. De querer volver a hacer algo con pasión. Ir a la cancha se me empezó a hacer muy tedioso, ahora estoy alejado. Mi viejo también. Este año queremos volver a mirar los partidos. Era una presión porque cada vez que iba me preguntaban ‘¿cuándo vas a volver?’. En el momento no me daba cuenta, pero cuando volvía a casa estaba destrozado. Ese 2024 fue el peor año, sentía que no tenía un objetivo. Aprendí muchas cosas, sufrí. Pero en 2025 hubo un click en mi vida. Conocí gente nueva, empecé la carrera. Me di cuenta de que ese era el camino.
¿Le tenés miedo a la muerte?
Es un tema complicado. Creo que la muerte llega y cuando llega tiene que ser por algo. A mí no me llegó por algo. Pero no le tengo miedo, trato de vivir con ella. De que puede pasar cualquier cosa. Trato de pensar que la vida te puede cambiar en dos horas entonces tengo respeto. Por eso trato de disfrutar. Siento que los argentinos nos quejamos mucho, que tenemos una vida de sufridos y creo que tenemos que disfrutar más. Cuando tenga que pasar la muerte va a llegar, por eso trato de vivir el día a día.
¿Qué cosas consideras que son importantes en la vida?
Lo más importante para mí es la familia. Los amigos también, son parte de la familia. Pero tu familia más cercana es la que va a estar cuando las papas queman. Yo tenía muchos amigos, pero después me di cuenta de que no eran tan amigos sino personas más circunstanciales. Otra cosa importante para mí es el ritual de la comida, de juntarse a comer, de compartir. Y lo otro es el entrenamiento. No es algo que me guste, pero me gusta el resultado, entonces lo hago cotidianamente.
¿Qué le dirías a alguien que está pasando por un momento complicado de salud?
Primero que perdone y que se perdone. Yo me enojé conmigo mismo, con mi cuerpo, con mis padres. De no hacerse preguntas que no sirven de nada. El mensaje que daría es que hay que ajustarse los pantalones y afrontar lo que no pasó. No se puede volver el tiempo atrás y no sirven los lamentos. Eso trato de hablar con los chicos que entran en recuperación. Si te pasó esto es por algo. Hay que perdonar y darle para adelante. Cada segundo cuenta, hay que saber disfrutar.
Si pudieras retroceder el tiempo y cambiar lo que te pasó, ¿lo harías?
Lo dejo así como pasó. Es parte de mi historia. Tengo una cicatriz de cuando estaba en coma y me dicen si me quiero operar y les digo que no, que es parte de mi historia y no la cambiaría por nada. Estoy feliz con mi vida, cada uno tiene su tiempo y su destino, sólo hay que seguir. Si hacés las cosas bien tarde o temprano van a llegar los resultados. Cada día cuenta y hay que vivirlo como si fuera el último.
Perfil
Genaro Báez
Estudiante
Actualmente cursa el segundo año de la carrera de Locutor Nacional en el Instituto Montoya. Además, estudió psicología pero debió abandonar debido a la enfermedad. A los 19 años debutó en la Primera de Centro de Cazadores y luego fue entrenador de ese equipo y del seleccionado misionero de rugby junto a su padre.